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| 10/5/2016 7:21:00 PM

El drama oculto de los desgarros durante el parto

De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre una y ocho mujeres de cada 100 sufre un desgarro en el parto.

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BBC

Hace seis años que Debbie Armstrong dio a luz a su hijo Kaiden y ya perdió la cuenta de las visitas que ha hecho al hospital desde entonces.

Durante el parto sufrió un desgarro de cuarto grado en el perineo, el área entre la vagina y el ano, el más grave que se puede experimentar. La rasgadura le dañó también el esfínter anal, el músculo que rodea el ano y que controla la actividad de éste. Así que la joven inglesa tuvo que ser sometida a una cirugía de emergencia.

"Se me desgarró todo el tramo desde la vagina al ano y cuando me sometieron a cirugía se dieron cuenta de que también tenía un corte en el intestino", le cuenta al programa de Victoria Derbyshire, un espacio televisivo de la BBC.

Los cirujanos pudieron coserle la herida, pero le quedó un pequeño agujero entre el suelo pélvico y el intestino.

Como consecuencia, hoy tiene una bolsa adherida al estómago. Evacúa sus heces a través de ella y eso tiene un gran impacto en su día a día.

"Todo cambia", reconoce. "Si tengo que salir de casa, llevo siempre una muda de ropa. Y cuando llego a un lugar localizo siempre el baño más cercano".

Por lo complicado que eso le resulta, prefiere minimizar sus salidas. Sin embargo, las consecuencias del desgarro no han sido sólo físicas para Armstrong. También lo son psicológicas.

La relación con el padre de Kaiden se rompió al año del nacimiento y hoy sufre depresión.

"El nivel de confianza en mí misma es muy bajo", explica. "No diría que cambió mi personalidad, pero sí mi autoestima", añade.

"La confianza tiene que ver con vestirte, salir de casa y sentirte bien. Y yo ya no tengo nada de eso".

Las complicaciones

Armstrong no es la única mujer que habla de problemas de autoestima por un desgarro provocado por el parto. Hay quien incluso llegó a dejar el trabajo por ello.

De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre una y ocho mujeres de cada 100 sufre un desgarro perineal de tercer grado (lesión en el esfínter anal) o de cuarto grado (lesión en la mucosa rectal) durante el parto vaginal.

Y estos desgarros son más frecuentes después del parto con fórceps (28%) y la episiotomía media, una incisión que los médicos suelen realizar para ampliar el canal por el que nace el bebé.

Las complicaciones de los desgarros incluyen la incontinencia urinaria y anal,así como las relaciones sexuales dolorosas.

Incluso en los casos más graves, estas lesiones pueden tratarse de forma efectiva con una intervención rápida.

Pero no todas las pacientes se someten a ella y terminan sufriendo las consecuencias del desgarro en silencio, algunas demasiado avergonzadas para pedir ayuda, otras con la duda de si los síntomas que padecen son comunes a todas las que dieron a luz.

Incluso si buscan ayuda profesional, en algunos casos son ignoradas por los médicos, o se les dice que su situación era de esperar y que mejorará con el tiempo.

Es el caso de Jenny, otra británica que le contó a la BBC cómo es vivir con las consecuencias de un desgarro que le lesionó también la vejiga.

"Recuerdo el primer día que salí a pasear con el cochecito del bebé. Caminé 10 minutos y tuve que sentarme en la acera. Me acuerdo que le dije a mi madre que ya no podía andar más", relata.

Los médicos le dijeron que el dolor era normal después de haber tenido un bebé."Todo está en tu cabeza", cuenta que le llegó a decir uno de ellos.

"¿Cómo voy a conseguir ayuda si nadie me cree?", recuerda que pensó.

No tardó en caer en una depresión posparto y empezó a cuestionarse su capacidad de criar a un niño siendo madre soltera.

"Sentía que no me quedaba amor para darle, para hacer de madre", explica.

"Me quedé devastada. El trauma era insoportable".

Jenny reconoce que la experiencia la cambió por completo.

Su hijo vive ahora con el padre.

Prevención y sutura

Ante este tipo de relatos, los profesionales están buscando la manera de reducir la incidencia de los desgarros durante los partos vaginales.

Para retardar el parto y permitir que el perineo se estire lentamente y prevenir así lesiones se utilizan diferentes técnicas.

Las matronas y los asistentes del parto echan mano del el masaje perineal, las compresas calientes y las diferentes técnicas de tratamiento perineal.

También existen en el mercado productos que la mujer debe aplicarse durante unas semanas antes del parto y aumentan la elasticidad del perineo.

Pero los médicos también deberían estar mejor entrenados para reparar desgarros una vez ocurren, cree Adelaide Aduboffour, miembro del Real Colegio de Matronas de Reino Unido.

"Si de 10 mujeres que paren ocho o nueve van a sufrir algún tipo de lesión, entonces se necesita una formación obligatoria en ese sentido", dice la matrona experta en perineo.

Por el momento, ella misma ha empezado a impartir un curso a sutura de perineo a matronas, médicos y estudiantes de medicina. Y espera que algún día el sistema de salud pública lo adopte.

"Si no aprendemos a hacer esto bien (reparar lesiones perineales), afectará a la forma de vida de muchas mujeres, tendrá consecuencias en sus relaciones", insiste.

Para Jenny eso se volvió una realidad.

"He perdido demasiado", le dice a la BBC.

"Y cuesta pensar que si hubiera sabido algo más sobre el parto y me hubieran controlado un poco más, todo sería muy distinto".

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