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| 11/7/2009 12:00:00 AM

Cero alcohol

Una nueva ley califica de homicidas a quienes sufran un accidente mortal mientras manejan con tragos. Busca convencer a las personas de que conducir borrachas sí es muy grave.

Tome en serio la ley; si va a manejar, no tome". Este es el eslogan de la campaña que desde hace dos semanas se escucha en las principales emisoras del país y con la que el Fondo de Prevención Vial busca dar a conocer los alcances de una nueva ley, la 1326, que endurece las penas frente a manejar embriagado. Según esta legislación, conducir con tragos o bajo la influencia de sustancias sicoactivas y tener un accidente en el que haya víctimas fatales puede costarle a alguien hasta 27 años no excarcelables tras las rejas. La ley fue sancionada por la Presidencia de la República en julio, pero ante la falta de conocimiento, el Fondo decidió promoverla en los medios de comunicación para alertar a quienes aún creen que pueden salir bien librados si toman y manejan.

Aldemar Calderón*, un diseñador gráfico de 37 años, sabía de la norma pero nunca pensó que él sería uno de los que tendrían que vivir en carne propia su rigor. El 12 de septiembre, a las 9:30 de la mañana, bajaba en su carro por el puente de la avenida de las Américas, cuando una pareja se atravesó de manera imprudente en su vía. Él, que iba a 75 kilómetros por hora, no alcanzó a frenar y atropelló al señor, quien falleció en forma instantánea. Su reacción nerviosa al mirar el espejo y ver el cuerpo del hombre de 74 años en el piso fue acelerar al máximo, pero a tan solo 15 cuadras un grupo de taxistas lo cerró para que se detuviera. Enseguida llegó la Policía y le hicieron la prueba de alcoholemia. "Yo estaba amanecido, pero no borracho", dice. Había tomado la noche anterior y prefirió dormir en donde una amiga para no arriesgarse a salir de noche en ese estado. A esa hora iba de regreso a su casa. Pero dormir no fue suficiente. El alcohol permanece en la sangre durante casi 72 horas y por eso, su prueba marcó grado 1. Pese a que el peatón había cometido una imprudencia, el hecho de que Calderón tuviera alcohol en la sangre fue suficiente para que la balanza se inclinara en su contra. Inmediatamente fue llevado a una estación en la calle 100 y luego a la cárcel La Modelo, donde tuvo que pasar tres días. Gracias a que no tenía antecedentes, el juez le dio cuatro años de cárcel que debe cumplir bajo la figura de arresto domiciliario. Y aunque prefiere "10 mil veces" estar en su casa encerrado que en la cárcel, confiesa que se le desbarató la vida. Quedó sin trabajo (mantenía a su mamá), sin posibilidad de salir a la calle y con el peso de la culpa.

Como el caso de Calderón hay varios. El aviador Sebastián Sánchez mató a dos personas el 27 de agosto de 2007 cuando se pasó un semáforo en rojo mientras conducía embriagado y a alta velocidad. Aunque el accidente sucedió hace dos años, la Fiscalía logró que fuera condenado bajo la nueva ley, no por un simple accidente de tránsito, sino por el delito de homicidio doloso, es decir, con intención. Sánchez cumple una pena de 18 años.

Anteriormente, causar la muerte de otro en un accidente de tránsito era menos grave. Aun si el responsable iba en estado de embriaguez, el Código Penal contemplaba una pena máxima de tres años, o sea excarcelable. "La persona podía seguir trabajando en libertad condicional sin mayores problemas", dice el abogado penalista Óscar Aux Cantor. A este delito se le seguirá llamando homicidio culposo agravado, pero la novedad es que la pena aumentará cuando sucedan estos agravantes: que el conductor emprenda la huida, que esté manejando sin pase o éste le hubiera sido suspendido, o que en el momento del accidente transporte pasajeros, carga pesada, niños o ancianos sin la licencia requerida. De todas estas eventualidades, sin embargo, la que tiene más peso es la de ir embriagado y huir del lugar sin justa causa, en cuyo caso la pena se duplicará. Si alguien atropella a un peatón que por imprudencia atravesó la calle por donde no debía, quedaría libre. Pero si en esa misma situación, el conductor tiene tragos, "ya no se mira la culpa del peatón, pues toda la responsabilidad recae en él", señala Aux.

Hay que tener en cuenta que para que la prueba salga positiva basta haber tomado una cerveza o un vino, lo que indica que con una copa nadie debería tomar el volante. "Está comprobado que en este estado se pierde la capacidad de reaccionar a tiempo, se altera la percepción de riesgo y se disminuye la visión", dice el mayor Eiber Fernando Alonso, comandante encargado de la Policía de Tránsito de Bogotá. Tampoco sería aconsejable conducir un carro con guayabo, pues no sólo sus reflejos todavía estarían lentos, sino que en caso de que algo pase, las pruebas darían positivo y la justicia podría señalarlo como culpable.

Algunos creen que la nueva ley es demasiado dura, pero la mayoría opina lo contrario. "No es un accidente ir borracho a 120 kilómetros por hora. Eso se podría haber evitado", dice Alexandra Rojas, directora del Fondo de Prevención Vial. "Hay que acabar con la idea de que este es un asunto del destino. El comportamiento de las personas es determinante en la seguridad vial", enfatiza. Rojas asegura que los colombianos saben que tomar y manejar al mismo tiempo está mal y eso, según ella, es un gran avance. Pero aún la gente sigue haciéndolo, y el 30 por ciento de los accidentes son ocasionados por embriaguez. Según las cifras de la Policía de Tránsito de Bogotá, desde enero hasta la fecha los agentes han puesto 6.085 comparendos por manejar embriagado, apenas 16 por ciento menos que el año pasado. Una investigación del Instituto Colombiano de Medicina Legal encontró que uno de cada tres conductores muertos tenía trazas de alcohol en la sangre. Lo que busca la ley es que la gente entienda que este comportamiento es igual a cargar un arma, o a armar una bomba que en cualquier momento puede explotar. "Si yo disparo indiscriminadamente y mato a alguien, no puedo decir que fue un simple accidente. En el caso de la embriaguez al conducir es lo mismo", dice Rojas.

Si bien las cifras de accidentalidad han bajado desde 1995, todavía se presentan en el país alrededor de 5.000 muertes por accidentes de tránsito. Según Camilo Cano, director de prevención de Colseguros, "en 2006 Colombia era el tercer país latinoamericano con mayores accidentes fatales". Lo paradójico, dice, es que hay esa cifra de muertos con un parque automotor de 4,2 millones de carros, mientras que en países como España, aproximadamente se presentan 4.000 muertos con 26 millones de vehículos. "Con muy pocos carros hacemos muchos estragos", dice.

No obstante, el impacto de estas muertes es mucho más grande si se tiene en cuenta que el 53 por ciento corresponde a personas menores de 40 años, que todavía tienen una vida útil por delante. Las estadísticas muestran que las víctimas son los actores viales más vulnerables, es decir, el peatón, el pasajero, el conductor de moto y el ciclista.

Y más allá de las cifras, los casos individuales muestran el drama de cada vida perdida: el del joven atropellado que sostenía a toda la familia, el de la mamá que deja tres hijos, el del hombre que salía a trabajar y nunca regresó. "Nuestra lucha es bajar esos números y si la pena es muy dura, es porque de eso se trata, de mostrarle a la sociedad la gravedad del error que cometieron", dice Claudia Puentes, directora administrativa del Fondo.

Eso lo entiende hoy Aldemar Calderón. Aunque la norma le parece severa, considera que está bien para que la gente aprenda a ser más responsable al volante. Mientras cumple su sentencia, quiere contar su historia para que "otros nunca contemplen manejar siquiera con una cerveza en la cabeza".

* Nombre cambiado
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