Jueves, 30 de octubre de 2014

| 1992/10/05 00:00

¡CARABELA A LA VISTA!

Por primera vez se encuentran los restos de una embarcación contemporánea de la Niña y la Pinta.

¡CARABELA A LA VISTA!


ES POSIBLE QUE los fabricantes de las réplicas de las carabelas de Colón que se han exhibido por el mundo en la conmemoración del V Centenario tengan ahora que hacerles modificaciones. Por primera vez se han descubierto los restos de una carabela contemporánea de la Niña y la Pinta. El año pasado, John Browning, un hombre de negocios de la Florida que estaba buceando en las cálidas aguas de las Bahamas, encontró lo que puede ser el naufragio más antiguo, valioso y mejor preservado encontrado en América.
Desde hace cuatro meses un grupo de buzos compuesto por arqueólogos y cazadores de tesoros, barren las blancas arenas del fondo del mar en busca de los restos de un antiguo barco de vela español y una gran variedad de objetos que se encuentran diseminados en el fondo del mar. La pequeña embarcación de madera -que fue encontrada 30 millas al norte de West End, en la isla de Gran Bahama- podría ser el primer vestigio conocido de las carabelas utilizadas en los primeros años de la era del descubrimiento.
Durante años los arqueólogos náuticos han buscado inútilmente un naufragio confirmado de una carabela. De este tipo de barcos no se conservan planos ni descripciones detalladas y las réplicas construidas para la celebración de los 500 años se basan en bocetos incompletos. Es por eso que hoy por hoy se sabe mucho menos de estas naves que de barcos más antiguos. El arqueólogo náutico Roger Smith, señaló que este extraordinario hallazgo dará un conocimiento más detallado sobre la vida de los exploradores del Nuevo Mundo, en los años inmediatamente posteriores a la llegada de Colón. "Es lo que hemos estado buscando por años", dijo asombrado por el extraordinario estado de conservación del naufragio. "Esto podría abrir una gran cantidad de nuevas puertas para una mayor comprensión de la navegación, de la defensa naval y la exploración en los comienzos del siglo XVI". Por su parte el historiador Eugene Lyon, otro experto que ha examinado los restos del barco, señaló que "el estilo de los cañones de hierro forjado, las espadas y otras armas encontradas, indican que el barco era de 1500". El experto explicó que por la distribución del lastre se estima que la carabela no tenía más de 60 pies de largo, mucho más pequeña que los galeones que transportaban oro y plata hacia a Europa. Los cañones de carga frontal -llamadas lombardas-, un casco español, lanzas, espadas y municiones de plomo muestran el lado militar de la expedición.
El valor de este descubrimiento no radica solamente en ser el más antiguo naufragio en el Nuevo Mundo, sino la estructura más articulada que se ha encontrado en este hemisferio. Los arqueólogos estiman que este encalló antes de 1515. (Las pocas monedas de plata encontradas podrían ayudar a ubicar la fecha exacta del naufragio). Los hallazgos de otros restos, uno de ellos encontrado en 1976 al sur de Bahamas, se limitan a figuras y armas de metal. Nunca se había hallado una estructura de madera. Aunque la mayor parte de la embarcación no ha sido desenterrada, ya se han descubierto las costillas del casco, un entablado de roble y el sitio donde iba el mástil principal. Los arqueólogos ya han catalogado una gran variedad de objetos, como cañones, anclas, eslabones de cadenas, monedas y cerámicas. También han sido halladas grandes vasijas que una vez contuvieron agua, vino y aceite de olivas; delicados frascos de vidrio que probablemente contenían medicinas y cosméticos y un par de compases metálicos que posiblemente eran utilizados por el piloto para establecer el curso de la embarcación. Es tal la variedad de artefactos, que ya se han clasificado cerca de cinco mil objetos y la mayor parte está todavía sin desenterrar. Se espera que el inventario de los artículos proporcione una imagen más clara acerca de la vida de los exploradores del siglo XVI.
Según la reconstruccion de los hechos que hacen los expertos, el barco navegaba en la corriente del golfo entre Florida y las Bahamas, probablemente aprovechando la rápida corriente hacia el norte para atrapar los vientos que lo conducirían al este, en dirección a España. La embarcación podría haber formado parte de exploraciones españolas en lo que hoy es Estados Unidos, avistado por primera vez por Juán Ponce de León en 1513.
Desde el día que John Browning, propietario de una compañía empacadora de carne, encontró en su paseo submarino a sólo 20 pies de profundidad algunos cañones incrustados en los corales, decidió dejar su oficina para convertirse en un cazador de tesoros submarinos. Tras obtener una licencia exclusiva del gobierno de las Bahamas para explorar 300 millas cuadradas de agua alrededor de las islas, fundó una compañía de expediciones, contrató un equipo de buzos y llevó a un grupo de arqueólogos a ver su descubrimiento. Y aunque los arqueólogos usualmente no quieren saber nada de los cazadores de tesoros, le reconocen el haberse comprometido desde el primer momento en preservar el naufragio del saqueo indiscriminado. -

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