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| 10/5/1992 12:00:00 AM

CANITAS AL AIRE

Según un polémico "best-seller" norteamericano, la infidelidad femenina puede con frecuencia salvar un matrimonio.

CANITAS AL AIRE CANITAS AL AIRE
DALMA HEYN, AUTORA DEL BEST seller "El silencio erótico de las esposas americanas", entrevistó a cientos de mujeres, entre los 20 y los 60 años, quienes le revelaron sus secretas aventuras extramatrimoniales. Su conclusión es que las mujeres hoy viven su sexualidad en la misma forma que los hombres lo han hecho tradicionalmente. Y que son tan infieles como ellos. Mientras el último informe Kinsey dice que el 30 por ciento de las esposas y el 37 por ciento de los esposos tienen sexo extramarital, otros investigadores señalan que este es un estimativo conservador y colocan la cifra en un 50 por ciento.
Lo cierto es que por primera vez las esposas americanas confiesan sus razones para tener affairs. Y un inesperado descubrimiento es que la mayoría no siente ninguna culpa acerca de su adulterio. Por el contrario, afirman que sus aventuras amorosas las hicieron sentir más independientes, más fuertes, más asertivas y más seguras de sí mismas. El concenso general entre las esposas fue que tener un affair había enriquecido sus vidas. Pero quizá lo más sorprendente es que este sentimiento resultó ser un excelente complemento para estabilizar su vida conyugal. De hecho, la gran mayoría afirmó que retornaron a sus matrimonios resueltas a allanar los problemas con sus esposos.
Pero al parecer las mujeres no son infieles por las mismas razones de los hombres. La doctora Heyn encontró que el hilo conductor de la infidelidad femenina fue la necesidad de salir del rol de esposas para entrar en relaciones más satisfactorias en las que primara el placer. Las mujeres señalaron que durante años habían antepuesto sus necesidades y deseos a las de sus esposos y sus hijos, y sentían que sexual y emocionalmente habían perdido gran parte de sí mismas. Para muchas de ellas no fue fácil tomar la decisión de tener un affair, pero en el momento en que se lanzaron en brazos de otro hombre llevaron el control de la situación. La mayoría afirmó que ellas decidieron no sólo con quién, dónde, cómo, cuándo, sino también qué tanto se involucrarían con sus amantes. "Aunque fue difícil al principio, una vez en el 'affair' ellas experimentaron sentimientos de control, poder e igualdad, tres elementos que en muchos casos son completamente ajenos al matrimonio. La sensación de estar al mando de sus emociones y necesidades amorosas era algo que sentían que habían perdido en el proceso de tratar de llegar a ser esposas y madres perfectas", señala la autora.
Pero también experimentaron algo nuevo "No tenían que conquistar a un hombre, porque ya tenían un marido. Y no tenían que preocuparse acerca de su futuro, porque ya tenían una vida organizada", dice la escritora. Una de las entrevistadas, una mujer de 48 años, describe su experiencia: "Era yo misma, y no pretendía ser de otra manera, como hubiera tenido que mostrarme si hubiera estado conquistando a un hombre". Igualmente las mujeres confesaron que en el proceso de escogencia del amante no tuvieron en cuenta consideraciones de edad, posición social, financiera o estado civil, aspectos que sí habrían contado a la hora de escoger a un esposo. Y describieron a sus amantes como hombres "no tan perfectos" pero "dulces", "gentiles", "simpáticos y "tranquilizadores". Una mujer de 35 años, "casada felizmente por 10 años" y quien desde hacía cinco años tenía una relación con un compañero de trabajo, señaló: "La mayor diferencia en mis dos relaciones es que mi amante me trata como una mujer adulta mientras mi esposo lo hace como a una niña".
De las casi 500 mujeres entrevistadas por la doctora Heyn, muy pocas habían confesado o pensaban confesar a sus esposos su romance. Según la autora, estadísticamente se ha demostrado que cuando la mujer decide confesar su infidelidad, con ánimo de ser leal y preservar su matrimonio, la reacción del marido es pedir la separación. Aquellas que lo hicieron, también comprobaron que existe una relación directa entre el momento de la confesión y la propensión al divorcio: si el affair es revelado con prontitud, la incidencia de separación es del 40 por ciento; y esta posibilidad aumenta a un 80 por ciento, si la aventura es confesada mucho tiempo después, ya que el cónyuge se siente doblemente engañado.
Pero la salida de un affair no es siempre el divorcio. Los terapistas de pareja citados por la autora colocan la aventura extramarital en el sexto lugar de las causas de fracaso de una relación, después de la falta de comunicación y las pugnas de poder. Y coinciden en que el matrimonio no siempre tiene que ser el perdedor." Un romance le permite a la mujer insatisfecha abrir los ojos y le brinda un marco de referencia con el cual juzgar su relación conyugal", señala uno de los terapistas consultados por la escritora. "Después de que una mujer ha pasado por un romance en el que no hay objetivos ni reglas, ni deberes, lo que generalmente sucede es que ella se vuelve a encontrar a si misma y observa la relación con su marido desde otra perspectiva, que le permite hacerse más exigente para con sus propias necesidades y deseos", concluye la escritora.
No sobra decir que el libro ha generado una fuerte polémica y el rechazo de muchas instituciones, incluso de algunas asociaciones de mujeres. Y no han sido pocos los consejeros matrimoniales que sostienen que la teoría es completamente descabellada. Pero la verdad es que esta mirada a la infidelidad femenina ha revelado una cara oculta de su sexualidad. Tradicionalmente se ha creído que ella es por naturaleza monógama, que las mujeres bien casadas no tienen amantes, que deben amar a un hombre para tener relaciones sexuales con él y que tener sexo extramarital las hace sentir profundamente culpables. Sin embargo los resultados de esta encuesta han venido a derribar la mayoría de los mitos existentes sobre la sexualidad femenina. -

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