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| 3/31/2017 8:28:00 AM

Cómo apoyar a los niños cuando pierden un ser querido

Perder un abuelo, uno de los padres, un hermano, un familiar cercano, un amigo o una mascota es una experiencia difícil para los niños y el inicio de un proceso que los padres deben acompañar y guiar.

*Por Gloria Isaza Posse

Contarle a un niño que alguien especial ha muerto es uno de los momentos más difíciles que puede enfrentar un padre. Aparecen dudas sobre lo que debe hacer y hasta dónde es conveniente involucrarlo: ¿qué decirle? ¿cómo explicarle lo que sucedió? ¿es bueno llevarlo a los rituales de despedida o es mejor dejarlo en casa? ¿cómo ayudarlo a manejar lo que siente? No resulta fácil en un momento en que los adultos están confundidos y tratando de manejar sus propias emociones.

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Cada niño es único y lo vive de manera diferente; el tiempo que dure este proceso dependerá de lo cercana que era la persona, la causa de su muerte y el apoyo que reciba de quienes le rodean. Es importante que lo viva: un duelo no resuelto genera miedos, inseguridad y dificultades en sus relaciones con los demás en el futuro.

En el momento de la muerte los padres deben enfrentar varias etapas:

  • Dar la mala noticia. Es importante contarles a los niños lo que ha sucedido, darles la información de acuerdo con su edad y de la manera más sencilla posible; decirles la verdad, aunque sea dolorosa. Estar cerca de ellos para apoyarlos y recibir su reacción: algunos niños expresan lo que sienten y hablan de lo sucedido, otros se quedan callados y prefieren estar solos o pueden actuar como si nada hubiese sucedido. Si ellos lo permiten, abrazarlos los hace sentir acompañados y les ayuda a aliviar el dolor; es una forma de escuchar y apoyar desde el corazón, más allá de las palabras.

  • Asistir a los rituales. Cada familia vive la muerte de manera diferente y tiene sus propias creencias. Es importante que los niños participen de los rituales de agradecimiento y despedida. Antes de asistir es necesario contarles lo que va pasar; explicarles que se trata de dar gracias por la vida de esa persona, por el amor que ella les dio y los momentos compartidos juntos. Acompañarlos sin forzarlos a lo que deben hacer o decir, permitirles preguntar y expresar lo que sienten y piensan. Cuando se les aísla de este proceso para que no sufran, los niños pueden imaginar que las personas desaparecen y sentir miedo de que esto suceda a otros familiares cercanos.

  • Después del funeral. Es frecuente que las familias se reúnan después del funeral para acompañarse, darse apoyo y fortaleza. Puede que se hable de lo que acaban de vivir, de la vida de la persona y recuerden momentos felices que vivieron juntos, que pueden hacerlos reír o llorar. Son experiencias que enseñan a los niños la importancia de la unión y la solidaridad en la familia.

 Algunas formas que pueden utilizar los padres para acompañar a los niños durante el duelo son:

  • Hablar con ellos. A veces los padres se sienten incómodos de hablar de lo que ha sucedido pues es un tema doloroso y del que no tienen todas las respuestas. Pero los niños necesitan conversar con alguien, contarle lo que han vivido, cómo se sienten y consultar sus dudas. Escucharlos es acompañarlos en su proceso, valorar sus sentimientos, recibir sus inquietudes, reconocer sus necesidades y su capacidad para entender lo que ha pasado. Es oírlos con atención para comprenderlos, evitar darles consejos, minimizar sus sentimientos, juzgar su manera de pensar o creer que los adultos siempre saben lo que es mejor para ellos.

  • Conectarse con sus emociones. Cuando los padres identifican y se conectan con lo que el niño siente, pueden guiarlo a descubrir sus emociones, entender la razón de su comportamiento y lo que necesita en este momento. Durante el duelo los niños tienen momentos de tristeza, miedo, rabia o culpa y otros en los que parecieran haber olvidado la pérdida. Es importante respetar estos cambios de ánimo y crear un ambiente que les permita expresar sus sentimientos; inventar historias y dibujar son actividades que pueden ayudar.

  • Recordar a la persona. Hablar de la persona y recordar los momentos que vivieron juntos ayuda al niño a curar la tristeza y el vacío que deja la pérdida. Contar anécdotas, momentos divertidos, cuando se ponía brava o cometía algún error, le permite entender que su ser querido seguirá siendo parte de su vida y que el gran amor que se tenían se mantendrá vivo en su corazón. Se pueden elaborar álbumes de fotos, hacer una cajita de recuerdos con objetos que el niño quiera guardar de la persona, un libro sobre la vida juntos o dibujos que representen su historia. Cuando se deja de hablar de la persona, los niños sienten miedo de olvidarla.

  • Regresar a las rutinas diarias. Los niños necesitan regresar al colegio, retomar las rutinas y volver a cumplir con las tareas que les corresponden. Así podrán recuperar la seguridad, el orden y la sensación de estabilidad en la familia. Es importante que todos reinicien sus actividades y se vayan adaptando poco a poco a los cambios. Se debe decidir quién asumirá los roles que esa persona tenía en la vida del niño, especialmente si vivía o pasaba mucho tiempo con él.

  • Compartir tiempo. Realizar diversas actividades y  compartir tiempo con los niños les ayuda a recobrar su seguridad, la certeza de tener quién los proteja y los cuide, a fortalecer la unión familiar y les muestra que la vida continúa a pesar de la pérdida. Retomar los rituales a la hora de comer o acostarse, hacer ejercicio, jugar, distraerse, pasar unos días de descanso juntos y encontrar momentos para dar y recibir afecto. Es necesario que los padres sean incondicionales para el niño y estén disponibles cuando él los necesite.

  • Construir una red de apoyo. Padres, abuelos, tíos, primos y amigos construyen una red que ayuda y acompaña al niño durante este tiempo; contar con personas que están pendientes de él le permite enfrentar el miedo a quedarse solo que puede aparecer con la pérdida. En un comienzo, es posible que el niño quiera estar acompañado, poco a poco irá recuperando su independencia. No se debe sobreprotegerlo ni sentir lástima por él, sino ayudarlo a encontrar fuerza para enfrentar la pérdida y seguir disfrutando de la vida como antes. 

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Perder un ser querido es un momento difícil para toda la familia. Vivirlo juntos es una experiencia que los une y los fortalece. Es una vivencia crucial en la vida de los niños, y los adultos son los encargados de acompañarlos, valorando y aprendiendo de la sabiduría que los pequeños muestran frente a esta realidad.

*Sicológa experta en infancia. Autora del libro Un momento difícil: la muerte de un ser querido, junto con María Elena López. 

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