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| 10/24/2009 12:00:00 AM

Con empleo pero infelices

Los suicidios de France Telecom han puesto sobre el tapete la importancia del ambiente laboral y confirman que tener trabajo no es garantía de satisfacción.

La comunidad internacional sigue sorprendida por el caso de France Telecom, donde desde mediados de 2008 se han quitado la vida 25 trabajadores, y 13 han intentado hacerlo sin éxito, aparentemente por la mala atmósfera que se respira en su sitio de trabajo. Uno de estos sobrevivientes se clavó un cuchillo en el pecho durante un comité. El último caso es el de un hombre de 48 años que se ahorcó el 17 de octubre, dos días después de que fraguó otro intento de suicido. Una semana antes de este episodio un empleado había llegado con un rifle para enfrentarse a su jefe. Las cartas de despedida manifiestan que la falta de entrenamiento de las directivas y la administración del terror están motivando estas drásticas decisiones.

El caso ha sido calificado de inusual por la mayoría de los expertos. La empresa se privatizó en 1997 y hace dos años empezó un recorte de 22.000 puestos. También cambió el rumbo de sus negocios, pues luego de especializarse en la telefonía fija pasó a concentrarse en la móvil. "En esas circunstancias, al empleado antiguo le genera angustia quedarse sin empleo y mucho más si eso es lo único que sabe hacer", explica el economista Germán Nova, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano.

Aunque este sea un caso aislado, el drama de France Telecom ha logrado poner los ojos en el ambiente empresarial mundial donde la crisis de la economía ha introducido un clima de tensión. Según José Elía Duducherk, sicólogo experto en estrés laboral que estuvo la semana pasada en Colombia, en términos generales hoy existen dos grandes fuentes de tensión en el trabajo. Una es la que generan los índices de desempleo que causan un temor en el individuo de perder su puesto ante cualquier error o mala acción. "Con el agravante de que sabe que la propia compañía está sujeta a los avatares de la economía, sobre lo cual él no tiene control", dice. La otra es la exigencia en todos los niveles a seguir consiguiendo los mismos resultados de antes. "Las expectativas a veces son desmedidas y hasta contradictorias, pues en ocasiones se exige calidad pero al mismo tiempo no se dan los recursos", agrega el experto. Otro factor es la competencia, no sólo entre individuos de una corporación, sino entre las empresas, aunque Duducherk sugiere prudencia en este punto, pues no siempre ésta es mala. "Hay personas que no sufren con nuevos desafíos, mientras que otras son más susceptibles a ellos".

El estrés laboral no es la única consecuencia de las presiones que hoy tienen los trabajadores. Según Duducherk, también se presentan ataques de pánico, depresión, agotamiento y falta de creatividad y confianza para tomar riesgos. Así mismo, genera angustia aumentar la productividad y las estrategias para medirla. Patricia Pegg, una experta de la Work Foundation, resalta que ante estas políticas hay una más alta incidencia de 'presentismo' en las oficinas, es decir, empleados que trabajan por más horas aunque estén enfermos.

Las consecuencias de este malestar saltan a la vista. En Estados Unidos, según The New York Times, los suicidios relacionados con el estrés laboral pasaron de 196 a 251 entre 2007 y 2008. La revista The Economist, por su parte, reportó que en ese mismo periodo el número de empleados que profesaba lealtad y compromiso hacia las empresas se había reducido del 95 al 39 por ciento. Aun más, un sondeo de la consultora DDI indica que la mitad de los encuestados se ve estancada en su puesto actual porque no es interesante ni hay opción de subir en el organigrama, y que en cuanto la economía repunte buscará puesto en otra parte. Esto muestra una paradoja y es que aunque quienes tienen empleo deberían estar felices por conservarlo, en realidad están agobiados y desmotivados por las exigencias de las empresas.

No obstante, algunos dicen que la crisis sólo ha servido para resaltar problemas laborales que vienen de tiempo atrás. Según la sicóloga Claudia Forero, esto se aprecia en el hecho de que cuando se presentó el crecimiento económico en Latinoamérica no se crearon cargos nuevos en Colombia y "ahora muchas compañías están aprovechando la crisis para hacer recortes y tener mayor rentabilidad", dice la experta. Un trabajo de tesis hecho por ella para optar por el doctorado en sicología de la Universidad de Barcelona mostró que el colombiano se siente agradecido pero no feliz en el trabajo. Según la investigación, la falta de oportunidades hace que trabaje en lo que le salga y que no siempre pueda hacer la carrera profesional que soñó. Su compromiso con la empresa es muy bajo porque observa que éstas a su vez tampoco son leales con el empleado y lo botan cuando no lo necesitan.

Forero también se sorprendió con el alto índice de disponibilidad del colombiano que acepta condiciones muy malas para no perder su cargo. "Ellos se refieren a frases de sus jefes como 'si no le sirve, se va' o 'detrás de usted hay una fila esperando', que son una presión para que se sacrifiquen por cualquier cosa", sostiene. El caso más patético, según ella, es el de las impulsadoras que tienen contrato temporal, son seleccionadas por intermediarios de las empresas que elaboran el producto que ellas promueven y trabajan en almacenes de cadena. "Ellas de verdad no saben para quién trabajan". Esta situación laboral que ella llama 'fragmentada' les crea a estas empleadas muchas tensiones, pero las aceptan ante la falta de opciones. Es por eso, tal vez, que el colombiano se ve a sí mismo como un trabajador esforzado y sufrido.

Los expertos coinciden en que el estrés en el ambiente de trabajo es un costo oculto porque es difícil de cuantificar, ya que se mide "como pérdida de oportunidades debido a que el grupo está siendo prudente y retraído y toma menos riesgos", dice Duducherk.

A pesar de las dificultades, Nova considera que es muy difícil que en el país suceda algo parecido a lo de France Telecom. "Aquí lo excepcional es tener trabajo", dice. Y agrega que la gente, o se ha resignado o no tiene tiempo de deprimirse porque está luchando permanentemente por su supervivencia. Con él coincide Jaime Urquijo, de Great Place to Work, quien señala que en Francia la razón de la insatisfacción está relacionada con la pérdida del sentido de la vida. No obstante, el caso de France Telecom debe dejar grandes lecciones. Una es que la seguridad social, un tema en el que Francia ha sido abanderado, no siempre es garantía de satisfacción. Cuando se dan cambios tecnológicos, como sucede hoy con las compañías de teléfonos, hay que "capacitar a los empleados para que conozcan el nuevo negocio y si tienen que salir de gente antigua, apoyarlos para que creen una nueva empresa", dice Nova. Pero sobre todo hay que generar un clima de confianza para que a pesar de la adversidad, el trabajo sea placentero y creativo. En ese escenario, todos saldrán favorecidos.
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