Miércoles, 18 de enero de 2017

| 2006/02/02 00:00

Cuando el río suena

Aunque tienen una connotación negativa, algunos estudios recientes muestran que los chismes son necesarios en la sociedad

Cuando el río suena

La semana pasa-da, el caso del senador Rafael Pardo y su supuesto contacto con las Farc, que luego se desvirtuó, demostró la capacidad que tienen los rumores de convulsionar el país. Precisamente por ese poder que tienen los chismes en la sociedad, la sicología se ha dedicado a estudiarlos. Aunque algunas veces pueden ser negativos y dañar la reputación de cualquiera, los científicos creen que el chisme y los rumores cumplen una función fundamental, pues ayudan a entender las normas de convivencia en una determinada organización. "Es una regla básica de los grupos sociales que busca darle sentido a nuestro medio", dijo a SEMANA Kevin Kniffin, un experto de la Universidad de Wisconsin que ha estudiado el fenómeno.

La investigación de Kniffin y su colega David Sloan Wilson, de la Universidad de NuevaYork en Binghamton, muestra que los chismes sirven para reafirmar el comportamiento positivo dentro del grupo y para condenar a aquel que rompe las reglas. En otras palabras, es una manera de aprender cómo ser un mejor actor social y encajar dentro de un grupo. Si en una charla, por ejemplo, alguien critica al vecino por su forma estrafalaria de vestir, el interlocutor tendrá cuidado de no hacer lo mismo. El chisme le ayudará a saber cuáles son los limites en ese grupo y qué tan confiables son esas personas.

La función del chisme es tan importante, que algunos expertos, como la sicóloga Sarah Wert, de la Universidad de Yale, afirman que no participar en los chismes y rumores puede ser poco saludable. En una compañía, explica la experta, la información formal se encuentra consignada en el manual de trabajo. Pero la informal -saber si el jefe es bravo o cómo y a quién pedirle aumento-, es provista por los rumores y el chisme. Por eso, según ella, en estos ambientes dicha se práctica debería tolerar.

No es raro, entonces, que para los seres humanos sea tan difícil resistirse a la tentación de 'chismosear'. Se estima que dos tercios de las conversaciones de las personas se enfocan en otros. Los temas más interesantes, según los expertos, son los que tienen que ver con los problemas de los demás: la infidelidad, la orientación sexual, el alcoholismo. "Necesitamos comparar nuestras vidas con las de los otros para asegurarnos que ellos también tienen debilidades e insatisfacciones", dice la siquiatra Juliana Villate.

Aunque los chismes se dan en un contexto más bien cerrado, difícilmente se quedan estáticos, pues la mayoría tiende a pasar esa información a otros, como una especie de teléfono roto. Malcolm Gladwell, autor del libro The Tipping Point, sostiene que los rumores son los más contagiosos de todos los mensajes sociales. Por otra parte, más que hablar de asuntos negativos o positivos de una persona en particular, los chismes reflejan las ansiedades de una sociedad. De esta forma, dicen más sobre los miedos, los deseos y las obsesiones de quien los propaga que del protagonista del rumor. Los hay de dos tipos: los que la gente quiere ver convertidos en verdad y los que desearían que fueran mentiras.

Chismosear y propagar rumores son hábitos muy antiguos. Robin Dunbar, sicólogo de la Universidad de Liverpool, estableció que el chisme es el equivalente humano del hábito de los primates de acicalarse mutuamente, cuya función es mantener juntos a los animales de un mismo grupo. La neocorteza, la parte más reciente del cerebro humano, no surgió para sobrevivir, como se pensaba, sino para que el hombre pudiera adaptarse y mantenerse unido en organizaciones grandes. Esta parte del cerebro, según Dunbar, está capacitada para manejar hasta 150 individuos, esto es conocerlos y llamarlos por su nombre. En grupos tan numerosos, acicalarse para mantener la cohesión hubiera robado tiempo a actividades como conseguir comida. El lenguaje, dice, fue el cemento social, y el chisme, una manera de decir prefiero estar contigo que con otra persona.

Pero, ¿qué pasa cuando un rumor se echa a rodar en forma malintencionada? Kniffin dice que sus estudios no han revelado la respuesta, pero cree que tiene que ver con la necesidad de controlar un comportamiento que no encaja con las reglas del grupo. Se trataría de una forma poco ortodoxa de un fenómeno que, para sorpresa de muchos, es más importante de lo que se creía. n

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