Lunes, 24 de noviembre de 2014

| 1994/11/28 00:00

BOTANDO CORRIENTE

Proscritos por varios años, los siquiatras empiezan a desempolvar los electrochoques. ¿Son tan terribles como los pintan?

BOTANDO CORRIENTE

EL ROSTRO DE Jack Nicholson desfigurado por las convulsiones de un electrochoque en la película Atrapado sin Salida quedó grabado en la memoria de millones de espectadores como prueba de la atrocidad de una terapia. Esas imágenes, tenían el agravante de que el paciente no necesitaba el tratamiento porque su estado de salud mental era normal y lo único que buscaba era eludir la cárcel.

Antes de este éxito taquillero, siquiatras y sicoanalistas se habían trenzado en combates académicos sobre las bondades y riesgos de la terapia y muchos habían enviado al cuarto de San Alejo la temible consola con los electrodos. Ahora, dos décadas después, la comunidad siquiátrica está desempolvando el aparato. Muchos siquiatras sostienen que es el mejor tratamiento para algunos pacientes que sufren de depresión, especialmente ancianos. En Estados Unidos, concretamente en Florida, el número de médicos que ofrecen la terapia electroconvulsiva -que es el nombre con el que se conoce ahora- ha crecido de tres a 17. La terapia cuenta con el respaldo de un panel federal que estudió sus virtudes. Pero todavía existen médicos y pacientes que la consideran una opción brutal o una especie de 'ruleta rusa' de la medicina.

Uno de ellos es Peter Breggin, siquiatra de Haward y autor del libro Toxic Psyquiatry. "He trabajado con decenas de pacientes que han sido lesionados permanentemente por esta práctica", dijo Breggin. Otros en cambio -como Juan René Greada, presidente de la Sociedad Siquiatría del Sur de Florida- creen que el enemigo número uno de la terapia no han sido los científicos sino la prensa.

SEMANA consultó al siquiatra Guillermo Restrepo, del Instituto Gerontológico de Colombia, quien afirma que en los últimos 20 años la técnica no solo se ha refinado mucho sino que hoy en día existe un mayor control en su aplicación. "Durante la terapia el paciente recibe pequeños impulsos eléctricos en la cabeza, dirigidos a uno o ambos lóbulos. Después del tratamiento -que puede durar entre cuatro y seis semanas- el equilibrio químico del cerebro se restablece. En el pasado la terapia era aplicada con poca o ninguna preparación, pero ahora las cosas han cambiado, -explica el doctor Restrepo. Ahora se aplica con anestesia general y con medición del voltaje específico. Igualmente se vigilan cuidadosamente las ondas cerebrales y las funciones del cuerpo. Aunque la descarga varía, en la actualidad sólo se aplica una tercera parte de la electricidad que se usaba en los años 50".

Las electroconvulsiones fueron usadas por primera vez en 1938, en Roma, por los médicos U. Cerletti y L. Bini. Y han sido particularmente recomendadas a pacientes con sicosis maniaco-depresiva y otro tipo de depresiones severas. "Es una alternativa, muy benéfica, en casos específicos", dice el siquiatra Restrepo. Y explica que la utilización tiene especificaciones muy claras, una de ellas es la melancolía, el estado extremo de la depresión que se acompaña con ideas de suicidio y que no responde al tratamiento farmacológico. También sirve para ciertas esquizofrenias y en la sicosis maniaco-depresiva severa. "Estos pacientes se benefician con la terapia electroconvulsiva. Para evitar las complicaciones que produce -trastornos de la memoria para hechos recientes y que es reversible- se le coloca al paciente el electrochoque en un solo hemisferio cerebral, en el no dominante".

El efecto de la terapia de electrochoques es el de "abrir los canales neuronales para mejorar el funcionamiento de las células cerebrales", dice el médico. Aunque en Colombia se aplica, la verdad es que a muchas personas les aterra el sólo nombre de los electrochoques. Esto, más que a los reales efectos nocivos de la terapia, se debe a la mala prensa que ha tenido y que data de la manera como se realizaba antiguamente, es decir, en forma indiscriminada y sin anestesia general. Además, el electrochoque ha sido históricamente utilizado como un elemento de tortura. "Este estigma mítico llevó a que la terapia electroconvulsiva fuera vista más que como una terapia de ayuda como un elemento de castigo, y alimentó el concepto erróneo de que acaba con las células neuronales, lo cual no es cierto", dice el siquiatra colombiano.

Lo cierto es que numerosos estudios médicos y éticos que se han realizado al respecto han mostrado que no causa daño cerebral y que puede ser muy buena para el tratamiento de casos específicos de depresión. Pero que no debe ser aplicado en pacientes con infarto reciente, aneurismas o tumores cerebrales. De otra parte, cuando se prescribe, ésta es realizada bajo la supervisión de un consejo médico para filtrar cualquier posibilidad de error, de uso indiscriminado o equivocado. "Yo no la he aplicado en mis pacientes porque la gente en nuestro medio le tiene mucho temor -dice el doctor Restrepo- pero le digo que si mi padre o mi madre sufrieran de melancolía involutiva, yo se las daría porque sé que no los perjudicaría en nada y sí puede ser una alternativa que funciona".

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