Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2004/08/22 00:00

Colombia malnutrida

Los colombianos se alimentan mal. Su dieta es poco variada y rica en carbohidratos, lo que se traduce en desnutrición y obesidad. Este es un panorama de la problemática.

Colombia malnutrida

Jonathan es un adolescente de 14 años que vive en las cumbres de Soacha, un lugar con vista privilegiada hacia la sabana de Bogotá pero donde abundan los problemas. Ese viernes no tuvo que ir a la escuela pero sí quedarse en su casa cocinándoles a sus cuatro hermanos de 12, 9, 8 y 6 años mientras su madre trabajaba en un hospital en el norte. De desayuno les preparó aguadepanela con pan. Para el almuerzo tenía pensado hacer alverjas, arroz, plátano y papa. En la noche calentaría las sobras. Él mismo decide el menú y compra los alimentos en una tienda. "Me gasto como 3.000 pesos. Cuando no tengo plata me toca fiar", dice. El pollo y la carne es un lujo esporádico, cuando su madre recibe el sueldo. Las frutas y verduras también son muy costosas. Cuando la ONU donó una licuadora a la escuelita donde Jonathan cursa segundo, los profesores exclamaron "¿de dónde vamos a sacar la fruta?". En casa de Jonathan y en la de muchos vecinos se consume sobre todo pastas, arroz, huevo y algunas leguminosas. La comida en el colegio no es más variada. Todos los días comen lentejas preparada en varias formas con la ayuda humanitaria del Programa Mundial de Alimentos. "Estos niños vienen a comer, no a estudiar", dice Joana Andrea Barrero, profesora de Jonathan. Es tal vez el único lugar donde los estudiantes se quejan al salir a vacaciones. El día que no hay clases todos regresan desilusionados a sus casas. Son niños desnutridos que conocen el hambre. "Llegan paliduchos, viven con gripas, están muy flacos y a pesar de todo son juiciosos", dice la profesora.

"Yo arranco el día con un tinto y un cigarrillo y cuando arranco empieza el boleo", dice Alfonso Martínez, un joven ejecutivo de la Bolsa. El estrés de su oficina le ha desorganizado su alimentación. "De lunes a viernes como muy mal". Esto significa además que aplaza el almuerzo o sólo hace una comida al día, la cena. "Se me olvida comer porque estoy trabajando. Aun cuando salgo a almorzar con clientes como muy poco porque estoy concentrado en el trabajo". Un almuerzo de un día típico puede ser medio crepe de atún. Si sale temprano se va a su casa a comer lo que él llama un plato "trancado": carne, arroz y papa. "Verduras y frutas, nunca". Cuando debe trabajar hasta tarde se le quita el hambre y simplemente se come unas galletas para distraer su gastritis. "Estoy 20 kilos por debajo y el médico me dice que tengo que sacarle tiempo a la comida pero eso no se puede".

Entre estos extremos se debaten los colombianos. Unos por exceso, otros por defecto. Algunos no tienen acceso por falta de dinero, otros podrían alimentarse bien pero no lo hacen. Al final todos confirman un diagnóstico: los colombianos se alimentan mal. La desnutrición ha aumentado, como la obesidad, el hambre y los trastornos alimentarios. Para los expertos, en los estratos altos prima la cultura del 'Acpm', que es arroz, carne, papa y maduro. "No pasan hambre pero con una dieta así se puede llegar a la malnutrición,", dice la especialista Claudia Angarita. En los bajos son las harinas y el aguadepanela. En todos el consumo de vegetales y frutas es muy bajo. Una nutrición con esos desequilibrios, según Facundo Ángel, director de la Asociación Colombiana de Comedores Escolares, es como "tratar de hacer una casa con cimientos de arena.".

Aunque no existen estadísticas recientes, estudios puntuales corroboran este panorama. Se calcula que el 40 por ciento de la población tiene sobrepeso. El 13,5 por ciento de los menores de 5 años sufren de desnutrición crónica en el país. Cuarenta y seis por ciento de las embarazadas tienen anemia por falta de hierro y el 14,2 por ciento de la población sufre de deficiencia de la vitamina A. Un trabajo de la Universidad de Antioquia encontró que el 33 por ciento de los adolescentes están en riesgo de sufrir trastornos de la conducta alimentaria, como anorexia y bulimia. Los datos de la Alcaldía de Bogotá indican que en la capital, en 8,6 por ciento de los hogares hay al menos un miembro que no come al día por falta de ingresos. El índice de desnutrición entre la población desplazada es mayor que el promedio nacional y se considera que 41 por ciento pasa hambre. Según la Encuesta de Calidad de Vida de 2003, sólo en la región central 11 por ciento de los hogares dejaron de consumir las tres comidas, uno o más días a la semana por falta de dinero. Ni los hospitalizados se escapan. Un estudio de la Federación Latinoamericana de Nutrición Parenteral y Enteral, Felanpe, mostró que hasta 50 por ciento de los pacientes de los hospitales sufren de desnutrición.

País de extremos

Colombia es un país en transición nutricional. Esto quiere decir que aún se presentan los problemas de alimentación propios de los países en vías de desarrollo, pero al tiempo se están incrementando las problemáticas de los industrializados, como la obesidad.

Si bien las cifras globales de desnutrición han mejorado en los últimos años, los índices en la crónica aún son altos, sobre todo en el campo. Uno de cada cinco niños de las zonas rurales sufren de retardo de crecimiento en comparación con uno de cada ocho en las ciudades. Los casos más dramáticos son los de Cauca y Nariño, donde el porcentaje de los menores de 5 años con desnutrición crónica es de 24,5. También están afectados el litoral Pacífico y Bolívar, Sucre y Córdoba. "Esto sucede porque en la zona rural hay menos acceso a la variedad y menos servicios complementarios como salud, vivienda y educación", afirma Ana Mercedes Cepeda, del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar.

Estas cifras son preocupantes pues la desnutrición crónica implica un retraso en el crecimiento; "la estatura perdida no se recupera", dice María Cecilia Cuartas, del Programa Mundial de Alimentos (PMA). "También nos dice que ha habido problemas estructurales y ausencia de buena alimentación en un período de por lo menos seis meses", agrega.

No existen datos en adultos. La investigación se ha concentrado en la población infantil pues es la más vulnerable. "La desnutrición genera una pérdida en potencial humano que es muy difícil de calcular pero que sí está reconocida", dice Peter Goossens, director en Colombia del PMA. Los niños con hambre no aprenden. El organismo requiere energía para funcionar y la fuente que usa es el azúcar. El cerebro es el órgano que requiere mayor suministro, casi 80 por ciento, sólo para mantenerse alerta. Este nivel baja cada tres horas, lo que produce hambre. Según Facundo Ángel, los niños de Colombia que se alimentan con aguadepanela y pan y luego deben caminar largo trecho para llegar a la escuela gastan su energía y entran a clase con hambre. "Un niño con hambre no puede aprender.". Esto lo ha visto Edwin García Osorio, profesor de segundo en una escuela rural del Cesar. Algunos niños llegan sin desayuno y otros se comen un plátano con mantequilla o una aguadepanela porque es lo que hay. "En el salón son apáticos. Hace unos días a uno le dio la pálida en clase".

Una mala alimentación impide tener vitaminas y minerales. Esto, a su vez, provoca enfermedades.. La falta de hierro, por ejemplo, causa anemia. El índice de niños con ese mal es mayor en la zona rural que en la urbana. La región más afectada es la Costa Atlántica, y las mujeres también están en riesgo. La Encuesta de Demografía y Salud de 2000 encontró que 3 por ciento de las mujeres tienen un índice de masa corporal (IMC) tan bajo que podría incidir en el peso de su hijo. En lactancia las cosas no son mejores. En 10 años se logró que este hábito pasara de un mes en el 90 a casi dos en 2000. Pero la costumbre de amamantar en forma exclusiva durante los seis primeros meses, importante para evitar enfermedades, ha venido disminuyendo.

Problema de peso

Tan grave como no comer suficiente y estar desnutrido es comer mucho y tener sobrepeso. No hay un estudio global que muestre el problema en el territorio colombiano, pero existen investigaciones por sectores que confirman una tendencia al aumento de peso. Un sondeo de la Asociación Colombiana de Obesidad y Metabolismo (Ascom) de 2001 en todos los estratos, entre los mayores de 18 años que iban a la Registraduría por la cédula, encontró que el 40 por ciento tenía sobrepeso. El 4 por ciento sufría de obesidad mórbida, es decir, estaban 50 a ciento por ciento por encima de su peso ideal. La Encuesta Nacional de Demografia de 2000 encontró que hay sobrepeso en 40 por ciento de las mujeres de edad fértil, es decir, de14 a 44 años.

Lo preocupante es que la obesidad no es, como muchos creen, un problema de la abundancia. En los estratos bajos también está presente. "A veces hay coincidencia de obesidad y desnutrición en la misma familia, afirma el médico Luis Fajardo. La madre es obesa y su niño tiene desnutrición".

Un reciente estudio en Bogotá reveló que la población infantil también está en riesgo de obesidad. El trabajo que involucró a estudiantes de entre 5 y 12 años de centros de educación distrital, en los estratos 1 y 2, encontró que 2,9 por ciento de esta población tiene sobrepeso u obesidad. La cifra, según los investigadores, alerta sobre un problema que puede crecer.

Colombia se encuentra en el tercer lugar de Latinoamérica en los índices de obesidad, después de Brasil y México. La explicación es compleja. Por un lado está la economía, que determina a qué alimentos tienen acceso las personas. Los menos costosos son los carbohidratos, que además calman el hambre. "Pero al tiempo son los de mayor densidad calórica, los que más engordan", dice Luz Nayibe Vargas, de la Universidad Javeriana. De ahí que el simple hecho de comer no significa una buena dieta.

El problema con el sobrepeso y la obesidad es que generan enfermedades crónicas y de alto costo. El exceso de grasa podría aumentar el colesterol, la tensión arterial y generar diabetes. El síndrome metabólico, que va en aumento en Colombia y en el mundo, ocurre cuando se presentan estas condiciones simultáneamente. Algunos estudios han encontrado una relación entre sobrepeso y cáncer. Al aumentar el peso se incrementa el riesgo de tumores en el seno, el colon y del endometrio.

Malos hábitos

Cuando la gente puede adquirir alimentos surge la falta de educación para tener una dieta balanceada. Según el Icbf, el 90 por ciento de la población consume arroz a diario. Un 73 por ciento come frutas y hortalizas, pero hay regiones donde este índice es muy bajo, como en Putumayo, donde sólo lo hace 30 por ciento, y en Chocó, donde sólo el 25 por ciento tiene esta costumbre. Además la fruta se toma en jugos, con lo que se pierden fibra y vitaminas. Apenas 67 por ciento de los niños consume a diario las verduras. Este porcentaje disminuye en las demás edades. En Cauca, Nariño y Chocó el consumo de verduras es sólo de 30 por ciento. En el área rural, paradójicamente, donde la posibilidad de encontrar estos productos es mayor, el consumo de frutas y verduras es muy bajo. "Los campesinos están acostumbrados a ver los frutales como paisaje. Se pierden cosechas de guayaba y de mango porque la gente no sabe su valor nutricional", dice Ana Cepeda, del Icbf.

Los resultados preliminares de un estudio aún sin publicar de la Universidad de Antioquia y la gobernación de ese departamento confirman esta tendencia. El estudio muestra que los cinco primeros alimentos que se consumen en el 30 por ciento o más de los hogares en Antioquia son arroz, papa, panela, aceite y fríjol. "Es una alimentación muy poco variada", dice Martha Cecilia Álvarez, directora de la investigación. La primera verdura que aparece en el listado es el tomate, en el puesto nueve, y la primera fruta, el limón en el puesto 15. Los 12 alimentos diferentes que contribuyen con el 85 por ciento de la energía disponible son arroz, panela, aceite, fríjol, maíz, azúcar, carne de res y cerdo, plátano, papa, tocino y yuca. "Este dato nos corrobora que es una dieta energética con ausencia de alimentos con minerales y vitaminas", dice la experta.

Algo similar pasa en Bogotá. Los datos del Plan Maestro de Abastecimiento de Alimentos muestran que mientras se consumen a diario 325 gramos en promedio por día de cereales y tubérculos, apenas se consumen 43 gramos de verduras y 47 de fruta. "No hay que ir lejos para enterarse de que la alimentación es desbalanceada, dice Ángel Facundo. "Sólo hay que abrir un libro de cocina colombiana para encontrar el ajiaco y el sancocho, que son cocidos de harina".

Una dieta balanceada parece cada día más difícil. La urbanización y el agite del trabajo han ocasionado cambios en la forma como se alimentan los colombianos. Ya no se come en familia, muchos almuerzan ante el computador o el televisor y la decisión de qué comprar está mediada por el dinero y el tiempo. La comida debe ser barata y rápida. Por ello, aunque la gaseosa sea más cara que una papaya, mucha gente prefiere comprar estas bebidas, de alto aporte calórico, que prepararse un jugo. "Hemos cambiado malos hábitos por nuevos malos hábitos", dice Rami Mikler, cirujano miembro de Asociación Colombiana de Obesidad y Metabolismo (Ascom).

Para algunos, los hipermercados han incidido en que le dan mayor espacio a los paquetes, los concentrados, dulces y enlatados, que a las frutas y verduras. "De esta manera ejercen un poder grande para manipular la compra", afirma Luis Fajardo.

Pobreza y hambre

El recrudecimiento de la guerra y la recesión económica han afectado la alimentación de los colombianos, sobre todo en los desplazados (ver recuadro). A esta situación se suma la de cerca de cinco millones de personas que no son desplazadas pero que también viven en la pobreza absoluta. Una encuesta del Dane señala que la pobreza creció de manera importante en los últimos años, en especial a partir de 1999, con la crisis económica. Hoy el 66 por ciento de los colombianos están por debajo de la línea de pobreza. El informe muestra que Chocó, Cauca y Nariño presentan los índices más deteriorados, seguidos por la Costa Atlántica. "Regiones que hasta hace 15 años mostraban mejores condiciones de vida hoy sufren severas restricciones alimentarias causadas por el deterioro de los ingresos en las familias", dice en un informe Alfredo Manrique Reyes, del Programa de las Naciones Unidas para el desarrollo (Pnud).

En el mismo informe del Dane se hizo la siguiente pregunta. "Por falta de dinero ¿alguna persona del hogar dejó de consumir las tres comidas, uno o más días a la semana?". El 8,3 por ciento de los hogares, es decir 3,5 millones de habitantes, respondieron en forma afirmativa. Esta respuesta fue más frecuente en la región central, donde el 12 por ciento no come por falta de recursos. En la Costa Atlántica le sucede al 9,2 por ciento.

Según datos del programa Bogotá sin hambre, en la capital del país 8,6 por ciento de los hogares tienen al menos un miembro que no consume ninguna de las tres comidas diarias por falta de ingresos. Mateo y Juan Camilo Torres, de 11 y 9 años, saben lo que es eso. Estos dos pequeños que viven en el barrio El Arroyo en Ciudad Bolívar, sólo tienen derecho a un almuerzo que les ofrece un restaurante escolar. Por eso todas las mañanas tienen que jugar un cara y sello por el almuerzo.

Un estudio de Fenalco encontró que hubo una caída en las ventas de alimentos en las grandes superficies. Mientras en 1998 la venta era de 43,7 por ciento, hoy descendió al 40. El Dane también encontró que entre enero y abril de este año se vendieron 1,6 por ciento menos alimentos y bebidas no alcohólicas que en el mismo período en 2003. "El hambre de aquí es diferente a la de África", dice Peter Goossens, director en Colombia del Programa Mundial de Alimentos. "No se ve falta de alimentos pero sí, un efecto crónico por una dieta deficiente que ha llevado al país a la malnutrición".

Los expertos señalan que el hambre y la pobreza tienen que ver con las inequidades sociales, que cada vez se acentúan más en el país.

En el tema también influye la mala distribución. Según Eduardo Díaz Uribe, director de Bogotá sin Hambre, hay un sobrecosto de 21 por ciento en muchos alimentos debido a la deficiencia en el manejo y la distribución. Las vías también inciden pues en ciertas regiones, como la Sierra Nevada de Santa Marta, los pobladores son los que deben bajar a conseguir comida a los pueblos. "Los indígenas tienen que someterse a comer lo que encuentren en esos mercados", dice Adriana Rozo, del Ministerio de Protección Social. En otras zonas la oferta está controlada por la demanda y esto hace que no sea variada. Por eso sufre doña Margarita, una habitante de Pandi, Cundinamarca, quien sufre de diabetes. Aunque los médicos le aconsejaron comer muchas verduras y frutas, allí siempre llegan los mismos productos. "En la misma ciudad uno ve que hay sectores donde sólo venden arveja, tomate, cebolla y zanahoria, mientras que en otros hay mucha más oferta", asegura Rozo.

Conocer la realidad

A pesar de la situación actual, el país había conseguido logros nutricionales en 2000, cuando fue certificado como un país libre de bocio gracias a los programas de fortificación de yodo en la sal de mesa. También se ha puesto en marcha otro programa para fortificar la harina de trigo con hierro y vitaminas del complejo B, para combatir la anemia. Tampoco se puede negar que hoy existe gran variedad en ciertos supermercados que han ampliado los menúes de los colombianos.

La fundación Nutrir está trabajando con las madres para cambiar las costumbres.. Una de las más arraigadas es favorecer al hombre de la casa. Con charlas les hacen ver que los niños están primero y que son ellos quienes deben recibir el mejor plato. Además se les enseña a aprovechar cualquier presupuesto. "Si tienen 500 pesos se les dice cómo invertirlo mejor. Que en lugar de comprar una gaseosa compren una guayaba y en vez de pan blanco compren una arepa", explica Carmenza Peña, nutricionista de la fundación.

Por otro lado, la asociación de comedores escolares busca integrar a agricultores, comerciantes y colegios para lograr una mayor cobertura. Programas como el Plan Maestro de Alimentos de Bogotá y Maná en Medellín son esfuerzos modelo en el país.

Pero lo más importante es conocer la situación nutricional de cada departamento. El Icbf desarrollará desde septiembre uno de los estudios más completos. Se trata de la encuesta nacional de nutrición, que no sólo tomará medidas antropométricas sino que evaluará hábitos, riesgos, actividad física, niveles de micronutrientes y lactancia materna. De esa manera se podrán diseñar políticas de intervención más enfocadas en la realidad y que le enseñen a la población a alimentarse mejor.

Contactos:

Fundación Colombiana de Obesidad. Funcobes

Tels: 5302838 - 5302839

Dirección: Cll 79 A # 18 - 36

Mail: funcobes@tutopia.com

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