Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2009/03/14 00:00

Con todo el aval

Desde hace varios años el país acredita sus programas de pregrado. Ahora llegó el momento de hacerlo con los de posgrado.

Con todo el aval

Productos como los alimentos o las medicinas, servicios como el transporte aéreo o profesionales como los odontólogos deben ser certificados. De la misma manera, la educación requiere de un sistema que acredite que los programas impartidos a los estudiantes son de calidad y cumplen con unos estándares mínimos que la garanticen.
Actualmente, en Colombia el Consejo Nacional de Acreditación (CNA) es la entidad que certifica la calidad de los programas de pregrado. Según la ley, el objetivo final es acreditar a las instituciones pero, por razones prácticas, cada programa es acreditado en forma individual.

Actualmente, el CNA se encuentra en el proceso de elaborar los lineamientos de acreditación para los programas de posgrado. La labor empezó recientemente, en septiembre de 2008, cuando la entidad publicó los lineamientos para la acreditación de alta calidad de maestrías y doctorados, en un documento sujeto a cambios para acoger las revisiones de las universidades y que ya va en su segunda versión. Para preparar los lineamientos, el CNA tuvo en cuenta la experiencia de Europa, Estados Unidos y de los países latinoamericanos que ya cuentan con el sistema. Al finalizar el primer semestre de este año, estará listo el documento final y, a partir de septiembre, las universidades que lo deseen pueden solicitar que sus programas sean acreditados.

El proceso, aunque necesario, no ha estado exento de algunas críticas. Doris Santos, coordinadora del proyecto de autoevaluación de posgrados de la Universidad Nacional, dice que las maestrías y los doctorados tienen una historia reciente en Colombia y que no se les puede evaluar en el mismo contexto que los países desarrollados. “No tenemos la misma inversión en el PIB en investigación que es la base de los posgrados. Además, parte de la discusión actual es sobre la conveniencia de realizar el proceso este año. Habría un costo institucional y humano muy alto y  la mayor parte la hacen las universidades, pero las nuestras no han sido pensadas para la investigación. Actualmente, se invierte en la docencia para formar profesionales. No se trata de nivelar por lo bajo, sino hacerlo desde un criterio de realidad y de manera gradual”.

Otras críticas tienen que ver con que aún no se ha terminado de evaluar el resultado de esta experiencia en los pregrados, por lo cual sería prematuro avanzar en los posgrados. De todos modos, la experiencia acumulada en la acreditación de pregrados, aunque breve, ha dejado algunas lecciones. Por ejemplo, se ha fortalecido la cultura de la autoevaluación crítica, de manera que las universidades están pendientes de los aspectos que tienen que mejorar. Además, como las acreditaciones no se otorgan por períodos indefinidos, sino entre cuatro y siete años, las instituciones educativas están obligadas a revisarse permanentemente con el fin de renovar el aval de sus programas. En el campo de los posgrados, la situación sería similar, de modo que siempre habría una mirada que evalúe su calidad.

El padre Vicente Durán, vicerrector académico de la Universidad Javeriana, opina que sí es conveniente empezar a trabajar en la acreditación de maestrías y doctorados. “Las universidades ofrecen todo tipo de posgrados y  ya hay masa crítica para que el Estado asuma un liderazgo en el tema. El temor es que eso se convierta en un freno que no deje desarrollar los posgrados con toda la creatividad que requieren”, dice.
Por ahora, el documento final no ha sido aprobado y aún hay tiempo para que las instituciones y el CNA discutan sobre la ruta más conveniente en el tema de la acreditación. Es necesario oír todas las voces, dada su importancia para la educación superior y para  las metas que el país tiene para graduar cada vez más gente en maestrías y doctorados.

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