Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 2007/06/16 00:00

Contra el tiempo

Los tratamientos antienvejecimiento están de moda en todo el mundo y ya se encuentran en Colombia. No se trata de cirugías estéticas superficiales, sino de cuidarse desde adentro.

Contra el tiempo

Dicen quienes lo oyeron, que en alguna entrevista al entonces presidente Misael Pastrana Borrero le preguntaron si le tenía miedo a la muerte. El contestó: "a la muerte, no. Le tengo miedo a la morida". El mandatario hacia referencia a una de las mayores preocupaciones que tiene la gente a medida que va envejeciendo y es a que esos últimos años vengan con enfermedades discapacitantes, que los vuelven dependientes y que les ocasionan dolor no sólo físico, sino emocional, tanto a ellos como a sus familiares. Lo ideal, según la lógica de Pastrana, sería morirse a los 79, tras haber jugado el día anterior 18 hoyos de golf y haber bailado toda la noche en una fiesta de matrimonio. Desafortunadamente, no todos tienen esa suerte. Muchos llegan a viejos con problemas serios que disminuyen su calidad de vida.

Sin embargo, la ciencia de hoy asegura que es posible alcanzar ese sueño si la persona se prepara a partir de los 35 años. A este nuevo tipo de terapias preventivas se le conoce como medicina antienvejecimiento y aunque su nombre sugiere bisturís y tratamientos cosméticos, la verdad es que no trabaja en la fachada (aunque no descarta la posibilidad), sino en el interior del organismo. Después de todo, no sirve de mucho lucir más joven externamente, si por dentro el organismo está deteriorado.

La medicina antienvejecimiento surgió hace 12 años en Europa y Estados Unidos, ante la preocupación por el envejecimiento de la población mundial. La inversión de la pirámide poblacional hizo pensar en que en el futuro no habría sistema de seguridad social para sostener las enfermedades de todos los mayores de 65 años que vivirían 20 años más, sin producir un peso, pero consumiendo los recursos de salud de hospitales y clínicas. Así mismo, fue una manera de equilibrar el auge de las cirugías plásticas. "Una cosas es tener una cara bonita, pero otra igual de importante es poder vivir esos años de manera autónoma y con vitalidad", dice Hernando Harker, cirujano plástico y director científico de TAE, una clínica antienvejecimiento en Bogotá.

Curiosamente, las terapias antienvejecimiento no consisten en procedimientos que hacen magia en el paciente, ni mucho menos pactos con el diablo. Se trata de aplicar los mismos principios de siempre: comer en forma saludable, hacer ejercicio y tener buenos hábitos. La diferencia radica en que hoy existen muchos aparatos digitales que pueden hacer una medida muy precisa de la situación fisiológica de las células, que permiten establecer con precisión la edad biológica de las persona, la cual no siempre coincide con la de la cédula. (ver recuadro). El 20 por ciento del proceso de envejecimiento, dice Harker, ya está codificado genéticamente y no se puede modificar. El 80 por ciento restante depende de cada individuo y de cómo trata su cuerpo. Si bebe y fuma, el proceso se acelerará más que el de una persona que come equilibrado y hace ejercicio cinco veces a la semana.

El trabajo de estas clínicas consiste en hacer primero una evaluación exhaustiva del paciente hoy. Para ello cuentan con una serie de equipos que permiten medir el nivel hormonal, el estrés, los antioxidantes en el cuerpo, el peso y la grasa -incluso saber dónde está localizada-, el ritmo cardíaco, todo con exámenes muy sencillos. Un examen, por ejemplo, consiste en colocar un electrodo en el dedo índice durante un minuto. En tres más, el aparato le ofrece al paciente una valoración de sistema nervioso autónomo, incluidos sus dos componentes, el sistema simpático y el parasimpático. Particularmente indica la capacidad del cuerpo para autorregularse, la resistencia al estrés, el nivel de fatiga de ese individuo (ver recuadro). También hay que someterse a un examen de sangre riguroso y a un cuestionario de más de 100 preguntas que, con las otras pruebas, le ofrece al médico un panorama que muestra cómo se encuentra ese organismo, cuál es la edad biológica de cada órgano y, por consiguiente, cómo va a ser su desempeño en el futuro. El paciente recibe a la vuelta de dos semanas una especie de enciclopedia sobre sí mismo.

Con ese mapa en la mano, los diferentes médicos que intervienen en el proceso diseñan un camino para que la persona llegue a vieja sin tantos achaques. Dependiendo del caso, muchos deben hacer sacrificios y decirle adiós al dulce o al cigarrillo, si es el caso. La clave está en el ejercicio y la alimentación, dice Francisco Jiménez, médico especializado en el tema. "Deben ser balanceados y dosificados de acuerdo con cada metabolismo", asegura. El programa es como un traje a la medida. Para cada individuo hay una rutina, una dieta, unas recomendaciones, y estas, como las invitaciones, son personales e intransferibles.

Según estudios de la universidad de Harvard, el 95 por ciento de los pacientes que siguen este tratamiento logra tener más resistencia a las enfermedades. Este alto índice de éxito se debe a que la persona se adhiere fácilmente al programa porque "el paciente que viene está interesado en cambiar y acepta voluntariamente seguir los consejos de los terapeutas", dice Jiménez. Paco Cañizares, un periodista español que estuvo un año en uno de estos centros, escribió en la revista Quo que una parte fundamental del tratamiento es "aceptar reglas que, de tan escuchadas, parecen manidas: nutrición adecuada, actividad física, hábitos saludables y una buena actitud ante la vida". Para Harker, aunque se trata de reglas elementales, la gente no las seguiría si un experto no se las dice o si los cambios no se hacen bajo supervisión.

Este tipo de tratamiento está indicado para personas sanas a partir de los 30 años. Aunque el recorrido cuesta abajo empieza a los 20, es a los 30 cuando los estragos del tiempo se empiezan a notar. Gran parte de la culpa se les puede adjudicar a los radicales libres que, a pesar de lo que pueda sugerir el nombre, no se trata de un movimiento fundamentalista de la extrema derecha, sino de moléculas inestables de oxígeno que bombardean las células. El estrés ayuda a producir estos elementos tóxicos. A partir de los 40 la cosa empieza a ponerse color de hormiga. Se pierde masa muscular, se incrementa la grasa corporal, se debilitan los huesos. "Retardar ese proceso implica mantener las labores de reparación y renovación celular por encima del ritmo de la degradación", dijo a Quo José Márquez-Serrés, de la sociedad Española de Medicina Antienvejecimiento y longevidad (Semal) .

En España, donde el auge ha sido inmenso, más de 5.000 personas al año acuden a este tipo de terapias. Allí un tratamiento de estos puede costar 6.000 euros. En Colombia, el precio de estas terapias oscila entre cuatro y cinco millones. No se descarta que en un futuro los precios de estos programas bajen y se puedan masificar para que muchos se beneficien de ello. "Esta visión de la salud es reciente en el hemisferio occidental, pero en Oriente es ancestral y allí los malos médicos son los que deben curar a los pacientes", dice Harker. La verdadera medicina consiste en impedir, con ciertas medidas elementales, que el paciente se enferme.

No hay un consenso sobre cuántos años se gana la gente si sigue al pie de la letra estas recomendaciones. Unos dicen que cinco, otros, que tres, y hay optimistas que alegan que se podría llegar a los 100. Lo que hay que resaltar es que la medicina antienvejecimiento promete que estos años extra, cuantos quiera que sean, se vivirán sin tantos achaques y enfermedades.

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