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| 3/26/2001 12:00:00 AM

Con el corazón en la mano

Un programa de la Fundación Cardioinfantil muestra las ventajas de involucrar a los padres en la recuperación de los niños.

Es frecuente oir decir que el amor es la cura de todos los males. En la unidad de cuidados intensivos de la Fundación Cardioinfantil están convencidos de que esta es mucho más que una simple frase romántica. Desde agosto del año pasado un grupo de médicos y sicólogos puso a funcionar un programa mediante el cual se involucra a los padres de los niños que van a ser sometidos a cirugía del corazón en su proceso de recuperación. Después de seis meses los especialistas han podido comprobar que el afecto es un remedio efectivo y económico.

Una cirugía del corazón genera gran estrés entre los padres y mucho más cuando se trata de un niño. Algunos de ellos temen acercársele por miedo a hacerle daño. Otros expresan su angustia llorando desconsolados delante de ellos y haciendo del caso toda una tragedia. Ninguna de las dos actitudes es una buena ayuda pues los pequeños captan estos sentimientos y se sienten mucho más estresados de lo que ya están.

El programa, por lo tanto, consiste en brindar a los padres información sobre la enfermedad de su hijo antes de la cirugía y darles apoyo después de la misma para disminuir esa preocupación.

Son muchas las actividades que componen este programa. Entre ellas, participar en un ‘juego de roles’ para que los padres e hijos se familiaricen con los atuendos, aparatos e instrumentos que van a ver en la sala de cuidados intensivos. “Los niños operan muñecos, los padres se visten de médicos y ambos manipulan los equipos de la unidad”, dice Cristina Gutiérrez de Piñeres, sicóloga de la fundación. Estos ejercicios les ayudan a tener unas expectativas más realistas y así, cuando salgan de cirugía, no se impresionen de ver a su pequeño con cables y aparatos conectados a su cuerpo.

Después los expertos tienen una reunión con los padres en la cual se pueden hacer todo tipo de preguntas.

Luego de la cirugía las enfermeras y auxiliares asesoran a los padres sobre los cuidados de los niños y los preparan para atenderlos en casa. A las mamás se les enseña a que no les dé miedo darles de comer, cambiarles los pañales, darles la medicina o consentirlos.

Los resultados han sido sorprendentes. En los seis meses que lleva el programa se han hecho 68 cirugías y en todas el número de días de hospitalización ha disminuido de cinco a uno y medio. Muchos de ellos son dados de alta a las pocas horas, como si se tratara de una cirugía ambulatoria menor.

El ahorro no sólo se ha visto en la hospitalización (un día de clínica vale alrededor de 500.000 pesos) sino también en los medicamentos. El uso de morfina disminuyó en un 50 por ciento y muchas veces sólo tienen que usar calmantes comunes para el dolor.

Además los niños se infectan menos. El doctor Guillermo Palacio, jefe de la unidad de cuidados intensivos, explica que las complicaciones se disminuyen porque los pequeños salen pronto a casa “donde tienen el afecto de sus padres y su familia”, asegura.

En el Children’s Hospital de Boston, donde Palacio hizo su entrenamiento, existe un programa similar, aunque allí sólo se permiten las visitas de los padres pero ellos no ayudan en el cuidado de sus hijos ni les permiten salir tan pronto del hospital. Con la experiencia de la Cardioinfantil es evidente que no sólo la presencia de los padres es importante sino que la demostración del afecto puede ser incluso más crucial en su recuperación.
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