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| 8/18/2012 12:00:00 AM

Autonomía para los niños: déjenlos ser

Un nuevo libro afirma que los padres que quieren controlar desde la felicidad hasta el éxito académico de sus hijos consiguen lo contrario: niños infelices.

Cualquier padre de familia sueña con ver triunfar a sus hijos. La parte difícil es lograrlo con el balance perfecto que, según los expertos, radica en establecer expectativas altas e involucrarse en su desarrollo, pero sin irrespetar su autonomía. Tristemente, en el mundo actual la mayoría de los padres ha optado por un extremo tóxico: ser sobreprotectores. Son los que hacen por ellos casi todo, los cuidan de no equivocarse ni tomar riesgos, y les exigen metas que poco reflejan las necesidades de los pequeños. El resultado son jóvenes tristes, estresados, ansiosos, frustrados y poco motivados.
 
Así se podría definir a los pacientes que desde hace 30 años llegan al consultorio de la psicóloga clínica Madeline Levine, en el próspero Marin County, en California. Ella acaba de publicar el libro Teach your children well, en el que critica duramente a los padres que tienen una visión del éxito basada solo en puntajes, trofeos y resultados, y dejan a un lado el bienestar y la autonomía de sus hijos. Cuenta que una señal inconfundible de los padres obsesivos aparece cuando hablan en plural sobre los proyectos de sus hijos, como por ejemplo, "estamos aplicando a la Universidad de Columbia".

Según el psiquiatra infantil Germán Casas, esta tendencia existe en todo el mundo y es producto de las exigencias de la sociedad de consumo. "Es un fenómeno sociológico y se caracteriza por padres que creen que sus hijos deben tener competencias excepcionales, porque de lo contrario van a fracasar en la vida", dice a SEMANA.

En su libro, Levine cita el trabajo científico de Carol Dweck, que demostró que los padres sobreprotectores no crían niños más motivados y exitosos. Quienes logran esos resultados son los padres que establecen expectativas altas pero respetan la autonomía del niño.

En un experimento Dweck les pide a los niños hacer un rompecabezas y para sorpresa de todos, a quienes no se les dice que son inteligentes están más motivados a incrementar el nivel de dificultad de la prueba y muestran más seguridad en sí mismos. "Parece absurdo pero elogiar las habilidades y talentos mina su confianza", dice la autora.

Levine explica que si la motivación, la dirección y la recompensa siempre vienen de afuera los niños no tendrán oportunidad de cultivar su identidad. A cambio de esto, es mejor conocerlos a fondo y saber qué desean. "Hay que dejarlos elegir y desarrollar su propio gusto. Además, darles tiempo para que jueguen, socialicen, descansen y compartan con la familia", dijo a SEMANA Denise Pope, cofundadora junto a Levine de Challenge Success, un proyecto que busca reducir la presión en los jóvenes.

Cuando los papás los presionan a ser los mejores siempre, "lo harán solo para obtener el resultado o por miedo, y no por una genuina motivación", dice Pope. Y así triunfen, el nivel de exigencia los hará intolerantes a la frustración. Según Casas, uno de los principales errores que cometen los padres es exigirles cosas que ellos no pudieron lograr cuando "no tienen la responsabilidad de las frustraciones de sus padres ni tienen que hacerlos felices", señala Casas. De hecho, Levine concluye que no hay padre más susceptible de ser sobreprotector que aquel que es infeliz con su propia vida.

Tanto Levine como Pope defienden la teoría del PDF (Playtime, Downtime y Familytime), que habla del tiempo libre para jugar y descansar para desarrollarse bien a nivel físico y mental, y compartir con la familia para crear valores. "Si los presionan demasiado y los mantienen ocupados, no podrán desarrollar su identidad y seran adultos llenos de dudas", señala Pope.

Criar niños, según la experta, implica aceptar que se equivocan pero también que saldrán de sus errores. Por eso, cuando Levine escucha a los padres decir que no pueden ver sufrir a sus hijos ella les responde tajantemente: "Entonces están en el negocio equivocado". Después de todo, el triunfo de la crianza radica en que el niño aprenda a crecer y que los padres aprendan a controlar su ansiedad.
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