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| 5/12/2017 3:19:00 PM

¿Cómo ganarse la confianza de los hijos?

La confianza es la seguridad que alguien tiene en una persona o en algo, es la capacidad para lograr un propósito, desarrollar un proyecto, cumplir una tarea o enfrentar las dificultades.

*Por Gloria Isaza Posse

Con frecuencia se  habla de la influencia que tiene el confiar en sí mismo y en los demás en la actitud frente a la vida, en el impulso para desarrollar los proyectos,  alcanzar los sueños y encontrar el camino que lleva a ser exitoso y feliz. Los padres son los primeros y principales maestros que tienen los niños en la construcción de la confianza. Aun cuando se trata de un valor presente en todas las relaciones, no siempre se sabe cómo explicarlo y enseñarlo a los hijos.

Se entiende por confianza la seguridad o esperanza que alguien tiene en una persona o en algo, en la capacidad para lograr un propósito, desarrollar un proyecto, cumplir una tarea o enfrentar las dificultades. Cuando se confía, la duda pasa a un segundo plano, se cree en sí mismo y en los otros, haciendo posible la conexión emocional necesaria para sentirse querido, valorado y comprendido.

Brené Brown, profesora e investigadora de la Universidad de Houston y autora de varios libros, afirma que la confianza es el resultado de las pequeñas elecciones que se toman diariamente; cuando se elige se puede construir o destruir la confianza en las relaciones; ha desarrollado lo que denomina la anatomía de la confianza en la que identifica varios aspectos que la componen:

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  • Límites. Cada persona debe conocer y respetar sus límites y los de los demás; poder preguntar qué está permitido y estar preparada a decir NO cuando se traspasen sus límites.
  • Cumplir siempre con los compromisos, saber hasta dónde se puede comprometer y si está en capacidad de hacerlo .
  • Hacerse cargo de lo que se ha pensado, dicho o hecho, asumir los errores y los aciertos.
  • Es fundamental para construir la confianza tener la certeza de que lo que se cuenta no va a ser compartido con otros sin su autorización.
  • Hacer lo correcto aun cuando no sea fácil, divertido o agradable. Actuar de acuerdo con los valores que se tienen.
  • No juzgar. Poder pedir ayuda al otro con la certeza de que no será juzgado por su comportamiento, sus dudas, miedos o equivocaciones.
  • Ser comprensivo al interpretar las decisiones, palabras y acciones del otro, sin pensar que su intención ha sido molestar o hacer daño. Promover la comunicación para aclarar lo sucedido y poder expresar lo que cada uno siente.

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Teniendo en cuenta estos aspectos que componen la confianza se puede enseñar a los niños a conocerla y construirla en las diferentes relaciones. Algunas claves para hacerlo son:

  • Enseñarle a establecer y respetar los límites. Ayudar a los niños a reconocer el derecho que tienen a no permitir que les hagan daño y el deber de no hacer daño a los demás, les enseña a poner limites sanos en sus relaciones. Aceptar que hay cosas que no pueden hacer y respetar que otras personas quieran algo diferente, les permite confiar en que no se harán daño ni serán blanco de agresión o maltrato. Cuando el niño interioriza sus límites aprende a respetarse a sí mismo.
  • Ayudarle a cumplir. Enseñarle a ser puntual, entregar sus tareas a tiempo, asistir a las actividades que ha elegido, terminar lo que ha comenzado y cumplir con lo que se ha comprometido, permite que los demás confíen en él y le enseña a confiar en sí mismo, a saber qué puede hacer y qué no. El ejemplo de los padres es fundamental, si ellos cumplen con lo que se comprometen los niños también lo harán. Cuando se cumple unas veces sí y otras no, se pierde la confianza.
  • Permítale hacerse cargo. Se puede confiar cuando los padres y los hijos se hacen cargo de lo que les corresponde. Hay que dejar que los niños tomen algunas decisiones, reconozcan y acepten lo que hacen, piensan y sienten. Acompañarlos en el proceso de tomar decisiones, de acuerdo a su edad, los prepara para enfrentar los errores y las dificultades de la vida y confiar en que pueden hacerlo. Aprender a reconocer cuando se equivocan, disculparse, perdonar y reparar sus faltas es necesario para valorarse a sí mismos y construir relaciones sanas con los demás; los adultos también deben disculparse con los niños.
  • No diga mentiras. La mentira, aunque la llamemos piadosa, hace daño a las relaciones. Cuando los padres mienten a los niños destruyen la confianza que existe entre los dos. No se trata de contarles todo, ni permitirles participar de los problemas de la pareja; hay que tener en cuenta lo que les corresponde saber de acuerdo a su edad y, en lugar de mentirles, aclararles que son temas de adultos. Si los padres dicen mentiras frente a los niños les enseñan que está bien hacerlo para no sentirse mal o hacer sentir mal al otro. Es fundamental que los niños aprendan a ser honestos con ellos mismos para que puedan reconocer sus sentimientos, fortalezas, fallas y limitaciones.
  • Fomente la comunicación. Mantener el diálogo abierto y sincero con los niños, escucharlos para entenderlos, disfrutar de sus historias y permitirles preguntar construye la confianza. Es importante que los padres encuentren el tiempo y el lugar propicio, donde  todos se sientan cómodos y tranquilos para hablar sin interrupciones. Recibir lo que el niño dice sin molestarse,  ponerse bravo ni juzgar, comprender que no siempre le es fácil contar lo que ha sucedido y que lo que necesita es su ayuda. Los niños tienden a confiar más en los padres que comparten sus experiencias con ellos.
  • No cuente lo que él le cuenta. Con frecuencia los padres comentan con otras personas las historias y vivencias de los niños sin darse cuenta que al hacerlo están afectando la confianza que existe entre los dos. Cuando el niño descubre que su relato no fue guardado como esperaba, se siente traicionado y puede dejar de compartir sus experiencias con ellos.
  • Sea comprensivo. No suponga que el niño ha actuado con la intención de hacer daño, molestar a sus padres o que le vaya mal. No quiere equivocarse a propósito; trate de entenderlo, buscar las causas de su comportamiento, ayudarle a encontrar soluciones y a afrontar la situación. Cada uno debe poder expresar cómo se siente y lo que espera del otro. Ayúdele a aceptar sus errores y a identificar lo que puede cambiar para que la experiencia no se repita. Esto le enseña a confiar en sí mismo y en los demás.

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La confianza siempre debe ser recíproca en la relación padre-hijo. Requiere de voluntad, constancia y  amor. Se construye durante toda la vida, a través de los pequeños y grandes momentos.  Confiar en ellos  y en quienes les rodean es una de las mas valiosas enseñanzas que se puede dejar a los hijos.

*Sicológa infantil. Autora de libros y conferencista.  

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