Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1994/04/11 00:00

CURA PARA GRASOADICTOS

En unos años, una píldora evitará el deseo incontrolado por los alimentos ricos en grasa.

CURA PARA GRASOADICTOS

POCAS PERSOnas logran resistir la tentación ante ciertos alimentos. Especialmente aquellos que los dietistas han catalogado en la lista de los prohibidos por su alto contenido de colesterol. La gran mayoría ve flaquear su fuerza de voluntad ante un helado de chocolate, una porción de papas fritas o una apetitosa chuleta de cerdo mientras mira con desdén el saludable brócoli y apenas logra tragar una ensalada. Pero el problema no parece ser sólo cuestión de gustos gastronómicos. Recientes estudios han mostrado que la adicción a las grasas puede tener un origen biológico.
Para los neurobiólogos, la culpa de esta adicción radica en una sustancia química producida por el cerebro, que específicamente dispara el deseo por la grasa: la galanina, un neurotransmisor producido en el hipotálamo.
Según los estudios realizados en ratas de laboratorio por la doctora Sarah Leibowitz, de la Universidad de Rockefeller, en Nueva York, cuando los niveles de galanina aumentan en el cerebro, los animales se leccionan invariablemente comidas altas en grasa. Igualmente la investigadora ha establecido que mientras los niveles de galanina permanecen bajos en la mañana, aumentan en el curso del día, estimulando el apetito por las grasas hacia el mediodía y en la noche. Pero también existe una sustancia que le hace la guerra a la galanina. Esta se conoce como enterostatina, un químico producido por el páncreas, que inhibe el llamado apetito graso. Según sus observaciones, las ratas que producen poca esterotatina consumen una gran cantidad de alimentos ricos en colesterol, hasta tal punto que llegan a ser obesas.
Al parecer, con los alimentos grasos sucede lo mismo que con el dinero: mientras más se tiene, más se desea. La doctora Leibowitz encontró que comer alimentos grasos parecía despertar en algunas ratas aún más el deseo por este tipo de alimentos. La explicación que da es que el consumo de grasas hace que el cerebro produzca más galanina. Y en la guerra química interna, entre el deseo -galanina- y la inhibición enterostatina, generalmente gana la primera. En consecuencia, si usted sucumbe ante una hamburguesa con queso y salsas es posible que no pueda pararse de la mesa hasta que no dé cuenta de un helado de chocolate.
Mientras los neurobiólogos examinan el cerebro en busca de trazos que expliquen el amor de los humanos por los alimentos ricos en grasas, sociólogos y antropólogos tienen su propia explicación. Según la socióloga francesa Claude Fischler, los hombres primitivos consumían principalmente vegetales, y la carne, alta en grasa, la comían rara vez. Y señala que a medida que el hombre ha evolucionado, ha aumentado también el consumo de productos animales. En cambio, el antropólogo Stephen Bailey considera que la culpa no está en los genes ni en la evolución, sino en la cultura. Y que aunque componentes como la galanina desempeñen un papel importante en el apetito, también está visto que el ser humano es capaz de generar una gran variedad de respuestas a las señales del cerebro. "Por eso somos diferentes a las ratas", concluye Bailey.
En lo único en que están de acuerdo los científicos es que en materia de grasas es más fácil hacer grandes cambios en la dieta, que pequeños. Y aunque los alimentos ricos en grasas puedan parecer a todos irresistibles, está bien demostrado que quienes deben, por cuestiones de salud, seguir una dieta baja en grasas, consiguen ganarle la batalla a la galanina.
Pero en pocos años no será sólo cuestión de fuerza de voluntad. Como resultado de estos nuevos descubrimientos, varias compañías farmacéuticas están invirtiendo sumas millonarias en la búsqueda de una sustancia que pueda suprimir el deseo por las grasas sin afectar el gusto por las proteínas y los carbohidratos. Y algunos predicen que, para el final de esta década, habrá una píldora que ayude a los grasoadictos a no caer en la tentación de los alimentos prohibidos.-

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