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| 9/19/1988 12:00:00 AM

DE PURA VERDAD

El tono de la voz, las manos y especialmente el rostro, pueden fácilmente delatar a un mentiroso.

Según el refrán popular, "más rápido cae un mentiroso que un cojo". Pero, por lo visto, la realidad es mucho más complicada, los mentirosos son cada dia más difíciles de coger y no se ponen zancadilla a ellos mismos tan fácilmente. Es por eso que, dia a día, los científicos buscan nuevos métodos y técnicas para lograr descubrir el momento preciso en que una persona está mintiendo.

Lo cierto es que, desde que existe la humanidad han existido mentirosos y personas dedicadas a descubrirlos.
Hace algunos meses, el doctor Paul Ekman, sicólogo de la Universidad de California en San Francisco, terminó un largo estudio que lo llevó a descubrir ciertas actitudes tipicas y cambios que se operan en las personas que dicen mentiras. De acuerdo con las investigaciones de Ekman, los mentirosos principiantes son fáciles de pescar, ya que frecuentemente se contradicen a ellos mismos. En otros casos--cuando se conoce bien a la persona--es fácil percibir que se está cuidando demasiado, que habla un poco frenado y mide en exceso cada una de las palabras que utiliza, para que no lo descubran. Además, el tono de la voz generalmente los delata.

El gran reto se presenta cuando se está frente a mentirosos consumados, que no se delatan por la voz, manejan el tono y hablan con total convencimiento. En este caso, un análisis detallado de los gestos es muy importante para hacerlos caer. Generalmente, al hablar las personas mueven sus manos y gesticulan, especialmente cuando hay cierto grado de tensión o estrés. El mentiroso profesional trata de evitar tales movimientos en su afán de hacer más convincente su discurso, lo que puede interpretarse como un indicio grave. Al lado de tales sintomas, los mentirosos tienen en su contra al sistema nervioso autónomo, que genera reacciones involuntarias como cambios en el ritmo respiratorio, excesiva salivación, o resequedad en la boca, sudoracion exagerada, cambios en la coloración de la piel, dilatación de las pupilas, etc. Sin embargo tales cambios, aunque repentinos e involuntarios, son difíciles de constatar en condiciones normales.
Por eso, sólo una detenida observación del rostro de la persona puede revelar señales que permitan descubrir a un mentiroso.

Según el caso, el rostro humano presenta expresiones determinadas para cada situación. Los gestos son involuntarios y, aunque la mayoría de las personas han aprendido a enmascarar algunas reacciones, es imposible esconderlas del todo. Es así como, ante una frase sorpresiva o delatora por más entrenada que esté la persona, sus músculos se moverán involuntariamente de una manera determinada por fracciones de segundo. Por ejemplo, cuando se está triste las comisuras de los labios se bajan sin que esto haga mover los músculos del mentón, lo que no ocurre cuando la actitud es fingida. La tristeza y la preocupación son fácilmente detectables en la frente, que en esas circunstancias tiende a arrugarse. Algo similar ocurre en estados de miedo, cuando las cejas tienden a unirse Y producen surcos en la frente. Uno de los sentimientos que la gente más busca esconder es la ira. Para desgracia de los mentirosos iracundos, sus labios se van apretando poco a poco, como si quisieran desaparecer, y los delatan. En cuanto a los ojos, la mirada puede proporcionar información clave: una mirada hacia abajo puede estar indicando tristeza; mirar hacia un lado o evadir la mirada del interlocutor es sinónimo de verguenza, culpa o disgusto. Estos gestos pueden ser imitados o falseados, pero lo que nunca podrá mentir es el tamaño de la pupila que en situaciones de excitación, por ejemplo, invariablemente se dilata.

La "sonrisa de hiena" no podía faltar. Cuando la risa es franca aparece simétrica y plena. En cambio, cuando es fingida, el rostro aparece asimétrico, o sea que la expresión de la boca se acentúa más de un lado de la cara que del otro. Tambien, las sonrisas falsas se pueden descubrir porque aparecen tarde o porque duran demasiado, como para enfatizar que se está alegre. La sonrisa de miedo hace ver la boca rectangular y va acompañada por un acercamiento de las cejas. En la sonrisa que trata de ocultar tristeza, el labio superior presiona al inferior, el mentón se levanta como tratando de evitar que las emociones negativas se vayan a salir. En la sonrisa verdadera las cejas no se bajan, mientras que en las falsas no se pueden disimular las tensiones presentes en el rostro.

Todo parece indicar que el método del doctor Ekman ha logrado un exito tal, que varios departamentos de policía norteamericanos han enviado a algunos de sus oficiales a tomar los cursos basados en los trabajos del sicólogo. Lo cierto es que, aunque se trata de unas claves que no permiten sacar conclusiones definitivas acerca de la veracidad de lo que dice una persona, sí pueden servir como indicios serios en esa materia. Al parecer, el método no es tan difícil de aplicar y sólo requiere de un poco de práctica, la que se puede alcanzar observando detenidamente a todo el que se cruce en el camino. --
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