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| 5/23/2009 12:00:00 AM

Arriba el verde

Cada vez más ciudades adoptan medidas para sembrar en sus techos césped y plantas nativas para mitigar el calentamiento global.

Desde el cielo la mayoría de las urbes se ve como un manchón terracota y gris que resalta en medio del campo que las circunda. Pero esa imagen está cambiando a medida que muchas de ellas se unen a la tendencia de tapizar con césped los techos lúgubres y fríos de sus edificios.

Esto ha sido posible gracias a un movimiento conocido como Techos verdes (Green roofs, en inglés), que busca transformar ese espacio muerto que es el techo, en uno vivo, lleno de especies vegetales y animales, encima de una estructura hecha por el hombre. No es simplemente una terraza con unas cuantas materas con flores coloridas, sino una estructura pensada para ofrecer beneficios al ambiente y a los individuos que habitan dicho espacio.

En Chicago hay más de 200 rascacielos -entre ellos la alcaldía, la tienda Apple y un McDonald's- con grandes terrazas cubiertas de todo tipo de plantas nativas, que se han unido a un programa del gobierno local que pretende incentivar las edificaciones amigables con el ambiente. Pero en Estados Unidos el movimiento está apenas tomando fuerza. En Europa el concepto está mucho más avanzado, gracias a leyes que promueven estas propuestas. Según Green Roofs for Healthy Cities, una organización que busca difundir esta tendencia, en 1994 había nueve millones de metros cuadrados construidos en Alemania, y hoy esa cifra pasa de 13 millones. La moda poco a poco se ha ido apoderando de muchos rincones: museos, hoteles, universidades, fábricas y hasta viviendas particulares han cobrado vida al reemplazar las tejas por pasto.

La idea no es nueva. El arquitecto Simón Vélez hace unos años, en una visita a Noruega, observó casas de más de 500 años cubiertas de forraje que ha protegido durante siglos a sus moradores de temperaturas frías extremas. "Me sentí muy bruto allí porque no entendía cómo no se nos ocurrió antes hacer algo tan sencillo y tan lógico", dice. Vélez ya ha hecho varias casas de campo en Brasil y Colombia con el jardín en el techo.

El beneficio más obvio es darles un aspecto natural a las ciudades. De hecho, en algunos techos siembran plantas propias del lugar y dejan que crezcan en forma casi silvestre, y sólo dejan subir al personal de mantenimiento, porque sus razones son ambientales y no recreativas. Pero también hay un atractivo adicional, el económico. Según Vélez, el techo de pasto es mucho más barato que la teja convencional y pesa menos, aun con agua. "Hay que impermeabilizar la cubierta, poner una cobija geotextil sintética que no se pudra y dé el agarre necesario a la tierra, y poner el pasto con la capa de tierra", explica. No obstante, en edificios viejos es necesario hacer cálculos del peso del jardín, que puede variar de espesor, para que no se afecte la estructura.

Ahorrar energía es una consecuencia lógica, pues la vegetación ayuda a aislar la temperatura del ambiente tanto en climas cálidos como fríos. Los ambientalistas sugieren que los techos verdes contribuyen a reducir el efecto de Urban Heat Island, como se conoce a la diferencia de temperatura entre el campo y la ciudad por el aumento de las construcciones.

Los expertos señalan que la expectativa de vida del techo verde es mayor debido a que el pasto no sufre con las fluctuaciones de temperatura como sucede con los techos planos convencionales. "Es el sol sobre el techo el que causa las grietas y los problemas de humedad", dice Vélez, quien asegura que lo único que se requiere es un buen jardinero para deshierbar.

Con el tiempo la gente le ha ido dando nuevos usos a los techos con jardín. "Algunos lo ven como un solución para que las ciudades cultiven sus propios alimentos o incluso para proteger a una especie en vía de extinción", dice Steven Peck, fundador y director de Green Roof for Healthy Cities, una entidad canadiense que promueve este tipo de iniciativas.

Las directivas del Hotel Fairmont Royal York, en Vancouver, vieron ambas oportunidades. En su piso 18, al aire libre, se estableció una huerta en la que el chef David Garcelon cultiva los vegetales y hierbas que usa en sus platos. Este oasis en las alturas ha atraído pequeños animales, especialmente insectos, y hasta una colonia de abejas, de cuyos panales extraen la miel para el consumo de los huéspedes. "Somos los únicos en esta ciudad tan densa que podemos cultivar nuestros propios ingredientes", dice Garcelon. Según Green Roofs, el hotel ahorra 30.000 dólares al año por esta razón.

Los expertos aseguran que el principal obstáculo para estas ideas es la ignorancia. "La gente no entiende muy bien cuáles son los beneficios ni cómo se pueden llevar a cabo estos proyectos", afirma Peck. Asegura que los gobiernos deben apoyar estas iniciativas para que la gente conozca que no solo favorecen al ambiente sino a cada individuo. "Es una idea muy sencilla: se trata de recuperar el verde que se le quitó a la tierra", dice Vélez. Y eso no sólo es bello sino natural, pues se les devuelve su hábitat a las plantas, pájaros, hormigas y bichos desplazados por las estructuras de concreto.
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