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| 10/18/2014 10:00:00 PM

¿Crisis de los 40? ¿Cuál?

Recientes estudios revelan que el síndrome de la edad mediana no existe.

La idea de la crisis de la edad mediana está grabada en la cultura, al punto de que a cualquiera que a los 40 años se divorcia, cambia de trabajo y compra un carro, se le considera un fiel exponente de esta fase de la vida. Pero según estudios recientes, este concepto estaría sufriendo su propia crisis de identidad pues los estudios científicos no logran confirmar su existencia.

Esta fase turbulenta de la vida fue descrita en 1965 por el psicoanalista Elliot Jacques, que la consideró una etapa de transición entre la adultez y la vejez. En la década de los setenta el psicólogo Daniel Levinson perfeccionó la idea basado en entrevistas con 40 hombres, pero el término solo se acuñó con la ayuda de Gail Sheehy, una periodista que publicó el libro Passages basada en el trabajo de Levinson y del psiquiatra Roger Gould. La propuesta de Sheehy era que a la edad de 42 años tanto hombres como mujeres podrían esperar una crisis de grandes proporciones en sus vidas. El de la edad mediana, sin embargo, era uno de varios trances necesarios para hacer una pausa y reflexionar sobre el futuro. “Según Sheehy, uno podía marcar el calendario y esperar los giros precisos que cada década traía en las personas”, dice Krauss.

Más tarde el psicoanalista Erik Erikson señaló que durante la crisis de la edad mediana la gente luchaba por contestar preguntas internas sobre el significado y el propósito en la vida. El síndrome era una especie de pellizco interior para alertar al individuo sobre su propia mortalidad. Así las cosas, la confusión, la duda, el aburrimiento y la rabia lo invadían y aquellas personas que lo vivían profundamente presentaban síntomas más drásticos como depresión y ansiedad.

Pero la evidencia científica señala que a esta edad no todo el mundo sufre la crisis, por lo tanto no es tan universal como se creía. Tampoco se ha podido asociar a una edad determinada y de hecho ningún momento de la vida parece propiciar disturbios internos como los descritos por Jacques.

Un trabajo conocido como el Normative Ageing Study hecho con veteranos estadounidenses monitoreados desde sus 20 años hasta la madurez mostró que los únicos que tuvieron esta crisis a los 40 años también la tuvieron a los 20, lo que sugiere que hay individuos más propensos a estos tiempos de tensión que otros y por razones diferentes. “La gente vive etapas difíciles a lo largo de su vida, pero estas se relacionan con la edad”, dice Alexandra Freund, investigadora sobre longevidad de la Universidad de Zurich.

Susan Krauss Withbourne, profesora de psicología de la Universidad de Massachusetts en Amherst, adelanta otra investigación que estará lista en 2015. Los resultados preliminares del trabajo, en el cual participan 450 universitarios graduados entre 1965 y 2006, muestran conclusiones similares a las anteriores: las únicas personas que reportaron haber tenido la crisis habían experimentado muchas otras durante su vida, con lo cual se confirma que no es un fenómeno exclusivo de la edad.

Otro trabajo, patrocinado por el Instituto Nacional de Envejecimiento de Estados Unidos, encontró que solo el 26 por ciento de los adultos de entre 25 y 76 años reportaron haber tenido una dificultad durante la edad mediana. Pero cuando analizaron solo a los de 40 años, la edad en la cual la crisis se daría, los científicos notaron que se debió más a eventos circunstanciales que podrían suceder en cualquier momento, como el divorcio o la pérdida del trabajo. “Es una buena excusa para un libro o una película, pero realmente no es un concepto muy preciso”, dice Margie Lachman, de la Universidad de Brandeis, quien participó en la investigación.

Esto no quiere decir que esa edad sea un jardín de rosas. Un estudio de los economistas Andrew Oswald y David Blanchflower, de la Universidad de Warwick y del Darthmouth College, respectivamente, hecho entre 500.000 estadounidenses y europeos, encontró que el índice de satisfacción promedio toca su punto más bajo a los 40 años, posiblemente por el estrés que demandan los frentes laborales y domésticos. Pero al mismo tiempo, los psicólogos han notado que para ese entonces los individuos tienen mucha más capacidad de sortear los problemas que a los 27, por lo cual dicha edad no es tan problemática como otras. “En ese momento ya se tiene la experiencia y los recursos para manejar el estrés”, dice Elaine Wethington, profesora de sociología de la Universidad de Cornell.

Aunque Sigmund Freud opinó que a esta edad el hombre sufría ante la conciencia de su propia mortalidad, David Almeida, profesor de desarrollo humano de la Universidad del estado de Pensilvania, ha encontrado en sus estudios que los cuarentones tienden a estar más satisfechos con la vida que los más jóvenes. Están adaptados a su trabajo, sus hijos ya están más grandes y sus matrimonios más consolidados. Las eventuales crisis no aparecen necesariamente por la edad sino por hechos que generan tensión como la muerte de los padres o una enfermedad. “Y si se compran un carro deportivo lo hacen más porque tienen la plata y pueden darse el lujo que por buscar la juventud perdida”.
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