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| 7/10/2012 12:00:00 AM

Con todos los juguetes: esto es lo último en moteles

Los moteles con luces de neón, cama de agua, jabón chiquito sobre la almohada, espejos en el techo y las paredes, olor a desinfectante y plantas de bambú en la entrada están en vía de extinción. ¿Cuáles son las tendencias en moteles en Colombia?

Las nuevas residencias no tienen nada que envidiarle a un parque de diversiones temático ni tampoco a una suite de un hotel cinco estrellas. Ya no se parecen en nada a los antros de mala muerte donde los amantes solían esconderse para darle rienda suelta a su pasión.
 
Los nuevos amoblados que pululan por Bogotá son mucho más que un contenedor con un catre y una ducha. Funcionan en lujosos edificios que, de no ser por los vidrios polarizados, podrían ser perfectamente un hotel republicano, un conjunto residencial o una torre empresarial.
 
"Estos lugares están cambiando la estética típica de los moteles que nos ha vendido el cine, para parecerse cada vez más a un hotel elegante que en vez de cuartos recargados, camas en forma de corazón y muebles aterciopelados tiene una decoración sobria, con camas y sillas victorianas", asegura la artista plástica Adriana Marmorek, quien estudió algunos de estos establecimientos en la localidad de Chapinero, en el norte de Bogotá.
 
Suites cinco estrellas
 
Los moteles cada vez son más modernos e incluyen jacuzzi, sauna, pista de baile, tubo para los bailes eróticos, películas porno, servicio de bar, control de la iluminación, mobiliario erótico, una boutique especializada en toda clase de ayudas y juguetes sexuales y hasta un chef de renombre y festivales gastronómicos para los paladares más exigentes.
 
Todo el erotismo reunido en un solo escenario con el mismo servicio y el aseo de un hotel cinco estrellas. Lo único que los diferencia de los hoteles de lujo es que los clientes no tienen necesidad de identificarse, el servicio es por horas y no existen zonas comunes como el lobby, el restaurante y el gimnasio. Incluso en los parqueaderos comunales se cubren las placas de los carros, para preservar la intimidad de las parejas.
 

 
"Cuando contratamos un grupo de arquitectos y un decorador para construir un nuevo proyecto no lo hacemos pensando que es un motel, solo hasta el final le damos un toque sensual con colores como el rojo y muebles como la silla o el columpio erótico", asegura Nicolás Díaz, gerente administrativo de una cadena de seis moteles, que incluye a los Amoblados Rocamar, uno de los más reconocidos de la capital.
 
Díaz apoya su teoría en que la habitación sencilla es la preferida por los clientes de Rocamar y por eso el 60 por ciento de sus habitaciones son de este tipo. "No nos gustan los detalles obvios ni burdos. Tampoco que cada cuadro sea explícito. Nuestros clientes buscan un lugar sencillo y cómodo para tener intimidad y por eso nos eligen", agrega. Pero no todos prefieren un escenario minimalista.
 
Para los clientes más exigentes está la Suite Cristal que tiene más de 100 metros cuadrados con doble parqueadero y zona para los conductores, que cuenta con sala de televisión y baño independiente a la suite. Todo por 530.000 pesos por pareja.


 
Esta es una opción para quienes prefieren el lujo, pero para los amantes que buscan ambientes especialmente diseñados para cumplir sus mas íntimas fantasías, existen los moteles temáticos, una tendencia que está en auge en Cali.

Moteles temáticos
 
Uno de los precursores en el país de este tipo de residencias es Humberto Villegas, el creador del emblemático motel caleño Condoricosas, fundado hace 24 años, y del motel Kissme, con diez años de antigüedad.
 
Este establecimiento tiene en su entrada una estatua de la Venus de Milo de 16 metros de altura y 18 toneladas de peso, como preludio de lo que los amantes van a encontrar en su interior. Sus 3.000 metros cuadrados y 185 habitaciones temáticas que hacen un recorrido por el mundo ofrecen los escenarios más disparatados para los encuentros sexuales.



Desde la habitación española, con una cama en forma de plaza taurina y unos toros esculpidos que salen de la pared, pasando por la japonesa con dos luchadores de sumo enfrentados y la jamaiquina en la que Bob Marley observa a las parejas mientras se fuma un porro, hasta llegar a la venezolana en la que Hugo Chávez y Fidel Castro se abrazan, los 3.000 metros cuadrados distribuidos en seis pisos son para algunos un monumento a lo Kitsh y para otros "la oportunidad perfecta para viajar alrededor del mundo sin tener que pagar un costoso pasaje".
 
La habitación más popular es la Suite Presidencial Polar. "Si usted ahorra puede viajar a Europa o África, pero ir al Polo Norte lo dudo. A la gente le gusta romper la rutina y en medio de los 28 grados centígrados de Cali encontrarse en un iglú, tener que entrar en cuclillas al lugar y estar rodeado de una osa polar gigantesca que lo observa mientras usted abraza a su pareja para no tener frío", explica Humberto, alias Condorito. "Todo por 23.000 pesos en honor al lema del lugar bueno, bonito, barato y bacano".
 

 
A Humberto le toma entre uno y cuatro meses construir un cuarto, desde que se le ocurre la idea y la plasma en un papel hasta que su equipo de escultores la ejecuta. Cuenta que para elaborar este ambiente se inspiró en documentales de Discovery Channel y, como de costumbre, dejó volar su imaginación. No contó con la asesoría de un diseñador ni tampoco de un arquitecto.
 
¿Y la arquitectura qué?
 
Y es que aunque cada vez son más las edificaciones que se destinan a los encuentros amorosos esporádicos, no se le ha dado la suficiente importancia a este tipo de construcciones. De hecho, es usual encontrar en las bienales de arquitectura proyectos como bibliotecas, colegios, hospitales y cárceles, pero es casi un milagro que seleccionen un 'proyecto de apartahoteles'.
 
La construcción de un motel está llena de desafíos. Muchos están diseñados como una trama de recintos especialmente pensados para que el personal tenga el mínimo contacto con los usuarios y puedan seguir disfrutando de las mieles del amor en el más completo anonimato.
 
Además, se necesita que tenga buen acceso vehicular, que sea rentable con el número preciso de habitaciones por piso, que cuente con una excelente acústica, que sea hermético y que llame la atención entre todas las edificaciones de la manzana, que suelen tener la misma razón social.



Según Milton Jiménez, arquitecto a cargo de la construcción de varios moteles en Bogotá, el diseño depende en gran medida de las expectativas del dueño del establecimiento y del tipo de motel. Si es de gama media el presupuesto es muy similar al de un proyecto de vivienda multifamiliar, que ronda los 2.000 millones de pesos, y si es de gama alta puede llegar a costar más de 5.000 millones de pesos, que es una inversión similar a la que requiere un hotel de lujo.
 
"El sobrecosto se da por cuenta del número de baños, ya que se requiere uno por cada habitación, también se necesitan tanques de agua por la cantidad de veces que las personas se duchan", dice Jiménez.
 
Cambio de paradigma
 
Excéntricos o muy sobrios, lo cierto es que la concepción de motel ha cambiado, al menos en las propuestas arquitectónicas. Sin embargo, en la mentalidad de las personas aún se conserva la idea de que los moteles son "antros del pecado". "He tenido pacientes, tanto hombres como mujeres que afirman no ir a moteles y dicen sentirse ofendidos cuando su pareja se los propone", cuenta la sexóloga Alejandra Quintero, presentadora del programa 'El Diván Rojo'.
 
La idea de que la residencias son el paraíso de los amores clandestinos cada vez está más devaluada. Nicolás Díaz cuenta que en caso de Rocamar apenas el 25 por ciento de sus clientes son amantes.
 
Lo mejor de los moteles no son las camas gigantes ni los espejos, sino esa sensación de clandestinidad y de aventura que producen. "No es que los moteles mejoren las relaciones sexuales, solo que ofrecen diferentes elementos que según la creatividad, la apertura mental y la confianza de pareja, esta podrá disfrutar y así hacer un stop a la rutina -explica Quintero-. Las mujeres deberían tomar la iniciativa de invitar a sus parejas a 'moteliar', pagar la cuenta de vez en cuando y arriesgarse a explorar la oferta de moteles en la ciudad".
 
Al fin de cuentas los hay para todos los gustos, los temáticos, los de lujo y hasta los tradicionales de jabón chiquito que parecen estar condenados a desaparecer.
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