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| 9/29/2017 12:11:00 PM

“Es muy difícil dejar de fumar”

El cardiólogo Jorge Mor cuenta porqué es mejor que los pacientes fumadores en riesgo de infarto se pasen a los cigarrillos electrónicos.

La enfermedad que más muerte causa en el mundo es la aterosclerosis crónica,  el acúmulo de grasa en las paredes de las arterias del corazón. Para que esto se dé, sin embargo, tiene que haber un daño en un órgano conocido como endotelio, que recubre todos los vasos sanguíneos del organismo. Uno de los grandes culpables de su deterioro es el cigarrillo. Por eso, aunque en la enfermedad coronaria también incide la diabetes y la hipertensión, el impacto del cigarrillo es muy alto. Y lo es además porque en prevención primaria y secundaria se lograrían muchas cosas si las personas dejaran de fumar. Se calcula que si un fumador apaga el cigarrillo hoy  al cabo de cuatro años de no fumar dejaría de tener el tabaquismo como riesgo cardiovascular. Además es prevenible, es decir, la gente podría dejar de fumar si quisiera, pero muchos no lo logran porque se trata de una adicción.

Recientemente se han visto alternativas que provienen de la misma industria tabacalera, que ha investigado otras formas de generar el placer de fumar sin generar tantos daños. Una de esas herramientas son los cigarrillos electrónicos que contienen nicotina más no los cientos de químicos dañinos del tabaco convencional. Estos productos, al parecer son una estrategia mejor para dejar de fumar o al menos para que el daño no sea tan grande. Para conocer más sobre el tema SEMANA.COM habló con el cardiólogo Jorge Mor, jefe de la sección de cardiología intervencionista de la Fundación Santa fe de Bogotá.

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SEMANA: ¿Por qué el cigarrillo es malo para el corazón?

Jorge Mor: Estos productos de combustión dañan un órgano que se llama endotelio, que recubre todos los vasos sanguíneos del organismo. Para que haya aterosclerosis coronaria tiene que haber un daño en el endotelio y a veces el factor desencadenante al inicio de la enfermedad es el cigarrillo. Es prevenible. Si logramos que un fumador deje de fumar sería un gran avance en salud pública en el mundo.

SEMANA: Si eso es tan claro, ¿por qué la gente no deja de fumar?

J.M.: Porque el tabaquismo es una adicción. La nicotina es una sustancia tremendamente adictiva entonces se debe tratar multidisciplinariamente, como con otras adicciones, por ejemplo, la cocaína o las drogas sintéticas. El cardiólogo o el neumólogo tienen que decirle que deje el cigarrillo pero si la persona ya es fumadora pesada (media cajetilla al día en adelante) y lo suspende de un día para otro, va a hacer un síndrome de privación muy importante y eso es lo que se le debe ayudar a manejar.

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SEMANA: ¿Cómo debe ser esa ayuda?

J.M.: Debe incluir apoyo psicológico y darle a conocer todas las alternativas que tiene a la mano para brindarle la nicotina sin las otras sustancias dañinas. Eso incluye chicles, parches  y vapeadores o cigarrillos electrónicos y que pueda escoger la que mejor se adapte a él. El cigarrillo electrónico tiene la ventaja de que las dosis de nicotina son graduables y la idea es que la vayan disminuyendo en el tiempo para que al final puedan suspenderlo. Así se tratan las adicciones.

SEMANA: Pero en Colombia no se ha visto mucho interés por parte de las autoridades por este tipo de estrategias…

J.M.: Como médico  con  22 años de experiencia en cardiología pienso que para el fumador de verdad, el que llamamos adicto, es muy difícil dejar de fumar. Entonces uno tiene que echarle mano a lo que pueda para ayudarlo a dejar de fumar. Si una persona se infarta y es fumador y deja de fumar reduce 50 por ciento la posibilidad de volverse a infartar y disminuye en 25 por ciento la probabilidad de morirse.

SEMANA: ¿Entonces, se podría decir que estos fumadores están solos?

J.M.: Yo creo que sí. Como médicos nos contentamos con decirles ‘dejen de fumar’ pero no entendemos que ese paso va a ser difícil. Se dice que en Estados Unidos y Europa el 70 por ciento de los fumadores quiere dejar el cigarrillo pero solo el 50 por ciento hace un intento. De esos,  7 por ciento lo logran. Muy poquitos. En una base de datos europea llamada Euroaspire, en la que le hacen seguimiento año a año a todos los pacientes con infarto, se observó que solamente han dejado de fumar el 40 por ciento. El  60 por ciento, es decir aquellos que ya estuvieron cerca a morirse, no lo han dejado. Algo estamos haciendo mal.

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SEMANA: Se escucha decir que estos dispositivos posiblemente pueden incitar a fumar a quienes no fuman, especialmente a los jóvenes. Esa podría ser un arma de doble filo…

J.M.: Es una pregunta que surge porque puede ser un fenómeno de moda y siempre al final la moda termina generando presión social en los jóvenes. Entonces puede suceder. Pero hay 3 millones de usuarios de cigarrillo electrónico en Gran Bretaña, y de esos, 2 por ciento son personas que empezaron con el cigarrillo electrónico; los demás son fumadores  que dejaron de fumar o que son duales fuman el de combustión y el electrónico.  El cigarrillo electrónico les permite reducir el consumo de cigarrillos de combustión. La gran mayoría son personas que vienen del cigarrillo de combustión. Lo ideal es que las autoridades lo aprueben y estimulen su uso para dejar de fumar, no para lo demás.

SEMANA: Si su hijo de 16 años le dijera voy a fumar, ¿le daría la opción del cigarrillo electrónico?

J.M.: Lo ideal sería ninguno, pero si no hay opción yo preferiría que fuera el electrónico

SEMANA: ¿Por qué?

J.M. El año pasado el Royal College of Physicians del Reino Unido, una entidad independiente, concluyó  que el cigarrillo electrónico es 95 por ciento más seguro para la salud del ser humano que el tabaco de combustión. No es 100 por ciento seguro pero si 95 por ciento. Si se lograra disminuir el número de fumadores con el cigarrillo electrónico sería de gran impacto para la salud pública mundial.

SEMANA: De los factores de riesgo para enfermedad cardiovascular, ¿el cigarrillo es el más difícil de controlar?

J.M.: Yo creo que todos. Cuando uno revisa la base de datos de Euroaspire  se da cuenta de que más o menos la mitad de las metas no se cumplen: la de tensión arterial, la de triglicéridos, la de glucemia, el ejercicio, la del cigarrillo. En esto depende mucho que la persona tome la decisión. Muchos dejan de fumar en la cama del  hospital, pero cuando se sienten bien y que ya están al otro lado, hay recaída. Uno debe prever que va a haberlas. Lo otro es el ejercicio lo ideal sería controlar todas las metas pero eso no es fácil. 

SEMANA: Qué hacer ante este panorama?

J.M.: Hay que aprovechar este día, el 29 de septiembre, que es el día mundial del corazón,  para llamar la atención a la comunidad en general y a los médicos y a los pacientes paciente sobre la importancia de la prevención porque el corazón sigue matando mucha gente. En Colombia tenemos más de 50 mil muertes al año por enfermedad cardiovascular y en Europa la mitad de las muertes en hombres y mujeres de 75 años son de origen cardiovascular.

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