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| 7/26/1982 12:00:00 AM

COMIDA A LA CARRERA

Tal vez era inevitable. También a nosotros nos llegó la era de la hamburguesa.

¡Uno, dos, tres! ¡Almuerzo en minutos! Comida rápida. Una muestra más del "agringamiento" progresivo de las costumbres colombianas. Están quedando atrás los largos almuerzos con sorbete, sopa, seco, postre, aromática y sobremesa, para no mencionar los preciosos minutos de la siesta reparadora. La atafagada vida de las ciudades, muchas contaminadas ya, con problemas de tráfico e inseguridad, empieza a dar cabida, especialmente a la hora del almuerzo, a los "sánduches", hamburguesas, perros calientes, gaseosa o café que se ingieren en 15 o 20 minutos prolongables si hay una buena compañía y tema de qué hablar. Comida en serie para gente programada. "Fast food", un producto más para consumir, junto con el "rock'n roll", los aerosoles, el chicle y los enlatados de televisión. El sistema de comida rápida, "american way of life", que se caracteriza porque los materiales en que se sirve son desechables, el autoservicio y una carta con pocas alternativas de escogencia, está diseñado para que la atención al cliente no dure más de 90 segundos. Sin embargo, en Colombia, una cierta reticencia al autoservicio, porque a los colombianos les encanta que les sirvan en la mesa, y la general indecisión de los comensales, no han permitido la máxima eficiencia del sistema. Por otro lado, aún persiste, en muchos sectores de la población, el gusto por el tradicional "almuerzo completo" o la "bandeja", más llenadores y... más baratos.
Aunque, estrictamente, el fenómeno de la comida rápida es diferente al ya más antiguo mercado de la hamburguesa, los colombianos consideran que el almuerzo con hamburguesa, así incluya servicio a la mesa, forma parte del fenómeno de la "fast food".

HAMBURGUESAS CON ALAS
En ese mercado varias firmas compiten en la cantidad y la calidad de las unidades que venden por dia. Dos casos son el de Whopper King con 15 locales en Bogotá y una venta diaria promedio de 1.500 hamburguesas y el de Wimpy con 25 locales, también en Bogotá, con 2.500 hamburguesas de venta diaria, lo que significa, gramos más, gramos menos, un consumo de 12.000 libras de carne molida al mes. Pero en el país solamente dos firmas cumplen realmente las condiciones de la comida rápida: Del Oeste, una empresa que se inició en Medellín hace 3 años con 9 locales y que, desde hace dos, tiene 3 más en Bogotá, y Presto que, en mayo de 1981, abrió casi simultáneamente 5 centros en Bogotá y ahora cuenta con 2 en Cali, en Medellín y en Cartagena. Es una empresa nacional. Pertenece a Avianca y funciona por el sistema de concesiones. Presto es dueña de la infraestructura y Avianca se encarga de la comida, pues cuenta con una industria de alimentos para suplir las necesidades de los pasajeros en los vuelos de la aerolínea y tiene la capacidad y los equipos, antes subutilizados, para dotar a los concesionarios Presto en los 9 centros actuales. El proceso industrial de las comidas y la producción en serie suponen una máxima garantía de calidad e higiene. Las máquinas muelen la carne, preparan las hamburguesas que, dentro del mismo proceso automatizado, pasan al congelador y luego, casi sin que las toque la mano del hombre, llegan al consumidor. Sin grasas ni planchas de "refritos", un "chef" prepara, "al vuelo", los 7 tipos de hamburguesas y las 7 clases de platos que suman el total de alternativas para comer "a las carreras". "Fast food", un sistema que, lenta pero seguramente, está arraigando en los hábitos de los colombianos. Malo o bueno, lo cierto es que sutilmente, está revolucionando las costumbres y está produciendo efectos que pueden ser estudiados por la sociología. El ritmo de vida ha cambiado, se acelera cada día más. Almorzar ya no es la ocasión para reunir a la familia. Para la cita de amor, para la charla amistosa. Es una operación más del engranaje, una rutina más de la automatización que se repite y se repite hasta el punto en que, cuando por alguna extraña circunstancia se rompe, para un almuerzo "a todo dar", el organismo ya no lo resiste y el "alka-seltzer" se hace imprescindible. Para no hablar del rendimiento en el trabajo. El volumen del almuerzo es inversamente proporcional a la productividad. Si se almuerza con "todas las de la ley", la marcada de tarjeta a las 6 de la tarde, llega sin pena ni gloria y con una incipiente indigestión "entre pecho y espalda". Sin embargo, para lograr la máxima eficiencia del sistema (mejor mientras más gente atienda en menos tiempo) hace falta un detalle, la bolsita para guardar lo que sobra(?). Naturalmente los restos no serán como en los Estados Unidos, para el perro de la casa, sino para los gamines y pordioseros que deambulan por las calles de la ciudad.
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