Sábado, 1 de noviembre de 2014

| 1995/04/10 00:00

AY QUE MAREO!

Si usted sufre del mal del movimiento, la experiencia de los astronautas le puede servir aquí en la Tierra.

AY QUE MAREO!

PUEDE SER LA ruina de un agente viajero, puede dar al traste con un viaje de luna de miel en un crucero o hacerlo pasar un vergonzoso momento en un tour: es el mareo. Una enfermedad que los estudiosos denominan el mal del movimiento. Pero nuevas investigaciones destinadas a la preparación de los viajeros al espacio pueden ayudarle a lidiar con el problema.
Lo que pocas víctimas del mareo saben es que todo el problema radica en el oído interior, en un par de cavidades llenas de fluido gelatinoso que flotan entre minúsculos huesos en el oído interno. Ese es el sistema vestibular. La mayoría de sus mensajes son benéficos: le dicen si está moviéndose o descansando. Pero cuando el sistema se agita, hace sentir mareo por el movimiento del carro, el avión o el barco.
El mareo era lo único que tumbaba a Napoleón y que hizo sentir miserable a Lawrence de Arabia, y aunque el hombre lo ha sufrido desde la época de los fenicios, sólo hasta ahora, en la era de los astronautas. empieza a entenderse el mecanismo de la enfermedad del movimiento. Los especialistas saben porqué algunas personas se marean y otras no, y están tratando de encontrar cómo evitarle este mal a aquellos que lo sufren.
Las investigaciones comenzaron en la década de los 70 cuando cinco de los nueve miembros de la tripulación del Skylab se quejaron de sentirse mareados. Hoy se cree que el mareo en el espacio es simplemente un derivado del de Tierra, que produce el movimiento y que comparte un mecanismo básico con el mareo del mar, del carro, el avión o el camello y aun el simulador de vuelo o el del cinerama, porque la enfermedad puede ser causada por el movimiento o por la percepción del movimiento.
Para algunos astronautas, sin embargo, no es lo mismo. Bill Thornton, un medico de la NASA, ha experimentado ambos, el mareo del espacio y el del mar, y asegura que son diferentes. El mareo en el espacio raramente incapacita. "Es aburrido y desesperante pero uno puede continuar el trabajo. Una persona que sienta el mareo del mar puede llegar incluso a sentir que está cerca de la muerte". De otra parte -dice-, los síntomas no son los mismos: el de mar es relativamente fácil de predecir, frecuentemente incluye sudoración y palidez, síntomas raramente vistos en el espacio. Y el vómito en microgravedad no siempre le sigue a la náusea. "En uno de mis viajes al espacio yo estaba muy preparado para marearme, tenía media docena de bolsas flotando en frente. Y de repente vomité, sin aviso de ningún tipo".
Para saber lo que el cuerpo padece, el sicofisiólogo Robert Stern ha hecho una serie de experimentos para estudiar el mecanismo de la náusea a través de grabaciones eléctricas de la actividad del estómago. "Yo trataba de determinar qué diablos pasaba en el estómago de un paciente con quimioterapia, una mujer embarazada o un diabético. Pero no era fácil traer al laboratorio gente con náuseas". Entonces metió voluntarios en un entorno cilíndrico que se mueve y produce desorientación visual. "Encontré una importante diferencia entre la actividad estomacal de aquellos que enfermaron y los que no. Un estómago feliz produce ondas eléctricas de tres ciclos por minuto, en el dia y en la noche, tenga o no tenga comida. Pero cuando una persona siente náusea, el constante ritmo incrementa a un patrón errático de dos o tres veces esa velocidad. Y eso sucede así sea en un cilindro, por quimioterapia o por un mar agitado". Las senales llegan en una manera tan disrítmica que el estómago simplemente detiene su trabajo.
Patricia Cowings, otra investigadora del mal del movimiento, ha desarrollado un controvertido pero fascinante programa basado en bio-retroalimentación. Ella coloca a los pacientes en una silla que da vueltas. Las señales van a computadores para monitorear el ritmo cardíaco. Ia respiración la presión arterial y la resistencia de la piel (una medida de ansiedad). Cowings cree que ella puede enseñar a sus pacientes a controlar hasta 20 funciones del cuerpo. Si el síndrome de malestar por movimiento empieza con dolor de cabeza y náusea, por ejemplo, Cowings lo entrena para que los detenga usando técnicas empleadas por los maestros de yoga. La experiencia de Cowings es que quienes se marean no tienen funcionando su sistema vestibular.
La taquigastria también sucede con estrés. "Usted no tiene tiempo de digerir comida cuando un león la está persiguiendo", señala Stern. Si el estómago pudiera mantenerse en ese ritmo de tres ciclos por minuto, el mareo por movimiento podría evitarse, ya sea en un bote o en el espacio exterior.
Thornton y otros especialistas creen que el mecanismo básico de todas las enfermedades del movimiento es el mismo. Están basadas en un descuadre sensorial. El ser humano mantiene el balance sensorial y se orienta con una varied ad de impulsos sensoriales: los ojos y el sistema vestibular, por supuesto. Pero también del sensor de presión. Y los sistemas muscular interno más el que localiza los sonidos. Y aun los órganos de la piel que sienten la temperatura. Y sincronizarlos a todos requiere una vida de experiencia. En la enfermedad del movimiento los impulsos de los sentidos se contradicen. Los ojos miran alrededor y reportan que todo está bien. Pero el sistema vestibular puede estar en desacuerdo y decir 'se está meciendo'.

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