Sábado, 3 de diciembre de 2016

| 2016/07/02 00:00

¿Sexo? No, gracias

En una sociedad llena de estímulos sexuales llama la atención que algunas personas declaren no sentir deseo. Así describen los expertos el mundo de los asexuales.

¿Sexo? No, gracias Foto: Ingimage

"Nunca fui una persona sexual. Lo inusual es que lo dije y lo admití, pero le sucede a millones de personas que no se animan a hacerlo. No puedo imaginarme estando con alguien”, decía Morrissey, líder de la desaparecida banda The Smiths, una de las primeras y pocas celebridades que le mostró al mundo lo que significa ser asexual. Aunque se trata de un fenómeno relativamente nuevo sobre el que se ha hablado poco, se estima que alrededor del 1 por ciento de la población mundial no siente atracción sexual ni les llama la atención tener contacto íntimo con otros. En un mundo atiborrado de estímulos sexuales muchos todavía no logran entender el concepto.

Según Julie Sondra Docker, autora del libro The Invisible Orientation, así como algunos son heterosexuales, gais, lesbianas o bisexuales, otros no quieren tener sexo. Por eso habla de que la asexualidad es la cuarta orientación. “No se trata de una elección de vida. No todos los asexuales son vírgenes o célibes, pero por lo general no requieren del sexo ni de sentir atracción sexual por otros para relacionarse con los demás. Es algo muy subjetivo”, explicó Docker a SEMANA.

Poco se ha investigado sobre la asexualidad. Sin embargo, el sexólogo Alfred Kinsey destacó en sus revolucionarios informes sobre el sexo, de mediados del siglo XX, una escala de 0 a 6 para medir la orientación sexual de una persona con base en su historial. Los que tuvieran 6 eran únicamente homosexuales, quienes estuvieran en el grado 3 eran bisexuales y los que sacaran 0 eran completamente heterosexuales. Pero la escala Kinsey incluyó también una séptima categoría llamada X para identificar individuos que no tuvieran ningún contacto sociosexual ni sintieran atracción sexual. Según el informe, entre el 1 y 2 por ciento de los hombres y entre el 1 y 15 por ciento de las mujeres que entrevistó Kinsey pertenecían a este grupo.

Desde entonces no se habló más del tema hasta ya entrado el siglo XXI. El profesor de psicología Anthony Bogaert, de la Universidad Brock en Ontario, Canadá, presentó un estudio que puso sobre la mesa la asexualidad y en 2012 publicó un libro titulado Understanding Asexuality, donde explica lo que hay detrás de esta orientación sexual. Bogaert afirma que todavía hace falta investigar más sobre sus orígenes, pero los estudios sugieren que puede estar influenciada por “factores biológicos como la genética u hormonas prenatales que afectan el desarrollo del cerebro. Al igual que las otras orientaciones sexuales, la asexualidad tiene una predisposición biológica”, dijo a SEMANA.

No obstante, es muy difícil definir con claridad esta condición, pues cada persona vive su sexualidad de forma particular. Si bien la mayoría de asexuales afirman que jamás han sentido ganas de tener relaciones con otra persona, otros dicen que sí la han experimentado pero esporádicamente. “Alguien asexual puede masturbarse o tener relaciones de pareja y seguir siendo asexual. Exactamente igual a cuando una lesbiana se acuesta con un hombre y no deja de serlo”, señala Marta Torca, una de las administradoras del sitio en español de Aven (Red para la Educación y Visibilización de la Asexualidad), la red virtual más grande de asexuales del mundo.

Uno de los estudios realizados por Bogaert, publicado en 2010 en la revista Archives of Sexual Behavior, reveló que el 81 por ciento de los hombres y el 30 por ciento de las mujeres que se identificaron como asexuales se masturbaban al menos una vez al mes. En el estudio participaron un total de 187 personas, una muestra pequeña que, sin embargo, permite comprobar que los asexuales sí tienen una forma de liberar su energía sexual. Pero lo que muchos reportan es que no tienen un objeto del deseo cuando lo hacen.

Lo anterior no quiere decir que los asexuales sufran un trastorno mental, un desequilibrio hormonal o bajo deseo sexual. Simplemente “es una vivencia personal, no se trata de una elección ni de celibato o castidad o rechazo al sexo. Es no sentir atracción sexual por los otros sin importar su género”, afirma Torca.

Uno de los principales mitos sobre los asexuales es que no se enamoran ni desean establecer relaciones afectivas. Pero muchos sí tienen inclinaciones románticas. La diferencia es que no siempre necesitan del sexo para relacionarse. Hay un amplio espectro entre asexuales absolutos y otros que sí tienen encuentros sexuales. De hecho, muchos se ubican en algún punto medio. “La asexualidad es un fenómeno muy complejo. Algunos se masturban y tienen una forma solitaria de vivir su energía sexual. También hay unos que son muy románticos y otros que no están interesados en enamorarse”, dice Bogaert.

Desde luego esta complejidad les genera problemas en sus relaciones interpersonales y de pareja cuando las tienen, pues el sexo es visto y esperado como un signo de amor, quizás el más importante. Además, les cuesta sentirse aceptados socialmente, pues en el mundo moderno el sexo está por todas partes. Asimismo, conformar una familia o vivir en pareja es percibido como lo normal. “Nos enfrentamos a que la gente no comprenda ni crea en la asexualidad. Luego está la enorme presión sexual de la sociedad para que encajemos como la mayoría, ya sea en el marco heterosexual normativo o en otros como el homosexual o el bisexual”, explica Torca.

Durante los últimos años los asexuales se han dado a conocer gracias al auge de internet. Hay varias páginas web, blogs y grupos temáticos en Facebook dedicados al tema donde miembros de esta comunidad explican en detalle en qué consiste y responden preguntas frecuentes. Pero también ha servido para organizar marchas del orgullo asexual en varios países como Estados Unidos, Reino Unido y en otros de habla hispana como México, Guatemala o España. “Poco a poco hemos ido traspasando la barrera virtual para adquirir mayor visibilidad. En Colombia el activismo está en sus primeras etapas de formación y todavía no hay un grupo estable conformado”, dijo Torca a esta revista.

Como explica Miguel Rueda Sáenz, psicólogo y director de Pink Consultores, los asexuales no deciden serlo, como pasa con los heterosexuales, gais, lesbianas o bisexuales. “Tiene que ver mucho con la identidad. No solo hay que entenderlo desde el punto de vista psicológico y científico, sino como un movimiento emergente en las minorías sexuales que hay que entender y comprender desde esa lógica”, concluye Rueda. Al final de cuentas, como señaló en su momento Kinsey, el mundo no puede estar dividido entre ovejas y cabras solamente. La sexualidad humana es muy compleja y entre las preferencias hay mucha diversidad. La asexualidad hace parte de ellas.

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