Lunes, 16 de enero de 2017

| 2002/03/01 00:00

Contra la corriente

Un reciente libro pone en tela de juicio todas las teorías sobre la supuesta destrucción del medio ambiente.

Contra la corriente

Tal vez el nombre que hoy por hoy causa más pasiones dentro de la comunidad ambientalista en el mundo entero es el de Bjorn Lomborg. La razón es que Lomborg, hasta hace poco un anónimo profesor de estadística en

una universidad de Dinamarca, ha despertado la ira de académicos y activistas con la publicación del libro The Skeptical Environmentalist (El ambientalista escéptico).

Y no es para menos. El libro, que no obstante sus casi 600 páginas y sus 3.000 pies de nota se ha constituido en un verdadero best seller, intenta demostrar que los ecologistas le han transmitido a la opinión pública una imagen sobre el estado del planeta que no se compadece con lo que la evidencia científica demuestra y que han distorsionado las cifras para vender una visión fatalista que no es real. “Sólo porque leemos cantidades de cosas malas en los periódicos no quiere decir que el mundo se esté yendo al infierno”, explica Lomborg, quien fue un convencido activista de Greenpeace.

El libro ataca lo que el autor llama las grandes letanías de los ambientalistas: la escasez de los recursos naturales, los peligros del aumento de la población y de la extinción de distintas especies de animales y plantas y la polución de aire y agua.

Lomborg señala que la energía y otros recursos se han vuelto más abundantes. Se produce más comida por persona ahora que en cualquier otro momento de la historia y menos gente muere de hambre. Aunque algunas especies están, de hecho, siendo extinguidas, sólo se espera que desaparezca el 0,7 por ciento de ellas en los próximos 50 años, y no entre 25 y 50 por ciento, como frecuentemente se predice. La mayoría de las formas de polución ambiental son o bien exageradas o transitorias, asociadas con las etapas tempranas de industrialización. Lomborg afirma que la liberación de gases que causan el calentamiento global aparece como un fenómeno de largo plazo pero su impacto total es improbable que plantee un problema para el futuro de la humanidad.

Según Lomborg, el pesimismo sobre el medio ambiente lleva también a que se tomen medidas que no son las prioritarias. Por ejemplo, cuestiona los inmensos esfuerzos que se han hecho porque se adopte el Acuerdo de Tokio sobre calentamiento global pues éste sólo implicaría que se posponga seis años el incremento de la temperatura (de 2094 a 2100) en apenas dos grados. La gran paradoja es que el costo que implica poner en marcha el acuerdo podría solucionar problemas tan apremiantes como el desabastecimiento de agua potable en el mundo entero, que cobra la vida de dos millones de personas cada año.

Por eso cree prioritario que las políticas ambientales se sujeten a un análisis de costo-beneficio. Mientras que salvar una vida humana a través de la medicina cuesta 19.000 dólares, hacerlo a través de la prevención de riesgos ambientales cuesta 4,2 millones. “¿Es razonable que salvemos una vida humana en el medio ambiente en vez de salvar 200 vidas en el sector salud?”, cuestiona.

Pero la arremetida de Lomborg va mas allá del análisis científico y económico y no duda en señalar que la actuación de algunas organizaciones ambientales muchas veces causa más efectos negativos que positivos. Acusa a algunos grupos de estar poseídos por un afán de figuración en los medios que obedece en muchos casos al interés de promover causas que les permitan recolectar enormes cantidades de dinero. Entre los ejemplos de distorsión que Lomborg cita está el de Worldwide Fund for Nature, una reconocida ONG que en 1997 denunció que dos terceras partes de los bosques del mundo se han perdido para siempre cuando la cifra realmente ascendía a 20 por ciento. Por estas circunstancias, Lomborg pone de presente que se hace necesario que a las ONG ambientales se les cuestione de la misma manera que se suele cuestionar a los demás grupos de presión.

Las tesis expuestas en El ambientalista escéptico han causado airadas respuestas. En septiembre Lomborg se disponía a dictar una conferencia en la Universidad de Oxford cuando un enfurecido colega ambientalista que se negó a compartir la tarima con él le lanzó un pastel. Revistas científicas como Nature, Science y Scientific American han publicado acaloradas respuestas al libro y no han ahorrado adjetivos para desestimar y ridiculizar el trabajo del danés. De hecho, éste ha sido calificado de superficial, parcializado e inexacto. Henning Sorensen, antiguo presidente de la Real Academia Sueca de Ciencias señaló que su compatriota no sólo está equivocado, sino que carece del entrenamiento profesional para comprender los datos que él mismo presenta.

Para responder a los ataques Lomborg creó la página www.lomborg.com pero un grupo de activistas ingleses puso en la red www.anti-lomborg.com, dedicado a desvirtuar sus ideas acusándolo de utilizar argumentos “peligrosos y engañosos”.

En diálogo con SEMANA, Alex Kirby, editor de medio ambiente de la BBC explicó que Lomborg desarrolla “puntos muy importantes que no pueden ser desconocidos, como lo relativo a la importancia que hay que darle al tema de la pobreza. Sin embargo, en ciertas partes el autor toma casos concretos que le impiden ver la panorámica general del problema y en otros llega a conclusiones que no son debidamente argumentadas”.

Pero no todo han sido críticas. The Economist ha dicho que la obra “es uno de los más valiosos libros que han sido escritos para el lector inteligente en los últimos 10 años”. Según la revista, a pesar de ciertas imprecisiones, el autor tiene la razón en sus más importantes puntos. “Los críticos de Lomborg protestan demasiado. Ellos están parloteando no porque éste carezca de credenciales como científico ambiental sino porque su libro es un poderoso y persuasivo asalto a los temas centrales del movimiento ambientalista moderno”. Lomborg parece preocuparse poco por la furia que sus tesis despiertan. “Si estoy tan equivocado, ¿por qué no lo documentan?”. n

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