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| 9/16/1991 12:00:00 AM

CIERTAS HIERBAS...

La moda de las pócimas chinas ha entrado con furor en Occidente.

EL ORIENTALISMO ha vuelto a cautivar a los occidentales. Los antiguos secretos chinos para preservar la salud, belleza, juventud y energía, son cada vez más buscados. En todas partes, desde las grandes fiestas de Manhattan hasta las callecitas del Soho se oyen voces que alaban el poder curativo de las hierbas y se intercambian fórmulas.
Esto no es raro. Al parecer, cada cierto tiempo al mundo lo invade una nueva ola verde. En los años 70, la generación hippie alcanzó su mayoría de edad y buscaba cómo sanar su espíritu. Ahora, ya cuarentones, han dejado el cigarrillo, la droga y el alcohol y buscan sanar su cuerpo y se encuentran de nuevo rodeados de frascos, polvillos y hierbas:
La milletia, recomendada para mejorar la circulación y curar la artritis; las semillas de arroz que ayudan en la digestión; el fuling, que alivia la retención de líquido y sus implicaciones, como la celulitis. El espino, que tiene la reputación de fortalecer el corazón; el caballo de mar que, se cree, aumenta la producción de testosterona y en consecuencia reaviva el deseo sexual, o el reishi, un hongo que combate el estrés...
En Occidente el tema de la medicina herbal está cargada de controversia. El establecimiento médico la ve con desconfianza y la mayoría de los médicos atribuyen las curaciones al efecto de placebo, es decir, al poder de la mente sobre el cuerpo.
Efectivo o no, lo cierto es que las autoridades de salud no se encargan de investigar las hierbas para probar su efectividad y seguridad, de la misma forma que se hace con los productos farmacéuticos antes de concederles una patente. Algunos países han alcanzado soluciones parciales para enfrentar el dilema. Hace poco, Canadá decidió que las preparaciones herbales utilizadas por tradición y que se demuestra que no son peligrosas, pueden ser vendidas en las droguerías. En Alemania cualquiera puede comprar y vender este tipo de preparaciones. Pero por otra parte, queda el interrogante de si el ciudadano promedio puede darse el lujo de autorrecetarse.
Recientemente un grupo de especialistas de Toronto expuso el caso de una mujer embarazada que abusivamente consumió ginseng, para recuperar vitalidad. Como consecuencia su hijo se vio afectado en forma extraña: algunas zonas del cuerpo del bebé estaban totalmente cubiertas de pelo. Quienes contradicen la versión afirman que el abuso de ginseng puede aumentar la presión arterial o causar excitación e insomnio pero no este tipo de problemas. Y señalan que la mujer tomó una sobre dosis de un producto contramarcado ginseng siberiano, que en realidad no es la raíz china tradicional sino eleutheros, una planta con propiedades masculinizadoras.
Al parecer, como en la medicina tradicional, en la herbal las consecuencias de autorrecetarse también pueden ser graves. Sus efectos pueden ir desde lo inocuo hasta lo letal. En el estudio de Toronto se registra también el caso de una mujer que utilizaba un aceite para aliviar el reumatismo. Aunque jamás se le quitaron los dolores, su gato enloquecía cada vez que ella se untaba el menjurje. En el estudio también se cita el caso de un tendero de Nueva York que tenía un extraño dolor e inflamación en un dedo. Acudió a un yerbatero en busca de ayuda y éste le dijo que sufría
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