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| 2/8/2016 10:27:00 AM

Se agotan los antibióticos

Las bacterias cada vez son más resistentes debido al mal uso de estos medicamentos. Aprenda cómo usarlos.

Cuando Alexander Fleming recibió el premio Nobel en 1945 por inventar la penicilina señaló que algún día las bacterias podrían ganarle la batalla a los antibióticos. Tenía razón. La resistencia bacteriana a los fármacos hoy es un asunto alarmante al punto que la OMS ha dicho que muchas de las ganancia terapeuticas del siglo XX podrían perderse y con ello la esperanza de vida podría disminuir.

Esta resistencia se produce cuando las bacterias que atacan el cuerpo dejan de afectarse con los antibióticos. Entre las razones está el mal uso que las personas hacen de estos medicamentos. “Muchos tienen dolor de garganta y van a la farmacia a que les formulen antibióticos como amoxicilina y axitromixina, lo cual es una irresponsabilidad”, dice el médico Diego Sánchez. Lo que no saben es que la mayoría de estas amigdalitis son virales y desaparecen a los cinco días sin necesidad de estos medicamentos.

Un informe de la OMS titulado Resistencia a los antimicrobianos, que da cuenta del estado mundial de este tema, señala que además de la micobacterium causante de la tuberculosis, en el mundo hay muchas otras capaces de resistir la acción de los antibióticos como las infecciones de las vías urinarias, la septicemia, la gonorrea, la diarrea, las neumonías e infecciones sanguíneas.

“Sabemos que estos bichos tienen la capacidad de transmitirse material genético entre sí. Los antibióticos pueden matar a las más sensibles pero las más fuertes sobreviven a los diferentes ambientes”, afirma Leal. Un claro ejemplo de esto es la tuberculosis multirresistente. Según cálculos de la OMS, en 2013 hubo cerca de 500.000 nuevos casos. También está la tuberculosis ultrarresistente, detectada en 100 países.

No terminar los tratamientos con antibióticos también contribuye a esta situación. Sánchez explica que cada uno de ellos tiene tiempos necesarios para que hagan el efecto esperado pero “apenas se siente bien la gente deja de tomarlo”, dice. De las culpas no se salvan ni los médicos, quienes a veces los formulan más por presión del paciente que por necesidad.

Además de esto hay un consumo inapropiado en el sector de la agroindustria. “A los humanos se les formulan en miligramos, pero a los animales en toneladas. Esta masificación ha generado mucha resistencia”, dijo Aura Lucía Leal, médica especialista en microbiología clínica de la Universidad Nacional de Colombia y coordinadora del Grupo para el Control de la Resistencia Antimicrobiana en Bogotá (Grebo).

Otra razón es el aumento de la población y la globalización, fenómenos que han permitido que las infecciones se diseminen por todos los continentes. “Millones de personas viajan hoy con mayor facilidad a diferentes partes y pueden estar colonizadas con bacterias sin saberlo. Esto las hace más vulnerables”, afirma Leal.

Según los Centros para el Control de las Enfermedades y la Prevención de Estados Unidos (CDC, por sus siglas en inglés) al menos dos millones de enfermedades y 23.000 muertes son causadas por las bacterias farmacorresistentes en ese país. El informe del CDC sostiene que el costo anual de la resistencia antibiótica puede oscilar entre los 100 millones de dólares y los 30.000 millones de dólares.

Lo más grave del asunto es que no hay antibióticos nuevos que puedan frenar a estos bacterias resistentes. Ante este panorama es importante desarrollar nuevos fármacos que las combatan pero esto no ha sido posible, por varias razones, entre ellas que durante las pruebas las mismas bacterias logran volverse resistentes a los nuevos antibióticos. “Es un círculo vicioso. Nos estamos quedando sin más antibióticos y la industria no invierte demasiado en ellos. De hecho se han vuelto a utilizar varios que no se usaban hace mucho tiempo pero no son suficientes”, afirma Leal.

La gente puede ayudar a combatir el problema. En primer lugar está la higiene personal, que incluye lavarse las manos frecuentemente y evitar el contacto directo con enfermos para impedir el contagio de infecciones. De igual forma, el uso del condón es fundamental, pues se estima que cada día 1 millón de personas en el mundo adquiere alguna enfermedad por transmisión sexual. Asimismo es importante que las personas se vacunen.

El Estado por su parte debe educar a las poblaciones y promover programas nacionales de vigilancia para combatir la resistencia bacteriana. Un buen ejemplo a seguir es el plan que ya adelanta desde 2015 el gobierno de Estados Unidos. “Si no cuidamos lo que tenemos, nos vamos a quedar sin armas para batallar”, concluye Leal.

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