Viernes, 20 de enero de 2017

| 2009/11/07 00:00

De boca en boca

Los rumores en el trabajo crean un ambiente laboral incómodo y afectan el rendimiento de los empleados. Un estudio muestra las formas más comunes de cotilleo en las empresas.

De boca en boca

Para nadie es un secreto que a la mayoría de las personas le encantan los chismes, los rumores y las murmuraciones. Pero lo que pocos saben es que el comadreo es mucho más común entre los empleados de una empresa, y en ocasiones es más negativo que en ambientes menos formales. Eso fue lo que encontró Tim Hallet, un sociólogo de la Universidad de Indiana, quien por primera vez se dedicó a escuchar rumores e investigar la influencia de éstos en una escuela primaria ante la llegada de un nuevo director.

Durante dos años, Hallet grabó varios de los encuentros formales de un grupo de profesores, y descubrió que aunque inicialmente se reunían para discutir temas de la institución, terminaban expresando sus sentimientos sobre sus jefes, y en especial, del nuevo director, quien era rechazado por su rigor y su constante control.

En anteriores estudios hechos en ambientes informales se encontró que una conversación se podía volver más dañina si el interlocutor no detenía a quien había iniciado el comentario. Sin embargo, la nueva pesquisa descubrió que en el trabajo el cotilleo es más moderado y menos predecible. Según Hallet y sus colegas, mientras en un ambiente informal la murmuración es más directa y dura menos, en el laboral persiste y se utilizan modos más sutiles como las críticas ocultas, el sarcasmo o comparar con colegas pasados. Por ejemplo, en una reunión una de las profesoras empezó a recordar con mucho afecto al antiguo director al decir que el ambiente era "tan calmado, que uno podía enseñar porque no había nadie vigilando". Si bien no fue necesario decir que el nuevo director era controlador, el mensaje era explícito. Cuando la investigación estaba por terminar, el cotilleo se había vuelto más intenso, lo que provocó la salida de los profesores y que los estudiantes empeoraran en sus calificaciones.

Hallet concluyó que en este experimento se pudo comprobar las dos concepciones antropológicas y sociológicas sobre el chisme. Una lo ve como una herramienta para mantener la solidaridad de un grupo, y la otra como un método hostil que refleja el egoísmo de un individuo para alcanzar sus intereses. "El chisme sirvió para consolidar el grupo de las profesoras, pero fue una guerra que terminó por dañar a todo el mundo", dijo Hallet en sus conclusiones.

Según Gabriel Pineda, sicólogo especialista en recursos humanos, el rumor en las empresas les significa a las personas de menor rango cierta ventaja que les ayuda a compensar la posición que ocupan en la compañía, al darles acceso a información a la que no tendrían acceso. Lo mismo piensa Óscar Iván Ortiz, antropólogo de la Universidad Nacional, para quien el chisme demuestra la existencia de estatus social, y es usado por los subalternos para minar la autoridad de un superior.

Además, hay situaciones incidentales en la empresa que generan ambientes más propensos a que circulen rumores. En épocas de crisis, por ejemplo, los chismes son más frecuentes. Esto se debe, según la sicóloga Yolanda Sierra, a una necesidad del ser humano por querer controlar una situación que amenaza su estabilidad.

Lo mismo ocurre cuando llega un nuevo empleado a la compañía, sobre todo si es un alto cargo directivo, como ocurrió en la investigación de Hallet. "El chisme prospera cuando los hechos son inciertos y es a menudo provocado por las violaciones a las normas que existían en un grupo", dice. A pesar de los efectos perjudiciales de esta práctica, los expertos admiten que es imposible erradicar el chisme, pues, como dice Pineda, "es una condición social que permite satisfacer la curiosidad humana".

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