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| 3/21/2004 12:00:00 AM

Con ciencia

Un foro internacional buscar abrirles los ojos a los colombianos sobre la importancia de la tecnología y la innovación para el desarrollo.

Hay un mito que detiene el progreso en Colombia: el de que no se puede hacer ciencia porque ese es un asunto que sólo les compete a los países desarrollados. También se dice que la ciencia es aburrida y no tiene que ver con la vida cotidiana de las personas. Y tal vez el más grave de todos: que no existen en Colombia personajes suficientemente capaces como para descubrir nuevas cosas que cambien el entorno y mejoren la calidad de vida.

Ese obstáculo mental ha hecho que no haya una comunidad científica lo suficientemente numerosa como para competir de igual a igual con los países desarrollados. El país cuenta con 169 investigadores por millón de habitantes, mientras que en Argentina esa misma proporción es de 946. Si se compara el panorama nacional con el de un país desarrollado, la situación se vería más dramática. En Estados Unidos, 70 por ciento de la investigación y desarrollo se produce en el sector privado debido a que los empresarios tienen claro que la creación de nuevos productos es indispensable para mejorar su productividad y sus ganancias. El gobierno invierte además 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) en investigación. "En Colombia, los empresarios no ven la ciencia como inversión, y el gobierno sólo aporta el 0,5 del PIB a este campo", dice Nora Elizabeth Hoyos, directora de Maloka. El número de patentes que se registra cada año en Colombia es de 72, una cifra muy baja si se le compara con la de otros países. "Una sola compañía en Estados Unidos registra 3.000 en el mismo lapso", afirma María del Rosario Guerra, directora de Colciencias.

La preparación de profesionales, condición necesaria para investigaciones del más alto nivel, también se ha reducido. En 1997 hubo más de 2.000 personas que recibieron un diploma de maestría en áreas científicas. Tres años más tarde, esa cifra se redujo a menos de 1.500 personas.

Aun con este panorama, el número de investigadores del país ha aumentado. Según datos del Observatorio Colombiano de Ciencia y Tecnología, en los últimos cinco años la cifra de personas dedicadas parcialmente a la investigación pasó de 7.000 a más de 15.000. Hoy existen 2.000 grupos de investigación registrados, 1.200 más que hace cinco años.

Pero se necesitan más. Por eso Colciencias, Maloka y el Convenio Andrés Bello organizaron Conciencia Abierta, el segundo foro internacional para lanzar la política colombiana de apropiación social de la ciencia. Esto significa crear una cultura que permita derrumbar esos mitos que ha construido la sociedad en torno de la ciencia. Se busca que la gente valore el trabajo del científico y el uso de ese trabajo. "Que cuando alguien use el celular piense que si no hubiera sido por la pregunta curiosa de un investigador sobre cómo mejorar la comunicación entre las personas, no tendría esa tecnología en sus manos", explica Guerra.

El foro se llevará a cabo los días 24, 25 y 26 de marzo en las instalaciones de Maloka y contará con la presencia del científico colombiano Rodolfo Llinás, así como de Emlyn Koster, presidente del Liberty Science Center, y Pierre Fayard, director del laboratorio de investigación de la comunicación científica de París. Estos expertos se unirán a otros de la India, México, Estados Unidos y Colombia para hablar de la importancia que tiene el tema en el desarrollo de las naciones, mostrar experiencias para que los líderes del país se den cuenta de que el desarrollo tecnológico es posible y proponer estrategias sobre cómo lograrlo.

El plan es más ambicioso aún pues implica empezar a educar a los niños con un espíritu curioso, crítico, explorador e inquisidor para que esa capacidad de aprendizaje no se agote nunca, ni siquiera después de la universidad. También pretende hacerles ver a los empresarios que la inversión en desarrollo e investigación es necesaria para generar nuevos productos. "Es aprender a pescar para dejar de pedir peces", dice Hoyos.

El cambio de mentalidad requiere modificar el estereotipo del científico que es un inventor estrella de bata blanca, gafas gruesas y pelo eléctrico por el de un ciudadano común y corriente pero con alta especialización, en cuya cabeza hay más preguntas que respuestas. Al mismo tiempo se necesita entender que para hacer ciencia no es necesario lograr el cohete más veloz, ni una supercomputadora, o un aparato de fotones que destruya tumores, sino que es posible producir inventos criollos, conociendo el entorno y resolviendo las necesidades inmediatas de la gente. Como lo hizo el pediatra colombiano que creó una nueva fórmula de suero oral que resultó ser más efectiva que la estándar, pues además de hidratar el organismo de los niños controla la diarrea, lo que se traduce en menos tiempo de hospitalización y en una disminución de costos para el sistema de salud. "A nadie en Suiza se le habría ocurrido esto porque ese tema no hace parte de sus preocupaciones", dice Hoyos.

Se espera que todo este esfuerzo sirva para cumplir la meta que se propuso la comisión de sabios en la década de los 90. En ese entonces proyectaron que en 2020, Colombia debía tener 40.000 científicos. Investigadores que tendrán la posibilidad de hacer estudios sobre temas específicos, desarrollarán nuevos productos y no tendrán que irse a otros países.

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