Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2006/11/11 00:00

Cerebros en fuga

Muchos de los mejores colombianos trabajan hoy fuera del país. SEMANA presenta algunos de los investigadores más exitosos que hacen patria desde lejos.

Cerebros en fuga

Este martes, cuando termine la primera Semana Nacional de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, se habrá dado un paso importante en materia de promoción y divulgación del trabajo científico local. Pero Colombia apenas está empezando a recorrer el camino, y una muestra de ello es que algunos de los cerebros más brillantes han tenido que salir del país para continuar sus estudios y poder llevar a cabo sus investigaciones en condiciones adecuadas. Los datos oficiales hablan de 600 científicos colombianos de alto nivel radicados en el exterior. Ellos pertenecen a la 'diáspora científica', y las probabilidades de que vuelvan son escasas. Aunque no tienen pensado volver, aportan su granito de arena a la ciencia nacional desde donde se encuentran.

Están en Estados Unidos, Europa o Japón principalmente, son más hombres que mujeres y pertenecen más a las ciencias básicas e ingenierías que a las sociales y humanas. Se fueron para continuar sus estudios, pues apenas hace poco más de una década Colombia empezó a ofrecer programas de doctorado. De hecho, en 1994 el país graduó su primer doctor y a finales de 2002 los graduados en el país con Ph.D. eran apenas 167.

Las razones por las cuales se encuentran allá y no acá son infinitas, pero principalmente porque acá no podrían hacer lo que hacen allá. La falta de laboratorios dotados con equipos que se deben actualizar constantemente y las luchas para lograr importarlos, la lentitud y el exceso de papeleos para conseguir recursos y la falta de tiempo para sentarse a producir conocimiento nuevo, son algunas de las causas.

Otra razón es que en el país aún no hay investigación en ciertas áreas. Así le ocurrió al físico bogotano David Berenstein, quien desde la Universidad de California, en Santa Bárbara, trabaja en la relación de la teoría de cuerdas y la teoría cuántica de campos. Berenstein ha publicado 40 artículos en revistas científicas, uno de los cuales ha sido citado más de 850 veces, lo que en la comunidad científica global significa 'alta calidad'.

"Estoy en una de las mejores universidades del mundo para el tema en el que trabajo", dijo a SEMANA, y agregó que las desigualdades entre los dos países son abismales en su caso. Se refiere, por ejemplo, a la falta de presupuesto en Colombia para mantener programas de visitantes internacionales o para atraer a personas con posdoctorados, que inyecten ideas nuevas.

Cada científico colombiano en el exterior tiene una historia distinta, pero la gran mayoría

coincide en que extraña su país. La bióloga marina caleña Mónica Medina pensó en regresar una vez terminó su doctorado, pero "no parecía haber muchas opciones de establecer un buen programa de investigación, primero por la inseguridad para hacer trabajo de campo, y segundo por la falta de un fondo nacional para la ciencia que fuera sólido y confiable", dijo. Resolvió continuar con un posdoctorado y ahora es profesora fundadora de la nueva sede de la Universidad de California en Merced. Utilizando técnicas genómicas, estudia la evolución y la ecología de especies marinas propias de aguas colombianas. "Voy echando raíces fuera del país, y regresar parece cada vez un sueño más lejano".

Por eso buscan la manera de no desconectarse. El manizaleño Arturo Escobar es director del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Carolina del Norte e investigador del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. Es producto de una mezcla interesante: ingeniero químico de la Universidad del Valle, con una maestría en nutrición de Cornell y un doctorado en política, planeación y filosofía del desarrollo, de la Universidad de California. Su labor profesional se ha desarrollado en cuatro áreas: el estudio de problemas del desarrollo y la naturaleza de la globalización, los movimientos sociales, la ecología política (relación entre cultura, desarrollo y ambiente) y la antropología de la ciencia y la tecnología.

"Buena parte de mi trabajo lo he hecho por fuera de la academia, como intelectual, especialmente con ONG ambientalistas que trabajan en el Pacífico y con movimientos sociales de la región, particularmente el movimiento social de comunidades negras donde desde el 93 adelanto investigaciones sobre la interrelación entre desarrollo, cultura, y biodiversidad", dijo a SEMANA.

Escobar admira a quienes hacen investigación en Colombia. "Los que vivimos en el exterior podemos darnos el lujo de hacer investigaciones, decir y escribir cosas, o participar en eventos que los colegas que laboran allá no pueden".

Otro egresado de la Univalle, el ingeniero eléctrico Eduardo Sánchez, vive en Suiza desde hace 30 años. Especializado en arquitectura de computadores, sistemas reconfigurables y bioinspirados, y 'hardware evolutivo', por lo cual es reconocido internacionalmente, tiene dos patentes en diseño de circuitos electrónicos. Decano del departamento de informática y comunicaciones de la

Heigvd (Universidad de Ciencias Aplicadas) e investigador de la Escuela Politécnica Federal de Lausana desde 1976.

Actualmente dirige el proyecto de investigación Coch, financiado por los gobiernos suizo y colombiano. "El propósito es desarrollar una serie de herramientas informáticas que modelicen los cultivos de guanábana, lulo y mora, para predecir y describir el comportamiento de estos cultivos y ayudar así a aumentar la productividad", explicó. Actualmente tres becarios colombianos trabajan con él en Suiza. En Colombia lidera el proyecto la Corporación Biotec, un centro de desarrollo tecnológico e innovación que dirige Myriam Sánchez, en Palmira, Valle.

El experto en robótica e inteligencia artificial Carlos Moreno lleva 25 años de vida profesional en Francia. Ha contribuido al desarrollo de esta disciplina en ese país, tanto desde la teoría como a través de sus aplicaciones en los campos nuclear, médico y aeronáutico. Participa activamente en las políticas de innovación en Francia y se mueve entre organismos públicos, mixtos y privados de alto nivel. "Construí mi carrera científica y profesional por mi propia cuenta, sin apoyo particular", dijo a esta revista.

En el caso del bogotano Cristian Samper, una oportunidad laboral lo sedujo y partió para Estados Unidos. Ph.D en ecología tropical de la Universidad de Harvard, fue el primer director del Instituto de Investigación de Recursos Biológicos Alexander von Humboldt en Bogotá, y desde allí formuló la política nacional de biodiversidad para Colombia. Hoy día es director del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian, con sede en Washington, que cuenta con 126 millones de especímenes relacionados con la geología, la paleontología, la biología y la antropología, la más grande colección del mundo.

"Continúo vinculado con Colombia a través de un proyecto de investigación en la reserva natural La Planada en Nariño", comentó Samper a SEMANA. "Junto con la Fundación FES y el Instituto Humboldt tenemos una parcela permanente en la cual estamos estudiando 115.000 árboles y arbustos para comprender la dinámica de los bosques andinos".

Son cientos de nombres más, que se unen a los ya conocidos de Rodolfo Llinás, el neurofisiólogo bogotano, jefe del departamento de fisiología y neurociencias de la Universidad de Nueva York, o el inmunólogo sincelejano Edmond Yunis, del Instituto de Cáncer Dana Farber en Boston. Cada uno de estos científicos es una muestra de que a pesar de las dificultades y de tener que haber salido del país, lo siguen llevando, más que en sus corazones, en sus cerebros.

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