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| 9/16/2017 10:15:00 PM

¿Cuándo hay que ir a terapia de pareja?

Hablar con un experto ayuda a salvar matrimonios, pero solo al hacerlo a tiempo, antes de que los síntomas de insatisfacción se desarrollen.

Se calcula que 18 por ciento de los casados viven luchando por salvar la relación y superar sus diferencias, que en su mayoría aparecen por el manejo del dinero o por problemas en la cama. Buena parte de estas uniones no logra sobrevivir. Según cifras de la Superintendencia de Notariado y Registro, los divorcios en Colombia han aumentado 30 por ciento desde 2014, y se calcula que por cada tres parejas que se casan en las notarías colombianas, una se separa. Por esto, muchos se preguntan por la efectividad de la terapia de pareja, una intervención que consiste en sentar a hablar a los dos esposos frente a un tercero.

Los expertos dicen que es de gran ayuda. Hablar con una tercera persona entrenada en estos temas “abre la mentalidad rígida en la que cada uno se encuentra”, dice el terapeuta David James Lees. Además, puede recordarles a los dos la razón por la cual se juntaron. En estos encuentros se busca llegar a la raíz del resentimiento, y a partir de ahí se sacan herramientas para construir una nueva relación. Pues como dicen, no se puede cambiar lo que no se entiende.

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Pero para que tenga éxito es necesario seguir ciertas pautas. La más importante es ir a tiempo, es decir, ante el menor indicio de insatisfacción y antes de que exploten el rencor y la rabia. “Cuando ya no se sienten a gusto, dejan de compartir cosas que antes hacían juntos o que los acercaban o sienten cierto fastidio por el otro”, dice la psicóloga Lorena Rico. El problema es que la mayoría solo acude cuando ya es demasiado tarde y los problemas han avanzado. En esas circunstancias el psicólogo tiene que “actuar más como un bombero que como un terapeuta”, dice Castrillón.

También es negativo ir con agendas ocultas. Se dan casos en que un cónyuge quiere convencer al terapeuta de que su punto de vista es el correcto y jugar al papel del policía bueno. Otros solo van para que después no digan que no lo intentaron. “En su corazón no quieren estar ahí, pero tampoco quieren terminar como culpables”, dice Castrillón. La terapia tampoco funciona cuando ya no hay amor o uno de los dos no está interesado en recuperar la relación. Por eso, en la primera cita Castrillón les pregunta a cada uno por separado si está realmente interesado en ese proceso. Aun cuando la infidelidad remueve los cimientos de la relación, la terapia puede ayudar. Se requerirá de mucho más tiempo porque hay que recuperar la confianza. Y las parejas con más probabilidad de lograrlo son aquellas en las que la persona afectada por lo cachos pone condiciones y la otra las acepta y las sigue.

Hay que tener en cuenta que la terapia de pareja no solo sirve para salvar un matrimonio, sino también para hacer más llevadero el eventual divorcio. “La mayoría llega para arreglarse, pero esa no es la única alternativa”, dice Diego Castrillón. “Otra posibilidad es quedarse bajo un mismo techo, pero sin hacerse tanto daño. También está la opción de lograr una ruptura lo menos traumática posible”.

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Funciona si…

Van oportunamente: deben pedir la ayuda cuando surgen los primeros síntomas de problemas y no cuando ya no se soportan.

Acuden sin agendas: muchos quieren persuadir al experto de que son las víctimas o de que tienen la razón. Pero la actitud más acertada en la terapia es escuchar.

Dicen la verdad: mentir o guardar secretos limitará el éxito del ejercicio. Mentir para impresionar al terapeuta tampoco es una actitud sana y solo ahondará los problemas.

Llegan dispuestos: asistir a la terapia por complacer al otro o por quedar bien no ayuda. Deben llegar con la menta abierta y la idea de que algún provecho sacarán, así solo sea entender mejor la situación.

No ponen límites de tiempo: algunos solo requieren seis sesiones para volver a encarrilarse, pero otros toman más. Es clave mantenerse y ser disciplinado en la tarea de recuperar la relación.

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