Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 1999/04/26 00:00

CON EL AGUA AL CUELLO

Los expertos aseguran que la mejor manera de sobrevivir el drama de perderlo todo por la <BR>crisis económica es afrontándolo.

CON EL AGUA AL CUELLO

Hace dos años Eduardo, un administrador de empresas de Bucaramanga, tenía todo lo
que cualquiera podría soñar. Una familia, un excelente cargo como gerente de un banco de la ciudad,
un cómodo apartamento, acceso a clubes sociales y un futuro promisorio. Pero un día su vida dio un
giro de 180 grados. Debido a un recorte de personal el exitoso ejecutivo quedó sin trabajo ni ingresos.
Después de seis meses de buscar empleo en todas partes tuvo que despedirse de los clubes sociales.
Al año entregó el apartamento y se mudó con su esposa y sus hijos a donde sus suegros. Los líos de
pareja comenzaron a aflorar. Tres meses después decidió separarse y vivir solo en la casa de su
mamá. Hoy, sin empleo y con sus hijos a punto de ser despedidos del colegio por falta de pago, trata
de reconstruir un futuro. "No le pido mucho a la vida pero soy optimista", dice.Aunque esta historia
podría ser un culebrón televisivo, la verdad es que se trata de una situación real y recurrente por la
cual han tenido que pasar muchos colombianos a raíz de la crisis económica que atraviesa el país.
Las agencias inmobiliarias han sido testigos de los peores casos. "Un cliente me decía que prefería
suicidarse porque así el seguro le perdonaría la deuda y su familia al menos tendría un techo para
vivir", afirma Germán Eduardo Pavía, dueño de una agencia inmobiliaria que hoy cuenta con 17
portafolios de bienes otorgados como dación de pago a instituciones financieras y que él mismo avalúa
en 1,8 billones de pesos."Todo lo que se diga es poco para describir lo que muchos colombianos
están padeciendo", dice la sicóloga María Clara Arboleda. Y con ella coinciden un grupo de expertos
consultados por SEMANA para conocer el drama que hoy se vive por la recesión.El dueloMás allá de
las cifras escuetas de la crisis el verdadero drama de quienes han tocado fondo se vive en el interior de
la familia. Para los sicoterapeutas esta es una situación comparable al duelo que se padece ante la
muerte de un ser querido. Incluso algunos piensan que es más difícil de superar. Según los
especialistas, cuando muere un ser querido por lo general el familiar deja recuerdos, enseñanzas y
valores que le ayudan al otro a sobrellevar la pena. "El problema con el dinero es que se va y no deja
nada", afirma la sicóloga Martha de Gómez. Además la sociedad no está preparada para hablar de la
tristeza que producen las pérdidas materiales. Antes de aceptar la realidad muchos prefieren ocultar
a sus familiares y amigos la verdadera situación, pues creen que si mencionan el tema el apoyo
moral que se busca será interpretado como una solicitud de ayuda monetaria. Por lo general los
hombres, acostumbrados culturalmente a ser los proveedores del sustento familiar, no resisten la
idea de tener que dejar a su esposa y a sus hijos pasando trabajos. "Un socio me pedía que no le
rechazara a sus familiares en el club porque no sabía cómo explicarles que no tenía para pagar la
cuota", dice Belisario Velásquez, presidente de Hatogrande, uno de los tantos clubes que ha tenido
que adoptar la medida del socio sustituto, impensable hace unos años en los de mayor prestigio pero
que hoy ha sido la tabla de salvación tanto para los socios con problemas como para la institución.No
hay vacantesUno de los dramas más frecuentes es perder el empleo. Genera depresiones
profundas porque en gran medida la identidad está dada en relación con el puesto que se ocupa. Por
eso, más que dejar de recibir un cheque, se pierde la aceptación, el sentido de pertenencia, el ser
productivo y respetado. "El hecho de ya no poder decir soy fulanito de tal, vicepresidente de la petrolera
tal, es muy duro para quien ha llegado a ese nivel", asegura la sicóloga María Elena López. No tener
empleo en una economía sana y robusta no presentaría los visos de tragedia que posee en Colombia,
donde el índice de desempleo es de 16 por ciento. Por eso, aun cuando ante la inminencia del
despido todas las personas tienen ciertas ayudas sicológicas para soportar el golpe e imaginar que
pueden conseguir otro cargo en los próximos tres meses, esa sensación optimista tiene un efecto
limitado en la actual coyuntura. Al ver que las circunstancias no cambian la gente se sume en un
estado que los sicólogos llaman desesperanza aprendida.La mayoría de los expertos piensa que la
mayor fuente de tristeza en una sociedad capitalista viene de la pérdida de estatus, una categoría
que encierra tanto las cosas materiales como el valor intrínseco que tienen en una sociedad. Y hay
quienes aseguran que a todos los colombianos les ha tocado bajarse un peldaño. "El que antes
compraba en Cedritos ahora solo puede pagar vivienda en Suba y el de Suba le tocó salir para
Soacha", agrega Pavía. Además de la pérdida de lo material a las personas en esta crisis se les va
cerrando poco a poco el círculo de sus amistades. En muchos casos es la persona con el problema de
dinero la que se margina y en otros son los demás allegados los que deciden retirarse.También es
frecuente que la salud física sufra un desbarajuste. Aunque no hay manera de probarlo con
estadísticas muchos profesionales de la salud piensan que en los últimos dos años han aumentado
las enfermedades sicosomáticas, como el colon irritable, los dolores de cabeza, el insomnio, el asma
o la alopecia. "La incidencia de dolores de cabeza e insomnio ha aumentado con seguridad", dice
Miguel Dávila, especialista en desórdenes del sueño. "En la medida en que la gente empieza a
perder la estabilidad económica pierde la estabilidad emocional y si no es bien manejado se puede
traducir en un problema físico", asegura.

El drama del sistema
De todos los miembros de la familia quien más se ve afectado es el hombre porque siente la
responsabilidad de ser el proveedor. Cuando ya no puede cumplir ese rol piensa que ha perdido la
autoridad y el respeto y puede llegar a volverse agresivo con su esposa y con los hijos. "El dinero es
un pilar de toda relación. Cuando es muy importante para la pareja, o cuando dentro de la pareja
hay malestar, la relación empieza a cojear", dice Martha de Gómez. Los niños también sufren la crisis,
pero depende de la manera como los padres manejen el tema. Si es en forma abierta, tranquila y
sincera, los sicólogos opinan que no habrá cambios en su comportamiento. Por el contrario, si en la
casa los bienes materiales tienen gran valor y los padres transmiten su angustia es muy probable que
la autoestima de los pequeños se vulnere. Pero sin duda el tema que más afecta a los hijos es el
cambio de colegio porque significa perder todas las amistades adquiridas y su sentido de pertenencia.
"Es muy distinto si lo echan por indisciplina a si se tiene que ir porque no tiene con qué pagar la
matrícula", dice María Clara Arboleda."Unas 30 familias han resuelto retirar a sus hijos", dice Felipe
Diago, director del gimnasio Los Caobos. En el Gimnasio Moderno, como dice su rector, Juan Carlos
Bayona, "pese a que la cartera se ha duplicado el colegio ha ampliado su rubro de becas. El año
pasado era de 175 millones y hoy es de 220, lo cual alcanza a ayudar a un 15 por ciento de los
estudiantes".Un proceso difícilComo en cualquier otro proceso de duelo, la gran mayoría niega al
principio la situación. "Hay clientes que no se resignan a dar el apartamento en dación de pago, no
porque lo necesiten para vivir sino porque no admiten que lo van a perder", dice el abogado Alvaro
Pinilla.Otros van más allá e imaginan todo tipo de soluciones, desde el suicidio hasta desaparecer. "Yo
pensé en pedir más créditos y esconderme pero finalmente decidí aceptar la quiebra y afrontar a los
acreedores", dice un ingeniero de Bucaramanga, quien tuvo que cerrar su empresa de construcción
después de 12 años. Y hay quienes siguen manteniendo las apariencias. "Dejan de comer pero no
venden el Mercedes-Benz", dice María Elena López. Como en los duelos, con el tiempo la mayoría de
las personas aceptan la realidad y empiezan a tomar decisiones sanas, a planear mejor el futuro y a
conformarse con la nueva situación. Un denominador común de esta etapa es que las personas se
refugian en la espiritualidad para salir adelante. "Aun más, son capaces de hacer chistes como el de
una amiga que me decía: 'me quedé sin teléfono por culpa de la lluvia... de la lluvia de recibos", dice la
doctora López. Una epidemia contagiosaLa incertidumbre laboral no solo afecta a quienes han perdido
el empleo sino a quienes aún lo conservan. Muchos trabajan en compañías que están en proceso de
fusionarse o a punto de cerrar. Esta incertidumbre genera un estrés colectivo que afecta el desempeño.
"Nuestra compañía se fusionó el año pasado y desde hace mucho tiempo corre el rumor de que
existe una 'lista de Schindler' en la que figuran los nombres de quienes se salvan del recorte", dice
una alta ejecutiva de una institución bancaria, quien aún no sabe si figura o no en la famosa lista. El
sólo hecho de llegar a reuniones y escuchar historias deprimentes sobre el tío, el sobrino o el amigo
que están en la quiebra total crea una epidemia de pesimismo contagioso. "A mí me llegó un paciente
que tenía una buena situación económica pero que quería que yo lo preparara para cualquier crisis de
este tipo porque un día de estos seguramente le iba a tocar a él", dice María Elena López En efecto, lo
más difícil es que las condiciones del país no tienden a mejorar y que ese pesimismo genera un efecto
de bola de nieve. "Por eso se ven muchas parejas jóvenes que están buscando alternativas en otros
países", dice la doctora López. Todos los expertos coinciden en que a la sociedad le ha faltado más
sensibilidad. Para varios, los cobradores han sido impacientes y en las diligencias de embargo
muchos ni siquiera se toman la molestia de pedir permiso a los niños para llevarse el televisor que
están mirando. Pero, sobre todo, ha faltado asesoría especializada, así como sucede en otras
tragedias, para que la gente aprenda a manejar este tipo de pérdidas.Según los especialistas, el miedo
a perder las cosas es universal. Por esto la sociedad debe abrir espacios para poder expresar esas
emociones de tristeza ante la pérdida de los objetos de valor, como sucede con la de los seres
queridos. "Es necesario darse un tiempo para el duelo, procesar interiormente la crisis para convertir
los problemas en oportunidades de crecimiento", dice Nelly Rojas de González. Así mismo, es
necesario tomar decisiones audaces en el momento preciso y no aferrarse a una única manera de vivir.
También creen que es preciso buscar alternativas para generar nuevos recursos, reflexionar sobre
las propias reacciones y reconocer que, aunque la situación es difícil, puede ser manejable y
aleccionadora. Al fin y al cabo en medio de las circunstancias lo único que no se puede perder es la
razón.

Germán HolguínPropietario de Holguines
"He vivido un infierno que no le deseo a nadie. Toda mi familia tuvo que ajustar su presupuesto y hacer
sacrificios en la calidad de vida. Aunque todo el mundo se ve amenazado con la situación económica
por fortuna la gran mayoría no ha tenido que sufrir en carne propia esta situación de no tener con qué
hacer el mercado o con qué atender las cuentas esenciales. Pero más allá del tema económico la
situación tiene grandes repercusiones de orden anímico porque uno no sólo pierde la empresa que
generaba el sustento de la familia. Se pierde lo que se construyó durante toda la vida con mucha
dificultad y ese dolor genera angustia y depresión, como en toda desgracia. A esa pérdida material
le sumamos la de amigos y de otras relaciones que se dañan porque el dinero está de por medio. Si
bien al principio fue difícil aceptar desprenderse de todo, hasta de mi propia casa, un día me di cuenta
de que teníamos que modificar nuestros valores. Con mi esposa hicimos la lista de activos que nos
quedaban y vimos que nos teníamos el uno al otro, a los hijos, la salud, a unos cuantos amigos y el
optimismo y la fe en Dios."Y la verdad es que no ha faltado la solidaridad de la familia más cercana y
de ciertas personas que antes no conocía y de quienes he recibido estímulo y apoyo práctico. Hoy soy
optimista en medio del sufrimiento porque esto no puede ser eterno".
'Martha Lucía', accionista paisa
"Yo nací entre algodones. Era la mayor accionista de una importante compañía en Medellín pero
cuando llegó la crisis tuve que vender las acciones para pagar deudas. "Los lujos se volvieron
superfluos y yo que giraba y giraba cheques y compraba un gran mercado tuve que empezar a
comprar la mitad y solo lo necesario. Nos salimos del club, vendí los caballos de polo de los niños,
prescindimos del chofer y las cuatro muchachas. Tuve que mudarme de mi casa a un apartamentico y
deshacerme de todas las tierras. "Lo que más me impactó fue haber quedado con estatus pero sin
dinero. A mí no me enseñaron a ser pobre. Lloraba porque pensaba que no servía para nada en la vida.
Pero el acercarme más a Dios me di cuenta de que podía salir adelante."Aunque fue una situación muy
angustiosa mi matrimonio no se ha visto afectado. Por el contrario, nos unimos más y nos dimos
cuenta de que en la vida no todo es dinero. Yo veo a mucha gente que está muy nerviosa porque
apenas está comenzando a vivir la crisis. Y me da mucho pesar porque yo sé lo que se les viene
encima. Es muy triste ver que las industrias tan lindas que construyeron los abuelos ahora se están
derrumbando".
'Jorge', exconsejero y dueño de una empresa de construcción
"Cuando salí de mi empleo y me fue mal en mi negocio tuve una sensación de pérdida de estatus y
de vacío de poder muy grande. Me costó mucho explicar a mi familia lo que pasó y me sentía culpable
de que tuvieran que restringirse de las comodidades de antes. Me daba la sensación de no ser
reconocido, de ser incapaz de realizar acciones cotidianas como pagar los servicios y hacer las vueltas
de banco. Incluso de manejar mi propio automóvil pues antes eso lo hacía un chofer. En las reuniones
me daba miedo que me preguntaran '¿a que estás dedicado ahora?' y no saber qué responder. Aún me
enfurece tener que esperar una llamada cuando antes, por mi cargo, me atendían inmediatamente.
Siento temor de no ser reconocido en el restaura te o en el teatro y tengo la dificultad de conseguir
otro trabajo porque siento que no puedo dedicarme a cualquier cosa sino a algo de mi rango. No puedo
desconocer que hubo una desilusión en relación con los amigos y compañeros de trabajo que en estos
tiempos difíciles se van. Pero pienso que yo he ido adquiriendo paulatinamente conciencia de que las
cosas han cambiado y que mi vida ya no es como antes".

El duelo materialLos expertos han detectado que las personas que de un día para otro deben
despojarse de los bienes materiales acumulados durante toda la vida experimentan una sensación
similar a la que se genera tras la pérdida de un ser querido. Según ellos cada persona atraviesa cuatro
etapas que, dependiendo de la historia de cada cual, se viven a diferentes ritmos y con mayor o menor
intensidad. "Algunos alargan la etapa de la negación y lo único que logran es agravar la situación. Otros
logran salir de este duelo fácilmente y con la ayuda de toda la familia", dice María Elena López.* Shock
inicial: es el impacto de enfrentarse a la realidad de quedarse sin empleo o sin empresa. En un
comienzo la persona piensa que se sobrepondrá fácilmente a esa pérdida. Sin embargo esta
sensación tiene un efecto limitado y se agota cuando las circunstancias no cambian y el ambiente
laboral o económico sigue siendo hostil.* Negación: la persona no acepta que está pasando por esa
situación y trata de trivializar el impacto que tiene en ella y su familia. Es un mecanismo de defensa
necesario que sirve para minimizar el dolor de la pérdida. Puede presentarse con dos situaciones
extremas: la hiperactividad o la inmovilidad. * Acomodación: después de lo peor la persona organiza
sus cosas y mira alternativas. Nuevamente recupera un balance que le permite mirar un panorama
realista hacia el futuro.* Transformación: la persona empieza a aceptar que la crisis fue una etapa de su
vida pero que es preciso buscar otras acciones y decide tomar medidas. Es la etapa reparadora en
la que recuerda sin dolor.

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