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| 9/8/2017 1:40:00 AM

¿Por qué ser espiritual ayuda a vivir mejor?

En algunas ocasiones la religión ha sido considerada un elemento negativo asociado a aspectos indeseables como la dependencia y la culpa, pero hay investigaciones recientes que apoyan sus efectos benéficos. El psiquiatra José A. Posada Villa explica por qué.

La riqueza de la espiritualidad, como muchos autores destacan, apunta a la transformación personal y al descubrimiento - o redescubrimiento - de la dimensión más profunda del ser humano. La espiritualidad debe generar una transformación que abra la persona a un espacio de tranquilidad y paz en medio de los conflictos y dificultades sociales de la vida diaria. Así, la espiritualidad no sería un movimiento no solo para estar o sentirse bien, sino para animar a la persona a un camino de crecimiento. Como alguno ya habrá notado, desde esta perspectiva espiritualidad y religión no son tan lejanas como se podría pretender. Ambas tienen la apertura a la trascendencia y, se quiera o no, son elementos sociales muy importantes para las personas, las familias y las comunidades, y esto debe ser tenido en cuenta para la salud mental.

La espiritualidad y religión están relacionadas con el bienestar de las personas en múltiples formas. Una revisión de más de 80 estudios publicados en los últimos 100 años muestra que la espiritualidad y la religión están asociadas a menores niveles de depresión, que actúa como factor protector del abuso de sustancias y de trastorno de estrés post traumático, que las personas que no acuden a servicios religiosos se suicidan cuatro veces más que quienes sí lo hacen y que la presencia de trastorno mental es más baja cuando se asocia a las situaciones críticas de la vida, como es la proximidad a la muerte.

Por otra parte, en 2011, investigadores de la Universidad de Harvard probaron que la meditación, una práctica de origen espiritual y religioso, mejora la memoria y reduce el estrés.

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Aunque se reconoce que son diferentes religión y espiritualidad, la distinción es a menudo difícil y en general se entremezclan.

Las religiones hacen énfasis en la doctrina y tradición, mientras que la espiritualidad se acerca más a un sentimiento interior de relación con el todo y su foco es la trascendencia, la plenitud. La espiritualidad en general se refiere a patrones de prácticas y experiencias trascendentes vividas como algo individual y la religiosidad, por su parte, es descrita en términos de características tales como la membrecía a un grupo, la participación en actos religiosos, la oración, la lectura de los textos sagrados, o compartir ciertas creencias y leyes morales de una iglesia determinada.

La espiritualidad y la religión generalmente proporcionan a las personas sentido de pertenencia, códigos éticos y comportamientos que mejoran el funcionamiento social del grupo, un mecanismo por el que los seres humanos crecen y se adaptan, que proporciona objetivos, que facilita ser una mejor persona o desarrollar un sentido de la vida.

Las investigaciones que exploran la asociación entre espiritualidad, religión y salud mental describen algunos mecanismos a través de los cuales pueden producirse beneficios.

Por ejemplo, hay personas que sienten que la responsabilidad de la solución del problema es compartida con Dios y entra en colaboración con él. Otras prefieren asumir un rol pasivo en la solución, confiado en que Dios lo resolverá sin su intervención. En otras ocasiones asume la responsabilidad plena de la solución, pensando que Dios le proveerá de las herramientas necesarias para hacerlo. En especial el estilo colaborativo ha demostrado efectos positivos sobre la salud mental.

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A todo esto, se suma el apoyo espiritual como una valiosa fuente de autoestima, información, solidaridad y ayuda práctica que permite a las personas hacer frente al estrés de la cotidianidad y el cultivo de emociones como la esperanza, la satisfacción, el amor y el perdón, que afectan positivamente el estado mental.

Otro aspecto que actúa positivamente en este campo, es el ambiente. Además de los edificios y la arquitectura “espirituales” como iglesias, templos, capillas o sitios de culto, también la naturaleza, el arte y la música tienen impacto sobre la salud mental de las personas.

Sin embargo, no podemos olvidar que la espiritualidad y la religión también pueden afectar la salud mental de manera negativa cuando se dan prácticas inadecuadas, en las cuales, por ejemplo, las personas ceden el control o responsabilidad de los problemas a un poder superior, tienen sentimientos de abandono divino, creen que los problemas personales son castigo de un ser superior o tienen sentimientos de rabia hacia Dios, o generar sentimientos de culpa o pecado sin que esto se justifique o pensar que el que peca y reza empata.

La duda religiosa permanente también puede generar problemas de salud mental al perder certeza y claridad existencial que aumenta la vulnerabilidad ante situaciones estresantes.

También vale la pena tener en cuenta la coincidencia de algunas formas de militancia pseudoreligiosa con posible trastorno mental. En este sentido es necesario señalar las personas que pertenecen a sectas y el fanatismo religioso que lleva a asesinatos y suicidios a nombre de Dios.

La existencia de una serie de síntomas mentales tales como actos repetitivos (persignarse repetidamente al pasar por todas las Iglesias), fobias (evitar experiencias sexuales por temor religioso), estados disociativos o "ataques histéricos" (estados de trance o posesión), contenidos místico-religiosos de las ideas delirantes y las alucinaciones de las personas con esquizofrenia o sentimientos de culpa, presente en la mayor parte de los trastornos mentales son otras manifestaciones negativas de una espiritualidad y religión mal manejadas.

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Con todo esto, a la luz de la evidencia disponible, es recomendable:

  • Tener presentes y respetar las necesidades espirituales de las personas que nos rodean.
  • Identificar aquellos aspectos de la vida que proporcionan sentido, esperanza, valor y propósito a la existencia.
  • Contar con acceso a recursos espirituales apropiados
  • Disponer de espacios seguros y tranquilos donde se pueda orar, meditar o practicar la fe.
  • Tener oportunidad de hablar sobre espiritualidad.
  • Construir vínculos adecuados con grupos espirituales en la comunidad.
  • Evitar patologizar o ignorar las experiencias espirituales.

La salud mental es proporcional a la medida en que la persona se compromete al cumplimiento del sentido de su vida y aquí la espiritualidad y la religión nos pueden dar una mano.

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