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| 1/30/2005 12:00:00 AM

Diferentes e inteligentes

El presidente de Harvard tenía razón: los cerebros de hombres y mujeres son distintos, pero su error -como el de muchos- fue creer que la diferencia beneficia a los hombres.

LAWRENCE Summers, presidente de la Universidad de Harvard, afirmó hace un par de semanas que ciertas diferencias innatas entre hombres y mujeres explicaban por qué muy pocas de ellas eran exitosas en campos como la ciencia y las matemáticas. El escándalo que generaron sus palabras fue de tal magnitud, que muchos no se atrevieron a pensar si había alguna base científica en sus declaraciones, por temor a ser linchados por las feministas. Pero hoy, cuando la noticia del desafortunado comentario se ha calmado, la pregunta sigue vigente. ¿Es posible que el cerebro de los hombres y las mujeres sea diferente y determine ciertas habilidades para los géneros? ¿Ha logrado la ciencia establecer que existe algún impedimento intrínseco en la estructura cerebral que les impida a las mujeres llegar alto en las áreas de ciencias y matemáticas?

Algunos estudios parecen darle en parte la razón a Summers, pues sí hay diferencias entre el cerebro de una mujer y el de un hombre. Y estas discrepancias van desde la manera como cada uno resuelve problemas, se interesa por ciertos temas y se comporta de cierta manera hasta cómo lo afectan en forma diferente las enfermedades.

No obstante, y contestando la segunda inquietud, estas diferencias no implican en uno y otro sexo un mayor coeficiente intelectual o competencia en determinadas áreas.

La estructura del cerebro es similar en los dos sexos. Pero debido a que las mujeres son en promedio más pequeñas que los hombres, algunos neurocientíficos aseguran que el cerebro de ella es de menor tamaño, aunque esta fluctuación no se traduce en una mayor ventaja cognitiva para ninguno de los dos. Hay indicios de que las mujeres tienen mayor materia gris, aquella región del cerebro que permite el pensamiento, mientras que el hombre tiene más materia blanca, el tejido entre las neuronas. Pero al fin de cuentas todo parece indicar que es "lo cognitivo lo que cuenta, no la materia gris que hace el acto cognitivo", dice Nancy Kanwisher, profesora de neurociencia del Instituto Tecnológico de Massachusets (MIT).

Las diferencias se encuentran en los patrones de habilidad, lo cual indica que hombres y mujeres tendrían fortalezas intelectuales variadas, pero esas diferencias entre un género y otro no son mayores a las que se encuentran en la población en general. Es lo que Jaime Parra, director de la maestría de educación de la Universidad Javeriana, llama perfiles neurocognitivos. "Uno puede encontrar en los dos géneros grandes músicos y grandes matemáticos, ambos se distinguen por sus perfiles neurocognitivos pero no por su capacidad intelectiva general. Somos diferentes pero no mejores", dice.

Los estudios han encontrado por lo menos 100 diferencias. Los hombres, dicen algunos, son mejores para resolver ciertas tareas espaciales y salen mejor librados en exámenes de razonamiento, así como en los que deben encontrar la salida dentro de un laberinto. Las mujeres se han destacado en pruebas que miden la recordación de palabras y en exámenes en los que se les pide encontrar vocablos que empiecen con una letra específica. Del mismo modo son mejores que los hombres para ciertas tareas manuales y para identificar objetos en forma rápida.

Turhan Canli, sicólogo de la Universidad de Stanford, realizó recientemente un estudio entre 12 hombres y 12 mujeres con el cual mostró que ellas emplean diferentes redes cerebrales que los hombres en exámenes de memoria. El sexo femenino tiene mayor habilidad para recordar las emociones con mejor precisión que los hombres. Otros trabajos realizados entre hombres y mujeres con igual coeficiente intelectual concluyó que ambos usan diferentes regiones de sus materias gris y blanca para resolver los problemas que se plantean en los test de inteligencia.

En algunos estudios, las habilidades matemáticas parecen favorecer a los hombres. En exámenes como el SAT, el equivalente al Icfes en Estados Unidos, los hombres superan a las mujeres en 30 puntos. En Colombia estos datos no se conocen pues el Icfes, entidad que tiene a su cargo la prueba de Estado, no establece los resultados por género para evitar herir susceptibilidades.

¿Qué podría marcar la diferencia? Según Doreen Kimura, sicóloga de la Universidad Simon Fraser, las hormonas. Al parecer, estos químicos determinan desde muy temprano, en el útero, no sólo un aparato reproductivo para cada sexo sino una organización distinta del cerebro, dependiendo del género. En experimentos con roedores a los que se les alteraba al momento del nacimiento su carga hormonal, ya fuera extirpando los testículos -en el caso de los machos- o inyectándoles andrógenos -en el de las hembras-, se observó que ambos empezaban a exhibir comportamientos menos típicos de su género: los machos no montaban a las ratas sino que por el contrario, arqueaban su espalda, como lo hacen las hembras en señal de disposición para el acto sexual. Algo similar sucedió con las roedoras en el experimento. La influencia de las hormonas en las primeras etapas de la vida es tan crucial, que las niñas que han sido expuestas a grandes cantidades de andrógenos y desarrollan características físicas masculinas, aun cuando se les corrige el problema al nacer, mantienen los intereses de los hombres. Kimura relata que al observar a las pequeñas durante el juego se constató que aquellas afectadas con el problema hormonal preferían los carros a las muñecas.

Pero otros trabajos científicos han encontrado más similitudesque diferencias entre las habilidades de niños y niñas, lo cual demuestra que no hay nada definitivo en el tema y que el asunto es más complejo de lo que parece. Una evaluación internacional hecha en 2003 por un organismo de cooperación económica entre 250.000 niños de 41 países encontró que a los jóvenes les fue mejor en el área de matemáticas, pero sólo en la mitad de los países. Además, los puntajes variaban dependiendo de la subcategoría de matemática que se tratara y de la nación. Así, las japonesas estuvieron a la par con los japoneses en este campo y fueron mejores que muchos hombres de otros países, incluyendo a los de Estados Unidos.

Esto demuestra que hay un componente cultural en el desarrollo de estas habilidades. Un estudio hecho en la fundación Alberto Merani, que trabaja con niños de inteligencia excepcional, quería saber por qué había más hombres que mujeres en su plantel. La respuesta fue simple: porque máspadres llevan a sus hijos hombres a ser analizados. "Hay una tendencia marcadísima entre los adultos a creer que los niños pueden ser más inteligentes que las niñas", dice Miguel de Zubiría, uno de los fundadores del Instituto. Otro estudio hecho en 1983 por Michelle Paludi entre 360 hombres y mujeres buscaba que los participantes calificaran trabajos de matemáticas. Se observó que los hombres les daban un punto más alto en la escala de uno a cinco a trabajos cuyo autor era un hombre. Según C. Megan Urry, profesora de física y astronomía de la Universidad de Yale, el prejuicio contra las mujeres todavía persiste. "Las mujeres tienen menos entrevistas de trabajo. En audiciones ciegas para orquestas se ha logrado aumentar el número de mujeres aceptadas", dijo a SEMANA la experta.

Para Miguel de Zubiría, la razón por la cual algunas investigaciones hablan de mejor desempeño en matemáticas podría yacer en la forma como se educa y el tipo de examen que se practica. "El Icfes anterior, por ejemplo, era favorable a los hombres; el de ahora los favorece a ambos". En los últimos cuatro años, los primeros puntajes del examen han sido para colegios mixtos. Además de que los estudios no muestran diferencias concluyentes, De Zubiría explica que cuando se encuentran diferencias, estas pueden mejorarse si se da una intervención oportuna en el colegio.

Lo cierto es que aún no es clara la relación entre cerebro y cognición como para hacer deducciones acerca de diferencias en la estructura de cerebro y las habilidades cognitivas de los sexos. Así las cosas, cualquiera, hombre o mujer, puede seguir sus intereses y desarrollarse en su carrera hasta llegar a la excelencia. El mayor obstáculo para lograr esa meta no está en el cerebro sino en los prejuicios externos y las limitaciones que impone la sociedad.
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