Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1983/01/17 00:00

ASUNTO: CORAZON

El implante de un corazón artificial en un hombre de 61 años, abre nueva era en la historia de la medicina.

ASUNTO: CORAZON

Desde los albores de la humanidad, el corazón ha movido, en gran parte, la vida de los hombres. Ha sido el encargado de llevar el ritmo de sus emociones y de medir el pulso de sus sentimientos. Los fisiólogos renacentistas que descubrieron las funciones del cerebro no le cambiaron esa imagen y, a pesar de los últimos avances en neurofisiología y cardiología, el corazón sigue siendo el motor principal de los individuos y el símbolo de la intimidad de cada persona. El gris panorama del cerebro humano es poco seductor. Ante esa viscosa masa, a los hombres les queda el cálido refugio del corazón, rojo y sonoro, que cambia su ritmo al son de las emociones. Por eso es que en esta época de scanners, encefalogramas y electrodos que escrutan la mente, los hombres siguen teniendo corazonadas, se sigue con el corazón y la máxima prueba de sinceridad es cuando se habla con el corazón en la mano.
En 1967 un médico surafricano conmovió al mundo. El doctor Christian Barnard realizaba el primer transplante de corazón e inauguraba así una nueva era en la lucha contra las enfermedades cardíacas.
NUEVA ERA
El común de la gente, sin embargo, no dejó de exclamar sorprendida. Más de un acalorado debate surgió al respecto. Era más fácil, a pesar de las dificultades orgánicas reales de cualquier trasplante de órganos, aceptar un trasplante de riñón o de córnea o de cualquier otro órgano, que el de corazón. Pensar en la idea de vivir con un corazón ajeno era algo que chocaba a muchas personas. Los sectores religiosos no podían aceptar la "insolencia" de los médicos y éstos, a su vez, no podían detener el avance de la medicina a nombre de prejuicios morales.
La historia de la ciencia registra ya varios momentos críticos similares y se sabe que, a la larga, acaba imponiéndose el racionalismo científico que es a pesar de su frialdad, el que ha llevado de la mano a la humanidad en los últimos tres siglos. Por eso, actualmente los trasplantes están "institucionalizados", son cosa corriente, y muy pocos son los que aún se escandalizan con la posibilidad de reponer un órgano deteriorado por otro en mejores condiciones, inclusive aceptando que sea el de un animal.
Pero el último invento de la medicina en la lucha contra las enfermedades del corazón va más lejos de lo que probablemente imaginaron los científicos a comienzos de siglo. El corazón artificial que le implantaron a Barney Clark, un dentista de 61 años, parece ser una nueva puerta que se abre. La edad del paciente era obstáculo mayor para un trasplante y no había drogas capaces de combatir el virus que se había apoderado de su corazón. Su esperanza de vida era nula en esas condiciones, razón por la cual aceptó tomar los riesgos de la operación. La alternativa era morir en la mesa de operaciones o sobrevivir con un corazón artificial, unido por unos tubos plásticos a una bomba de aire encargada de las pulsaciones de su nuevo órgano (ver dibujo). Técnicamente la operación resultó un éxito y el paciente ha logrado sobrevivir más de dos semanas. Sin embargo, espasmos causados presumiblemente por descompensaciones salinas en su sistema arterial tuvieron a Clark en estado semicomatoso y tuvo que ser intervenido nuevamente a mediados de la semana pasada.
Hasta el momento de escribir este artículo, Clark se debatía entre la vida y la muerte y los médicos realizaban esfuerzos desesperados para mantenerlo con vida.
LUCHA TITANICA
En los Estados Unidos la lucha contra las enfermedades cardiovasculares se ha convertido prácticamente en una obsesión. Las investigaciones al respecto han posibilitado enormes progresos en las últimas tres décadas (ver recuadro). La lucha contra la hipertensión, los infartos y demás enfermedades del sistema circulatorio han cambiado los hábitos de vida de millones de seres. Miles de hombres y mujeres en todo el mundo modifican su dieta alimenticia evitando el exceso de sal y de grasa en las comidas, reducen el consumo de alcohol, suprimen el cigarrillo y se entregan con frenesí a las prácticas de la vida sana al aire libre, el aerobismo y el jogging, sin descontar el yoga y toda clase de gimnasias.
La farmacología ha desarrollado nuevos medicamentos --los llamados beta-bloqueadores-- que interceptan los mensajes hormonales que estimulan el incremento del ritmo cardíaco. Rayos laser y electrodos capaces de detectar y controlar taquicardias del ventrículo (desfibriladores), son nuevos aditamentos de alta tecnología utilizados en la terapia cardiaca. Si a ésto se agrega la aparición del corazón artificial, no resultaría aventurado predecir que, en pocos años, la mortalidad en aquellos países donde esos adelantos son posibles se reducirá significativamente.
El modelo de corazón artifical que mantiene vivo a Barney Clark es todavía, sin embargo, más un éxito científico que práctico. Aquel que logre sobrevivir a la operación tendrá que acostumbrarse a vivir el resto de sus días en una silla de ruedas, dependiendo de una pequeña mesa con ruedas en la que estará instalada la bomba de aire --del tamaño de un televisor-- que hace funcionar el corazón. Cerca habrá que tener unos tanques de aire a presión que sustituirán la unidad bombeadora si ésta falla.
Más de uno, ante la evidencia de que prolongar la vida, si se puede, significa depender de un andamiaje tecnológico, ha manifestado que preferirá morir a sobrevivir en esas condiciones.
Este tipo de adelantos, especialmente notorios en los Estados Unidos, contrastan con aquellos que se realizan en otros países, donde la investigación en este campo de los trasplantes se adelanta especialmente con respecto a los miembros del cuerpo, con el fin de recuperar las manos o los pies de personas económicamente activas.
Recuperar a las personas para el trabajo y no solamente para una sobrevivencia casi simbólica, sería el objetivo más importante del desarrollo de los transplantes, aunque lograrlo no necesariamente signifique un premio Nobel.-
EL PULSO DEL PROGRESO
En las últimas tres décadas, la tecnología médica ha logrado avances trascendentales en la lucha contra las enfermedades del corazón. He aquí algunas de las fechas históricas.
1952: Primera válvula mecánica. En la Universidad de Georgetown se inaugura la era de los dispositivos artificiales. El doctor Charles Hufnagel coloca con éxito una válvula aórtica de plástico.
1953. La invención de la máquina corazón-pulmón, que permite operaciones de corazón abierto. Se encarga de oxigenar la sangre durante la operación.
1967. Primer trasplante de corazón. El cirujano sudafricano Christian Barnad implanta un corazón humano en el cuerpo de Louis Washkansky, tendero de 55 años que sobrevive 18 días. La alta mortálidad de estos pacientes acabó con el entusiasmo inicial.
1967. Primer injerto coronario. El doctor Favaloro, de la Clínica de Cleveland, utilizó un trozo de una vena de la pierna de su paciente para fabricar un atajo alrededor de arterias obstruidas.
1967: Aparecen los betabloqueadores, drogas que combaten las irregularidades del pulso cardíaco.
1980: Aparece el "ingrediente secreto". En la Universidad de Stanford, el doctor Norman Shumway utiliza la ciclosporina en los transplantes cardíacos. Esta droga suprime el crecimiento de las células blancas que rechazan los tejidos extraños. Esta droga incrementó fuertemente la tasa de sobrevivientes de trasplantes cardiacos.
1981: Se inicia el uso de los bloqueadores de calcio. Al interrumpir el flujo de calcio en las células musculares, mejoran los daños de las cavidades, suprimen el ritmo irregular del corazón y previenen los espasmos coronarios.
1982: El corazón artificial. El doctor William DeVries implanta el corazón artificial Jarvik-7 en el cuerpo de Barney Clark.

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