Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2015/10/04 12:13

Dos años de cárcel por espiar el teléfono de su pareja

La justicia española condenó a un hombre que intervino el celular de su esposa; lo hizo para probar ante un juez una relación extramatrimonial.

Novios y esposos celosos suelen interceptar teléfonos a sus parejas Foto: BBC Mundo.

Lo que cuestan los celos. La Justicia española castigó con dos años de cárcel y una multa de 6 euros diarios durante 19 días a un hombre que espió a su pareja, interviniendo su teléfono celular, para comprobar que le era infiel. La historia la recogió el diario ibérico El País.

El hombre fue hallado responsable del delito de descubrimiento y revelación de secretos con el agravante de parentesco, por violar la privacidad de su pareja, a fin de aprovecharse de esa información en el proceso de separación que estaban librando ante estrados judiciales.

La intención del condenado era ingresar a las fuentes de información privada de su mujer, como cuentas de correo electrónico y demás, con el fin de beneficiarse en el juicio de divorcio en los que ambos están comprometidos.

A pesar de que el procesado alegaba haber tenido acceso a las cuentas y las contraseñas, debido a que su esposa accedía a ellas a través del mismo puerto cibernético, el juez a cargo de la audiencia no excusó su comportamiento. Al contrario, explicó que no se trataba de una revisión superficial de esas fuentes de información privadas sino una detallada y encaminada a obtener provecho dentro de otro proceso jurisdiccional.

Según El País, otro joven celoso ya había sido capturado por las autoridades españolas por hechos similares. Había instalado un software en el teléfono de su novia, que le permitía acceder a programas de audio y video del móvil de su pareja, teniendo la posibilidad de espiar todas sus conversaciones y actividades diarias.

Los organismos de policía y judiciales españoles han lanzado voces de alerta, pues cada vez son más las denuncias respecto a celosos paranoicos. Muchas parejas han acudido a las autoridades, cansadas de los celos enfermizos de sus parejas y de la violación a su privacidad.

Este escenario abre el debate sobre la revolución tecnológica y la intimidad, cada vez más desprotegida de las personas que, en casos extremos como estos, se ven en la necesidad de exigir sanciones penales para sus compañeros sentimentales.

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