Domingo, 22 de enero de 2017

| 1989/09/04 00:00

Días felices

Hace veinte años se realizó el Festival de Woodstock. Tres días de "música, paz y amor" que marcaron a la generación de los sesenta.

Días felices

Woodstock, una palabra que hace vibrar a los cuarentones, fue la "cumbre" del movimiento hippie donde estuvieron representadas todas las corrientes del rock. Tres días de música, paz y amor que pasaron a la historia como la expresión máxima de una generación idealista y pacifista, cuyo lenguaje era la música, que amaba a la naturaleza y escandalizaba al mundo practicando el nudismo y fumando marihuana.
Llevaban el pelo largo, preferían hacer el amor a la guerra y tenían prohibido prohibir. Hoy, con menos pelo y más barriga, quienes rondan por los 40, aunque no estuvieron ahí, recuerdan, como si fuera ayer, los tres días de locura colectiva que echaron por tierra todos los esquemas tradicionales y marcaron la década de los sesenta.
En principio se trataba de organizar, en una granja del estado de Nueva York, un festival de música con los ídolos del momento, del 15 al 17 de agosto de 1969. En realidad se realizó en el condado de Betheel, pero se le llamó Woodstock porque se quería así invitar tácitamente a Bob Dylan, quien vivía como recluso en esta localidad. La treta no funcionó. Dylan, antipático como siempre, no hizo su aparición, como tampoco la hicieron algunas de las figuras invitadas. Sin embargo, lo que allí ocurrió marcó el final de una década que fue tan creativa musicalmente como convulsionada. Woodstock fue el punto culminante de diez años que cambiaron al mundo: hubo magnicidios, luchas raciales, Beatles, revuelta en París y guerra de Vietnam. Apenas un mes antes, el hombre había pisado la Luna.
Aunque la importancia de Woodstock como gran suceso sociológico sólo se reconoció después y pasó a la historia envuelto en la leyenda, hay que reconocer varios factores que lo convirtieron en un hecho sin precedentes y en uno de los grandes eventos musicales del siglo. Para empezar, se esperaban 60 mil personas y asistieron 500 mil. Tres días antes de iniciarse el festival, todas las vías de acceso estaban taponadas de vehículos y jóvenes que iban resueltos a disfrutar del concierto bajo el ardiente sol de verano. Agotadas las provisiones y arrasadas las granjas de los alrededores, al momento de iniciarse el festival el área fue declarada por el gobierno de Estados Unidos como "zona de desastre". Fueron tres días de música, amor al aire libre, nudismo, algo de acido y mucho de marihuana, en los que no hubo un acto de violencia y aunque sí muchos "malos viajes", sólo se reportaron dos muertos por sobredosis. "Paz, amor y música" era la consigna y se cumplió con éxito por parte de los asistentes.
A quienes no les fue tan bien fue a los organizadores, quienes perdieron cada centavo de los millones de dólares que habían invertido. Nadie pagó tiquete de entrada ni hubo forma de cobrarlo. No obstante, poco después recuperarían eso y mucho más con las regalías de un álbum de tres discos, un segundo volumen de dos discos -que por ahí guardan celosamente algunos rockeros- y de una película que realizó Michael Waleigh y que algunos califican como un clásico del cine y otros como un extraordinario documental sociológico. El montaje de la cinta de tres horas corrió por cuenta de Martin Scorcese, quien entonces era un principiante en el séptimo arte. Es el testimonio de otra época, cuando aún el rock gozaba de un espíritu libertino y rebelde y aún no había entrado a los estadios convertido en un negocio multimillonario.
Veinte años después, Woodstock sigue siendo el símbolo de una década sicodélica, de un ideal que sigue perteneciendo al mundo de las utopías, y del grito de una juventud contra el reclutamiento y la guerra de Vietnam. Una generación que acuñó la consigna de "No confíes en alguien mayor de 30 años" y que hoy, en sus 40, todavía se estremece con esa música que representa lo que pudo haber sido y no fue. Tres días que no cambiaron al mundo pero si marcaron a una generación.-

AQUI ESTAN, ESTOS SON...
Aunque en Woodstock no estuvieron todos los exponentes de la música de los sesenta, sí muchas de las grandes figuras del rock del momento. Algunos de esos ídolos todavía sobreviven, otros quemaron sus vidas en el LSD.
Jimmy Hendrix: considerado el más grande de los guitarristas contemporáneos, hizo poner la "piel de gallina" al auditorio con su sentida y original versión del himno nacional de Estados Unidos. Su imagen, incendiando la guitarra, es reflejo de una vida eclipsada por su propia leyenda. Falleció víctima de una sobredosis.
Janis Joplin: fue la reina en Woodstock. Ella no sólo llevó el blues blanco al rock, sino que abrió el camino a la mujer en ese reino. Su música, como su vida, fue inmensa, brutal y breve.
Jefferson Airplane: exponente del hippismo californiano, es uno de los pocos grupos sobrevivientes. La voz de Grace Slick, al borde de los 50 años, conserva su magia.
Joan Baez: una de las mejores voces en la historia del pop, la usó en Woodstock como instrumento de protesta. Asistió al festival con siete meses de embarazo e incendió los corazones de los asistentes con sus mensajes de izquierda. Años después se mostraria arrepentida. Sigue vivita y cantando a los 48 años.
Crosby Stills, Nash & Young: excelentes guitarristas y cantantes, su fusión musical fue espectacular. Aunque Woodstock era sólo su segunda presentación, ha sido considerado como el grupo norteamericano de la época. Crosby tuvo serios problemas por la droga pero, posteriormente, se rehabilitó.
John Sebastian: apareció inesperadamente en el festival para cantar el famoso I had a dream. Hoy, a los 45 años, vive en Los Angeles, alejado del mundo musical.
The Who: el grupo estrella del rock inglés aterrizó en Woodstock poco después del éxito de su ópera rock "Tommy". Su guitarrista, Keith Moon -"espero morir antes de viejo"- falleció de una sobredosis hace diez años. Todavía activos, recientemente emprendieron una gira.
Joe Cocker: su potente y cruda voz bluesera hizo impacto con la versión del tema de los Beatles With a little help from my friends. Hoy, casi paralítico, aunque no puede tocar la guitarra, sigue grabando discos. Tiene 45 años.
Santana: hace veinte años era un desconocido que tuvo la osadía de lanzarse con un ritmo que integraba el rock con sonidos latinos y terminó aclamado por la multitud. Convertido en místico, sigue siendo un maestro.
Canned Heat: esta banda de country rock con algo de blues fue opacada por los Chamber Brothers que abrieron el concierto haciendo que los asistentes abuchearan a los rock-blueseros blancos.
Richie Havens: guitarrista y vocalista de gran personalidad, tuvo su gran momento en Woodstock. Nunca fue muy comercial.
Country Joe and The Fish: críticos del mundo, su Fell-like l'm-fixing-to-die-rag fue uno de los grandes himnos sobre Vietnam. Loco, medio suicida y muy exitoso, Country Joe Mc Donald está, a los 47 años, retirado de la música.
Sly and The Family Stone: extraordinarios en la onda del soulfunk, su éxito I want to take you higher fue el punto culminante en los tres días de paz, amor y música.
Mountain: grupo formado poco antes de Woodstock, a pesar de sus integrantes -Leslie West, Feliz Papalardi, Steve Knight y Corky Laine- no llegó muy lejos.
Melanie: acompañando su voz con la guitarra, Melanie Safka continúa a los 42 años en la onda de las canciones con mensaje y de protesta.
Arlo Guthrie: el hijo del gran folclorista Woody Guthrie ha sido un crítico, con humor, de la sociedad. Su Alice's Restaurant fue convertido en una película. Todavía hace música, aunque sin llegar a las listas.
Ten Years After: representantes del blues británico, con Alvin Lee a la cabeza.
Shu-Nu-Na: de las tabernas de Nueva York llegaron a Woodstock como grandes deconocidos que revivian a los clásicos de los cincuenta. Se robaron el showsin embargo, a mediados de los setenta desaparecieron de la escena.
Butterfield Blues Band: Peter Butterfield fue el genio de la armónica en el blues blanco. Luego de su presentación en Woodstock el grupo sobrevivió tres años. Peter falleció hace dos.

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