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| 12/10/2011 12:00:00 AM

De vuelta a casa?

Al exdictador Manuel Noriega, tras más de veinte años encarcelado en Estados Unidos y Francia, lo espera en su país una condena de 60 años.

El dictador panameño Manuel Antonio Noriega no duró mucho tiempo a salvo de las tropas norteamericanas al resguardarse en la Nunciatura Apostólica en su país en enero de 1990. Luego de que el Ejército invasor gringo lo atacó con canciones de rock que salían de parlantes gigantes, el general se entregó. Muchos atribuyeron su entrega a este sistema; luego se supo que su rendición se debió más a la presión política. Estados Unidos había invadido el país para derrocar a su antiguo aliado en la lucha contra el comunismo en Centroamérica, acusado de narcotráfico y violación de los derechos humanos. La justicia norteamericana -hasta ahora dueña del destino del exhombre fuerte de Panamá- dio la autorización hace algunas semanas para que Francia, donde Noriega paga una condena por lavado de dinero, lo extraditara a Panamá.

El exdictador será trasladado de la cárcel La Santé, en París, a ciudad de Panamá antes del 13 de diciembre para enfrentar varias condenas, que suman 60 años. Allí llegará inmediatamente a una prisión cerca del Canal, como lo anunció el presidente de ese país, Ricardo Martinelli. Así parece terminar el largo capítulo internacional de los crímenes por los que Noriega, de 77 años, es responsable.

El Carepiña, apodado así por su rostro agujereado, gobernó de facto a Panamá de 1983 a 1989. Desde tiempos del dictador Omar Torrijos, del que fue la mano derecha como jefe del Servicio de Inteligencia, Noriega

habría empezado su prontuario de delitos. El gobierno norteamericano prefería hacerse el de la vista gorda, pues miraba con complacencia la presencia de un hombre como Noriega en América Latina en medio de la lucha contra el comunismo en la región.

Sin embargo, el Tío Sam les prestó atención a las serias acusaciones de narcotráfico y de crímenes contra la oposición que pesaban contra el general cuando este les dio la espalda. El presidente norteamericano, George Bush padre, ordenó invadir a finales de 1989. Acusado de tener nexos con el cartel de Medellín, Noriega fue condenado inicialmente a 40 años de prisión en Estados Unidos. Posteriormente, Francia lo condenó a siete por lavado de dinero. En 2007, el país galo pidió su extradición, la cual se llevó a cabo en abril del año pasado.

Pero en Panamá Noriega no descansará. Allí tendrá que pagar por tres crímenes principalmente. El más representativo es el del opositor Hugo Spadafora, que fue encontrado decapitado en septiembre de 1985, luego de haber denunciado las relaciones de Noriega con el narcotráfico. Así mismo, se señaló al exgeneral como responsable de la muerte del mayor Moisés Giroldi Vera, miembro de la Guardia panameña que fue asesinado en 1989 por hacer parte del intento de golpe de Estado en octubre de ese año. El tercer crimen que se le atribuyó es el del sindicalista Heliodoro Portugal, desaparecido en 1970.

El regreso del general ha levantado diversas reacciones en sectores de la sociedad panameña. La Cruzada Civilista, una organización de ciudadanos creada hace 25 años contra Noriega, dice que teme que la justicia del país le dé la casa por cárcel al septuagenario. El movimiento prepara darle la bienvenida con una manifestación de repudio.

Para otros, el regreso de Noriega no tendrá un relevante efecto político. "Noriega no va a tener una repercusión en la opinión pública y en la agenda del país. Lo importante acá es que fueron 21 años de dictadura (con Torrijos y luego Noriega), y que llevamos también 21 años de democracia. Su llegada nos ayuda a recordar a las nuevas generaciones lo que perdimos en ese entonces (libertad de prensa, muertes) y lo que ganamos después", dijo a SEMANA el analista político panameño Edwin Cabrera. Marco Gandásegui, sociólogo de la Universidad de Panamá, coincide con él: "Noriega no es un tema político. Más bien es un recuerdo de la maquinaria represiva que dirigió durante varios lustros".

Por eso, para muchos lo que queda de Noriega no es sino la imagen de un anciano exdictadorzuelo que produce lástima. La prueba es que muchos solo lo recuerdan porque le gustaba llevar calzoncillos rojos, les tuvo miedo a unas canciones de rock y por su apodo, que no refleja la gloria que alguna vez ostentó. Con su regreso se sabrá si el poder que tenía Carepiña aún hace temblar la memoria de Panamá. n?
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