Jueves, 19 de enero de 2017

| 2005/02/06 00:00

Armas de atracción masiva

Un nuevo estudio intenta develar el misterio de las sustancias que producen la atracción sexual: las feromonas.

Armas de atracción masiva

Se ha especulado mucho sobre las feromonas, esas sustancias que al parecer guardan el secreto de la atracción sexual. Se ha dicho, por ejemplo, que muchos perfumes vienen cargados con pequeñas dosis de los químicos. En Internet abundan páginas que ofrecen productos con supuestas feromonas para mejorar el sex appeal. Incluso, hace un par de semanas fue desclasificado un documento secreto del Departamento de Defensa de Estados Unidos según el cual el ejército de ese país consideró la posibilidad de fabricar un arma química a base de poderosas feromonas para generar una atracción homosexual incontrolable entre los soldados de tropas enemigas y así desmoralizarlas, además de desconcentrarlas de sus tareas bélicas. Más aún, en el documento, presentado por el Laboratorio Wright de la fuerza aérea de ese país, también se contemplaba la construcción de bombas que, una vez explotaran en tierra, atrajeran sexualmente animales como insectos o roedores.

Pero fuera de la especulación, durante los últimos años se ha logrado adelantar mucho en las investigaciones wsobre estas misteriosas sustancias que hasta hace poco eran desconocidas en los humanos. El más reciente avance proviene de un experimento realizado por Joan Friebely y Susan Sako, de la Universidad de Harvard, y publicado en el Journal of Sex Research. El estudio, que se llevó a cabo entre 44 mujeres posmenopáusicas de 57 años de edad promedio, probó que una pequeña dosis de feromonas aumentaba significativamente su atractivo hacia el otro sexo.

Durante dos semanas las mujeres registraron sus comportamientos sociosexuales habituales agrupados en cuatro categorías: demostraciones de afecto (caricias, besos y muestras de afecto), dormir junto a una pareja romántica, encuentros sexuales y citas románticas. Tras este período de registro básico, las mujeres aceptaron añadir a su perfume habitual cinco mililitros de la feromona Athena 10:13, que había sido originalmente aislada del sudor de la axila de una mujer fértil, y volver a registrar sus comportamientos sociosexuales durante las siguientes seis semanas. Para controlar el experimento, a algunas de ellas se les suministró un placebo.

Los resultados fueron, si no sorprendentes, al menos significativos: 68,2 por ciento de quienes usaron la feromona experimentaron un aumento en una de las cuatro categorías de comportamiento sociosexual, mientras 40,9 por ciento de las que aplicaron el placebo notaron un incremento similar. Y 40,9 por ciento de las que usaron la feromona registraron un alza sólo en la categoría de los besos, caricias y muestras de afecto, comparado con tan sólo 13 por ciento de quienes lo hicieron utilizando el placebo.



LAS SUSTANCIAS DE LA ATRACCIÓN

Las feromonas, según las definen los biólogos, son sustancias químicas que los animales -desde los insectos hasta los humanos- liberan en el ambiente para transmitir información y afectar los comportamientos de otros animales de la misma especie. Son invisibles, se transmiten a través de la orina y las glándulas apocrinas, y se perciben a través del sistema olfativo.

Las sustancias tienen varias funciones. Algunas de ellas sirven para marcar el territorio, como ocurre en las especies con machos dominantes. Un chita, por ejemplo, marca su territorio con feromonas que transportan en la orina, las cuales dan información muy precisa sobre su especie, su estatus reproductivo y su tamaño. También las hay que facilitan la comunicación entre madre y cría en el momento de amamantar y las que regulan los ciclos de fertilidad. Sobre esto último, Alan R. Hirsch, autor del libro Scentsational sex, recuerda que una estudiante de sicología descubrió en 1971 que cuando un grupo de mujeres convivía durante algunos meses, sus ciclos menstruales se sincronizaban. La estudiante siguió investigando el tema y registró que las mujeres que no tenían contacto cercano con hombres sufrían ciclos menstruales más largos mientras que las que acudían a citas románticas con frecuencia tenían ciclos más cortos. Más adelante se descubrió también que la exposición a feromonas masculinas tenía un efecto regulador en los ciclos de fertilidad de las mujeres.

Pero tal vez la función más interesante de estas sustancias es la que tiene que ver con la atracción sexual. Hoy en día es claro que actúan en los animales con el fin de que las especies sobrevivan. Una polilla gitana hembra, según le explicó a SEMANA Laura Roldán, bióloga de la Universidad de los Andes, exhala una feromona cuando está lista para ser inseminada. El químico es percibido por la polilla macho, que puede guiarse a través de grandes distancias por el olor hasta alcanzar a la hembra. Estos cortejos, que se dan en todo el reino animal, son "la cita olfatoria amorosa para conservar la especie", como le comenta a SEMANA el sexólogo Alonso Acuña.

Pero la existencia de feromonas en los humanos no era evidente hasta hace unos años. Según Acuña, la dificultad para encontrarlas se debe a que el olfato, que era muy importante en los primeros estadios de la especie, pasó a un plano inferior a medida que evolucionó la civilización y su uso fue cada vez menos necesario para la supervivencia. Sin embargo, estudios similares al de Harvard que prueban la existencia de las sustancias se vienen realizando exitosamente desde 2002.

Ese año los investigadores McCoy y Pitino realizaron una prueba con 36 mujeres fértiles a las que suministraron la feromona y el placebo en igual proporción que en el estudio de Harvard por un período de nueve semanas. Los resultados fueron que 74 por ciento de las mujeres que usaron la feromona registraron un aumento en al menos tres de las categorías sociosexuales, contra 24 por ciento de las que utilizaron el placebo.

Por supuesto, los resultados del estudio de Harvard son más modestos, entre otras razones porque las mujeres mayores buscan menos encuentros sexuales pero más muestras de afecto. Con todo, y aunque para Acuña estas investigaciones apenas están en una fase embrionaria, allanan el camino para entender mejor y especular menos sobre los comportamientos sexuales inconscientes de los humanos por las feromonas. Sí, las ferormonas existen.

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