Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2015/11/21 20:00

El cambio climático, ¡peor que el terrorismo!

El calentamiento global es una amenaza inminente. Las guerras por los recursos naturales son cada vez más duras. ¿Por qué no se hace nada para prevenirlo?

El sábado pasado Bernie Sanders, aspirante a la candidatura demócrata en la carrera por la Presidencia de Estados Unidos, fue ridiculizado por responder durante un debate que el peor enemigo de la seguridad de su país era el cambio climático y no el terrorismo. Las críticas se dieron cuando aún estaban frescas las imágenes de los ataques de Isis en París y muchos consideraron que su respuesta indicaba que el senador no tenía los pies en la tierra. Pero todo cambió en los días siguientes cuando Sanders explicó su posición: “El aumento de sequías, inundaciones y otros fenómenos  extremos producto del cambio climático implicarán más luchas de la gente por la tierra y por los recursos naturales limitados”. O sea que, en medio de esa inestabilidad política, la gente estará más susceptible a escuchar los mensajes incendiarios de Al Qaeda e Isis.

Sanders no es el único que ve este problema como una gran amenaza para la humanidad. En una entrevista al diario El Tiempo el domingo pasado, el filósofo y lingüista Noam Chomsky señaló que el cambio climático es una de “dos sombras muy grises (la otra es la guerra nuclear) que se posan sobre todo y amenazan la posibilidad de supervivencia de la raza humana”. Siria, por ejemplo, ha experimentado una fuerte sequía y ello ha movilizado a cientos de campesinos a zonas urbanas donde no pueden sostenerse, “lo que ha elevado las tensiones y conflictos”, dijo.

Las afirmaciones de ambos tienen sustento científico. Hace un año The National Bureau of Economic Research revisó 55 estudios separados que analizan la relación entre el aumento de la temperatura y dos tipos de violencia: entre individuos (abuso familiar, asesinatos, atracos) o entre grupos más amplios, como guerras civiles, invasiones y otras formas de inestabilidad política. El metaanálisis concluye que en un mundo donde hay más sequías e inundaciones producto del cambio climático habrá más guerras y crímenes. “Por cada grado centígrado que aumenta la temperatura, un conflicto civil en África puede crecer en 20 por ciento”, concluyeron los investigadores.

Un estudio del Banco Mundial publicado hace un par de semanas señala, además, que el aumento de la temperatura podría sumir en la pobreza a 100 millones de personas a la vuelta de 15 años. Eso significaría que el número de pobres en el mundo, que hoy es del orden de los 700 millones, aumentaría a cerca de 900 millones si no se toman medidas efectivas muy pronto.

Un futuro cercano

Ese escenario, que muchos ven lejano, cada vez está más cerca. Según la Organización Meteorológica Mundial,  2015 cerrará con varias marcas: una es la del año más caliente jamás registrado. Además, será el año en que la temperatura promedio global aumentó 1 grado centígrado respecto a los niveles previos a la industrialización, como resultado del incremento de las emisiones de combustible fósil. Este hito tiene un significado muy grande porque representa  la mitad de la meta límite de 2 grados centígrados establecida para evitar los efectos catastróficos del cambio climático.

Como si lo anterior fuera poco, también será el año en que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera sobrepasará las 440 partículas por millón (ppm). Aunque se trata de un límite simbólico, representa un gran aumento frente a las emisiones de CO2 antes de la era industrial, cuando estaban por el orden de las 280 ppm. “Esta marca es un síntoma de la acción del hombre sobre la atmósfera y es el recorderis de actuar ya”, señala Christopher O’Dell, experto de la Universidad de Colorado.

El impacto de esas cifras ya se está viendo. Un estudio de la National Oceanic and Atmospheric Administration (Noaa), que abarcó 28 eventos climáticos extremos, encontró que 14 de estos fueron resultado del cambio climático. Todos los continentes, excepto Antártica, han sufrido las consecuencias. Es altamente probable que los incendios forestales de California hayan aumentado gracias al cambio climático, así como la frecuencia de ciclones tropicales que llegan a Hawái. La ola de calor de Argentina en 2013 y las lluvias torrenciales en el sur de Francia fueron cinco veces más fuertes por esta causa. El fenómeno tuvo en parte responsabilidad por las inundaciones de Canadá y Nueva Zelanda, las tormentas en Nepal y las sequías en África y el Medio Oriente.

El otro impacto visible es el aumento del nivel del mar. Aunque solo ha subido 200 milímetros, ese incremento es suficiente para causar estragos como gran oleaje en condiciones extremas. Según un artículo publicado este año en la revista Science, aun si el mundo logra controlar el aumento de la temperatura en 2 grados centígrados, el nivel del mar subirá 6 metros en 2100. Si las metrópolis no toman medidas hoy, este tipo de inundaciones podrá costarles miles de millones de dólares.

Para hacerlo más gráfico, la organización Climate Central mostró que ciudades icónicas cómo Londres, Shanghái, Mumbai, Río de Janeiro, Durban y Nueva York quedarián ante dos escenarios: no hacer nada, lo que permitiría un aumento de 4 grados centígrados para 2100, versus hacer una transición drástica a una energía limpia, lo cual implicaría mantener el límite de 2 grados centígrados para evitar el cambio climático catastrófico. Según Stephen Belcher, meteorólogo de la Universidad de Reading en el Reino Unido, el aumento de 4 grados centígrados es más grave que simplemente doblar el efecto de los 2 grados centígrados. “La ola de calor de Europa en 2003 que causó 70.000 muertes sería un verano suave en el contexto de los 4 grados centígrados.

En Colombia la situación no es menos preocupante. Según estudios del Ideam, el aumento de la temperatura promedio de Colombia será de 2,14 grados centígrados. Esto generará un impacto negativo en la productividad agropecuaria, aumentará el nivel del mar, comprometerá los páramos y los ecosistemas de alta montaña, donde prácticamente se produce el agua del país, y derretirá los glaciares.

Enemigo sin rostro


Frente a este panorama, la gran pregunta es por qué, si la situación es tan grave, los gobiernos no actúan de una manera acorde a la magnitud de la amenaza. La respuesta está, según Daniel Gilbert, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, en el cableado del cerebro humano. El experto señala que la mente no está diseñada para reconocer amenazas sin rostro y verlas como un enemigo concreto. Además, como se trata de un fenómeno gradual y no súbito la mente se adapta a la amenaza y la normaliza.

Otros psicólogos han encontrado otros tipos de barreras llamadas dragones de la pasividad. Algunos han identificado hasta 30 en el tema del cambio climático y entre ellos se destacan la falta de conocimiento del tema, y compararse con otros. En este último caso, la inacción se produce cuando la gente piensa  por qué debe hacer sacrificios si otros no los hacen. Robert Gifford, profesor de psicología de la Universidad de Victoria, señala que si tuviera que nombrar una como la más perjudicial sería la falta de control que los individuos perciben frente al tema. “La gente cree que no hay nada que hacer pues una golondrina no hace verano”, dice Gifford.

Para la psicóloga Renee Lertzman, el desinterés aparente no es apatía pues el planeta de verdad les importa, pero el cambio climático les crea un conflicto con su estilo de vida. “No logramos aceptar que debemos sacrificar lo que más nos gusta para evitar la devastación”, dice la experta. Agrega que la desesperanza es el sentimiento más perverso que alguien puede sentir frente al cambio climático.  

Por eso, muchos son optimistas en medio de esa sombra gris de la que habla Chomsky. En su reciente libro el científico Bill Nye, señala que la solución es poner la tecnología al servicio de la gente. “Hay energía limpia suficiente para hacer que el mundo continúe marchando. Solo es cuestión de aplicarlas”, dijo a la revista National Geographic.

La cumbre de París en diciembre será una oportunidad para hablar de este tipo de estrategias. Allí, los representantes de gobiernos de más de 190 países se reunirán para discutir un nuevo acuerdo para crear el compromiso global de reducir el impacto del cambio climático. Las decisiones que se concreten tendrán un importante impacto en cuál de los dos escenarios que muestran las imágenes de las capitales del mundo será más factible en el futuro.

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