Lunes, 27 de febrero de 2017

| 2004/03/28 00:00

Con rostro ajeno

La medicina está en capacidad de practicar trasplantes totales de cara. Pero la propuesta enfrenta problemas éticos y secuelas graves.

Desde el punto de vista tecnológico, los médicos están listos para un trasplante. Solo los detiene el debate ético.

En 1997 en las salas de cine del mundo se exhibía Contracara (Face off), una película de suspenso en la que John Travolta y Nicolas Cage, sus dos protagonistas, intercambiaban sus caras mediante un sofisticado procedimiento quirúrgico. En ese entonces la trama de la película era ciencia ficción y un procedimiento como ese sólo podía ser posible gracias a los efectos especiales de los estudios de Hollywood.

Hoy, sin embargo, el trasplante de cara está más cerca de la realidad que de la ficción. Científicos de por lo menos cinco países del mundo han anunciado que cuentan con la tecnología y el conocimiento para colocarle la cara de una persona a otra. Aseguran que existe una lista de entre 10 y 15 pacientes que estarían dispuestos a someterse a esta operación.

Para lograrlo se requiere de un donante que haya fallecido recientemente, máximo cuatro horas antes del procedimiento. Al cadáver se le quita su cara con todo y músculos, venas, grasa y nervios. El donante se somete a una preparación similar. Su cara debe ser removida quirúrgicamente para recibir el implante. Con técnicas de microcirugía, los cirujanos pegan cuidadosamente cada una de las partes. Para que la persona tenga una expresión adecuada de sus sentimientos es fundamental que los nervios queden bien conectados. "En dos o tres semanas, cuando la inflamación empieza a bajar, el paciente debe lucir como una persona normal", dice John Barker, científico de la Universidad de Louisville, quien ya ha realizado trasplantes de mano.

Como sucede con otros trasplantes, el paciente además requiere medicamentos supresores del sistema inmunológico para evitar que su organismo rechace a esos tejidos extraños.

Pero un rechazo para el que no hay droga que puedan encontrar los científicos es el cuestionamiento moral que ha tenido esta propuesta en sectores de la sociedad. Uno de los interrogantes entre los críticos es cuál será el impacto en el paciente al despertar con la cara de otra persona. Según los expertos, casi 50 por ciento de las cirugías estéticas requieren un retoque debido a que el paciente queda insatisfecho con su fisonomía. "Es de esperar que con estas cirugías el impacto sea aún mayor", dice Héctor Alonso Linares, instructor de cirugía plástica del Hospital Militar Central. "Uno no sabría si por querer hacer el bien físico termina creando un mal sicológico, un problema de identidad", agrega. Es el miedo de Christine Piff, una mujer en Londres que desde hace 25 años usa una prótesis facial para ocultar su cara desfigurada por el cáncer. "Siento que no podría caminar pensando que llevo un rostro que no me pertenece". El caso de Clint Hallan, el hombre que recibió el primer trasplante de mano en 1998, también es ilustrativo. Dos años después de vivir con la mano de un motociclista pidió a sus médicos que le removieran el miembro pues empezó a sentir que no hacía parte de su cuerpo. "Si así me voy a sentir para el resto de mi vida prefiero no tenerla", manifestó en aquella época a The Times.

También hay riesgos físicos y esto es lo que ha generado el gran debate sobre el tema. El Royal College of Surgeons considera que uno de cada 10 trasplantes sería rechazado en el primer año. El índice de fracaso total estaría cerca del 50 por ciento. Los pacientes además deberán tomar dosis muy altas de drogas supresoras del sistema inmunológico por un tiempo muy largo debido a que la piel provoca una reacción inmune mucho más alta que la de otros órganos. Tomar estos medicamentos por tiempo prolongado puede llevar a desarrollar diabetes, infecciones e incluso cáncer. En el caso de los pacientes que necesitan un trasplante de riñón, ese órgano es un asunto de vida o muerte pero en el caso de quienes tienen la cara desfigurada no lo es. "Trasplantar la cara no va a salvar al paciente, sólo mejorará su calidad de vida. Entonces no deberían arriesgar la vida que tienen para lograrlo", dice Arthur Caplan, experto en temas de ética médica. No obstante, Barker cree que los nuevos medicamentos para evitar los rechazos son mucho más tolerables hoy.

Esta cirugía estaría diagnosticada para personas con desfiguración severa por enfermedad, accidente o heridas con arma de fuego. Hoy en día estos pacientes tienen varias opciones, dependiendo del tamaño de la lesión. Las más sencillas requieren una serie de cirugías plásticas reconstructivas para devolverle la armonía al rostro del paciente mediante implantes de piel de la cara o del cuello. "Quedan secuelas, como cambios en el color de la piel o un pedazo más abultado que otro, pero el aspecto es natural", explica Linares. En casos más complejos en los cuales la cara ha sido totalmente destrozada hay que recurrir a las llamadas máscaras para las que se emplea piel de la espalda. Como su nombre lo indica, esta técnica quita las cicatrices ocasionadas por el trauma pero deja la cara sin expresión debido a que es muy difícil reconstruir en la nueva piel los surcos naturales que permiten dibujar en el rostro los diferentes sentimientos. "Estos pacientes se sienten satisfechos aunque saben que no es la panacea", dice el experto. El trasplante de cara sería una nueva alternativa que tendría una ventaja sobre las demás: devolvería el movimiento muscular y la expresión al rostro.

Los expertos señalan que es muy poco probable que el trasplante de cara sea tan exacto como el que propone la película Face off. La diferencia de la estructura ósea entre cada individuo provocaría que la cara trasplantada sufriera cambios sustanciales. Así, el paciente terminaría con una cara que no es la original. Aun sabiendo que el rostro del muerto no va a estar caminando por ahí pegado a otro cuerpo, es poco probable por ahora que muchos quieran ser donantes o que den su consentimiento para que un familiar fallecido lo sea. Una encuesta entre médicos, enfermeras y otros profesionales demostró que si bien aceptan el trasplante no estarían dispuestos a permitir que su cara o la de un ser querido se utilizara después de muerto.

Para muchos, como Peter Butler, médico cirujano del Royal Free Hospital y otro de los abanderados de la técnica, esta discusión es similar a la que tuvieron los trasplantes de órganos hace un par de décadas. Pero esa resistencia fue cediendo a medida que se demostró su valor para la supervivencia de muchos enfermos terminales.

Por eso cree firmemente en que estos dilemas se resolverán con el tiempo y una vez tengan permiso de las sociedades de ética intentarán llevar a cabo este tipo de trasplantes. Nadie sabe el dolor emocional que siente una persona todos los días al mirarse al espejo y ver su rostro desfigurado. Si alguien tiene un tumor se le da tratamiento, si tiene un problema del corazón también, pero para este problema no existe una alternativa satisfactoria. Sin embargo para muchos tal vez esto sea preferible a vivir con un rostro ajeno.

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