Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2010/04/02 00:00

Cómo querer hijos ajenos

Las madrastras no siempre son las malas del paseo. Un nuevo libro revela que sufren de ansiedad y depresión mientras tratan de asumir bien su difícil papel.

Algunas madrastras pueden tener inconvenientes con los hijastros a la hora de impartir disciplina en el nuevo hogar. Por eso es clave que el padre asuma el control y establezca normas claras.

Tradicionalmente la palabra 'madrastra' ha sido sinónimo de maldad. Algunos cuentos infantiles, como La Cenicienta o Blancanieves, han alimentado la idea de que son una especie de brujas, hasta el punto de que en el imaginario común se asocia a estas mujeres con personas manipuladoras y egoístas, que les hacen la vida imposible a sus hijastros.

Sin embargo, esta percepción no refleja la realidad. Lisa Doodson, profesora de Sicología de la Universidad de Thames Valley, en Inglaterra, publicó el libro Cómo ser una madrastra feliz, en el que muestra que las mujeres que asumen este papel son también víctimas de la situación y por ello ofrece una serie de consejos sobre cómo afrontarla.

Doodson ha vivido esta experiencia en carne propia como madre de dos hijos biológicos y de un hijastro de 11 años, lo que la animó a indagar más sobre el tema para cambiar estos estereotipos. Durante cuatro años entrevistó a 250 madrastras y 80 madres biológicas y encontró que las primeras experimentan mayor estrés que las segundas. Según la experta, el estudio se centró en las mujeres porque, a diferencia de los padrastros, son ellas "quienes durante mucho tiempo han tenido que luchar con la mala imagen".

En la investigación se identificaron cuatro grupos de madrastras y cada uno tenía niveles distintos de ansiedad. El primero es el de las mujeres que dedican todo su tiempo a cuidar a los hijastros y a sus hijos biológicos. El segundo es el de aquellas que no tienen hijos pero están a cargo de sus hijastros. En el tercero están las que no tienen hijos pero dedican la mitad del tiempo a sus hijastros, y en el último grupo están las madres con hijos biológicos que pasan sólo parte de su tiempo con los de su pareja.

La experta encontró que las mujeres del segundo grupo, que se convertían en madrastras sin tener hijos, experimentaban más ansiedad debido a que no sabían cómo cuidarlos. Las mujeres con hijos propios se mostraron más relajadas sobre su papel en casa, pero experimentaron más dificultades porque repartían su tiempo entre sus hijos biológicos y los hijastros. Esto les generaba más depresión debido a las responsabilidades que asumían.

La sicóloga Doodson le dijo a SEMANA que uno de los principales problemas es definir el papel que estas mujeres van a jugar en la nueva familia. "Muchas veces la mujer no sabe si convertirse en un amigo o en un padre adicional, y si debería involucrarse en su disciplina o dar un paso atrás", dijo Doodson.

Pese a que la investigación fue hecha en Inglaterra, la problemática de las madrastras está generalizada. La sicóloga Nancy Martínez, de la Universidad del Bosque, cuenta que en Colombia cada vez más mujeres debe asumir este papel. La experta ha visto que las madrastras con hijos biológicos tienen ya un terreno ganado porque saben cómo criar, pero esto puede generar dificultades cuando se llega a un hogar que tiene otra disciplina. "Ellas ya tienen su propio mundo de normas y reglas, y van a querer imponerlas en sus hijastros, lo que puede hacer que las rechacen", dice Martínez.

Para que la experiencia con los hijos de matrimonios anteriores sea menos traumática, la experta recomienda a estas mamás empezar a acercarse paulatinamente a los niños y construir una relación basada en la confianza y el respeto mutuo. Según Martínez, las familias de segundos enlaces, sobre todo en las que ambos aportan hijos, pueden tomar años en convertirse en un núcleo familiar sólido. Por eso, en este proceso es indispensable la comunicación permanente con la pareja, para que el padre se entere de las preocupaciones de la mujer y puedan resolver cualquier inconveniente.

Según Wednesday Martin, experta en el tema, las madrastras enfrentan una carrera de obstáculos cuando quieren forjar una relación con los hijastros. Uno de los más frecuentes se da cuando el padre divorciado recibe la custodia de sus hijos, y asume una actitud permisiva porque se siente culpable de que ellos pasen por esta situación. Así, cualquier comentario de la madrastra para imponer reglas, así sean normales, puede convertirla en la "bruja". "Yo quedo como la superestricta si les pido a los niños que no coman con las manos", dijo una de las mujeres entrevistadas por Martin para un artículo en Psychology Today.

Aparte de la frecuente sensación de ser una extraña y de tener poco poder de decisión en el hogar, muchas mujeres entrevistadas por Martin dijeron que habían tenido que soportar comentarios irrespetuosos, actitudes hostiles y hasta maltrato físico de sus hijastros. El problema es peor cuando la mujer asume una posición sumisa a petición del esposo, quien le pide aguantar estos agravios pensando que así protege su relación de pareja.

La disciplina es todavía más complicada cuando los hijastros son adolescentes. "En esta edad la autoridad de por sí es difícil, y mucho más si la imparte un extraño", dice Martínez. Por eso lo aconsejable es que el padre de los hijos asuma el control para evitar que se desequilibre la relación entre los hijos y también entre la pareja. Un estudio realizado en Virginia, Estados Unidos, con personas divorciadas que luego contrajeron segundas nupcias, encontró que los niños adolescentes describen a su madrastra como una intrusa.

Otra de las dificultades surge por lo que los expertos llaman 'vínculos de lealtad'. Muchos hijastros creen que tener una relación armónica con la madrastra es una traición a su mamá, y por eso prefieren mantenerla a distancia o a veces ignorarla. "Sólo la madre puede liberar del todo a su hijo para permitirle tener una relación saludable con la persona que ahora hace parte de la vida de su papá", dice Martin. Pero no sólo se trata de un permiso sino de que ella asuma el divorcio y la nueva relación de su ex marido. Este sentimiento de deslealtad está muy ligado a los celos que siente un hijo cuando ve que su padre comparte su vida con una persona que no es su mamá.

La sicóloga Silvia Lema explica que los hijos cuyas mamás mueren o se separan deben hacer un proceso de duelo, y los padres tienen que proporcionarles espacios para que ellos asuman esa pérdida. Pero aclara que todo tiene sus límites y por eso insiste en la comunicación del padre con los hijos desde el inicio de una nueva relación. Otros expertos sugieren que en caso de divorcio los papás les expliquen lo que ocurrió para que los niños no se sientan culpables. Lo ideal sería que la relación termine en buenos términos para evitar resentimientos. Martínez agrega que las madrastras deben tener claro que su papel no es reemplazar a la mamá sino ser un aliado en el proceso de formación de los hijos de su esposo.

Lo que está claro en todo esto es que las madrastras están muy lejos de ser las villanas de la historia. "La investigación nos está diciendo que para esta mujer asumir la crianza de los hijos de su pareja es un trabajo difícil, que puede conducir a situaciones de ansiedad y depresión con graves consecuencias físicas y sicológicas", concluye Doodson. Entender los retos y asumir las dificultades puede ser la llave, no sólo para que esos efectos no se produzcan, sino para desarrollar un nuevo hogar feliz.

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