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| 2/22/2014 12:00:00 AM

Cachos en el noviazgo

¿Es más dura una infidelidad entre novios que entre casados? Responden los expertos.

La semana pasada Maureen Dowd, la columnista del diario The New York Times, lanzó una teoría frente al affaire del presidente de Francia, François Hollande, con la actriz Julie Gayet. Aunque casi el 80 por ciento de sus conciudadanos piensa que a nadie debe importarle la vida privada del primer mandatario, en este caso el país se escandalizó, según Dowd, porque Hollande no estaba casado y, palabras más palabras menos, entre los galos tener amante en el noviazgo es más grave que en el matrimonio. Lo que querría decir que si el mandatario hubiera estado casado, su amorío habría sido visto como algo normal, tal como sucedió con François Mitterrand y muchos otros líderes de esa nación.

La tesis de Dowd ha levantado toda una discusión entre los expertos en relaciones de pareja que buscan ver si esa teoría tendría sustento fuera de las fronteras galas. Algunos afirman con contundencia que la infidelidad es una de las faltas más graves de una relación, no importa el estado civil de la pareja. Según la psicóloga María Elena López, esto se debe a que en la sociedad todavía está muy arraigado “el concepto tradicional de exclusividad en las relaciones de pareja. De ser dos y nada más”, dice. Aunque en el caso de un noviazgo o de una pareja que vive en unión libre la situación pareciera ser distinta porque hay menos ataduras, “el impacto emocional parece ser el mismo en ambos casos, pues la inclusión de un tercero viola el compromiso de lealtad sentimental y sexual que establecieron clara o implícitamente”, señala López.

Para otros, sin embargo, la tesis de Dowd puede tener algún sustento. En el noviazgo, señalan algunos expertos, la pareja está en la flor de la pasión, cuando el enamorado –al menos en teoría– solo tiene ojos para su amada. Un engaño así, en esta etapa, no tiene presentación y llevaría a la mayoría a romper el vínculo. “Unos cachos al comienzo de la relación, cuando se debe estar en la etapa de las mariposas en el estómago y del corazón a mil, es empezar con el pie izquierdo”, dice una mujer que padeció la infidelidad de su novio. Mientras tanto en el matrimonio, los años de convivencia hacen que muchas parejas pierdan el norte y se alejen. Si bien puede ser muy doloroso, es más factible perdonar si se justifican las razones que llevaron a la situación. Además, los hijos y el patrimonio que han logrado construir juntos pesan a favor de la permanencia del vínculo.

Así le sucedió a Susana, de 36 años, quien perdonó a su esposo a pesar del dolor que le generó su infidelidad. “Para mí era más importante mantener en pie a mi familia. Además, después de lo ocurrido reflexionamos para ver cuál era el vacío en nuestra relación y llenarlo”, dijo a SEMANA. De hecho, algunos estudios han señalado que esta experiencia puede ser una oportunidad para mejorar el matrimonio, pues puede sacarlo del tedio. En otras palabras, el vínculo es tan fuerte que los cachos pueden perdonarse más fácilmente.

A pesar de que las opiniones están dividas, según los expertos, hoy la gente acepta más que las personas tengan aventuras amorosas que hace 50 años. Nancy Martínez, directora de la especialización en psicología clínica y autoeficacia personal de la Universidad del Bosque, afirma que cerca del 65 por ciento de los estudiantes universitarios acepta haber sido infiel en sus relaciones de pareja. Viviana, de 24 años, no juzga a su pareja porque ella también ha tenido sus deslices y considera injusto sentenciar la relación por ese motivo. “Él y yo nos complementamos muy bien, pero a ambos nos gusta salir y no nos prohibimos vivir otras experiencias”.

A pesar de esa situación, Martínez señala que una infidelidad no es nada fácil. “Con solo un beso que alguien dé a otro diferente a la pareja se producen una serie de hormonas y neurotransmisores que generan apego y esto implica un sentimiento de exclusividad que va a poner en aprietos la otra relación”, afirma. Aunque algunos asumen que la infidelidad forma parte de la relación, “al final de cuentas no es una posibilidad con alta rentabilidad emocional en términos de bienestar y felicidad”, concluye López.
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