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| 10/19/2013 3:00:00 AM

Scott Adams: Perder es ganar un poco

En medio de la idea de excelencia y triunfo que predomina hoy, el caricaturista Scott Adams cuenta que falló en casi todo antes de crear a Dilbert. Fracasar, dice, es la materia prima del éxito.

En la década de los años noventa, cuando la Selección Colombia perdía, su técnico Francisco Maturana filosofaba frente a la derrota con frases como “perder es ganar un poco”. Por supuesto, los hinchas odiaban ese tipo de reflexiones. En una sociedad que no quiere oír de fracasos y considera que lo mejor es triunfar sin tropiezos sus palabras generaban rechazo. 

Pero todo parece apuntar a que el entrenador tenía algo de razón. Scott Adams, el célebre padre de la tira cómica Dilbert, en cuyo libro Cómo fallar en casi en todo y aún ganar revela todos los desatinos que tuvo antes de ser famoso. Aun más, acepta que solo ha tenido éxito en eso. En otras palabras el triunfo es posible aunque alguien sea un perdedor 95 por ciento de las veces. “Pero con una sola cosa que funcione es suficiente”.  

El truco está en intentarlo una y otra vez hasta ganar. Por eso en su lista de fiascos hay programas de computación, guías de meditación e inventos como una bolsa con velcro que se adhería a la pantaloneta de los tenistas. También pensó triunfar con servicios, como la Webvan, un carro para entregar el mercado que la gente pedía por internet. 

Además de esto, tomó decisiones erradas, como rechazar ser el asistente de un vicepresidente de banco solo porque no le gustaba su estilo brusco. El directivo contrató a un compañero de Adams que después de unos años se convirtió en el vicepresidente más joven del campo financiero en Estados Unidos. 

Aunque podría parecer vergonzoso aceptarlo, Adams cree que cada uno de estos chascos le ayudó a desarrollar nuevas habilidades, a ganar experiencia y a conocer gente, y todo esto se tradujo en lecciones de vida que luego aplicaría para desarrollar a Dilbert. 

Antes de enfocarse en la importancia del fracaso, que es el tema de su libro, aconseja hacer caso omiso a todo lo que se ha recomendado hasta hoy para tener éxito. Seguir la pasión, tal vez el mensaje más trillado, es la primera. Es una trampa porque la pasión no es racional. 

Recuerda que uno de sus primeros jefes en la división de préstamos de un banco le aconsejó no prestar plata a personas con proyectos basados en una pasión sino a los que trajeran una idea respaldada con números, aunque fuese aburrida. Con el tiempo, Adams le dio la razón. Explica que alguien puede tener la pasión de coleccionar peluches pero lo más probable es que eso no lo vuelva rico. 

“Y cuando se dé cuenta de eso su pasión por el tema disminuirá. Mientras que si tengo un buen plan de negocios, en la medida en que vaya ganando voy a desarrollar pasión por esa idea”, dice. 

Más importante que la pasión es tener mucha energía, un elemento que funciona como un protector de caídas. Es necesaria no solo para intentar hacer varias cosas sino para hacerlas bien.
  
Tampoco cree que sea suficiente establecer metas, sino tener un sistema. “Si alguien tiene por objetivo bajar diez kilos, una vez lo logra tendrá que volver a establecer una meta para motivarse. En cambio, cuando se desarrolla un sistema para comer bien es probable que llegue a metas mucho más lejanas”, explica. Su sistema siempre consistió en desarrollar algo que el público quisiera y reproducirlo en grandes cantidades. La serie de fracasos anteriores a Dilbert ayudó a alimentar ese sistema. 

Y mientras el fracaso es lo peor para muchos, para Adams ha sido “la materia prima del éxito”. No es que sea masoquista. Admite que lo ideal es tener triunfos sin tropiezos pero en la vida real estos casos son poco frecuentes y la mayoría de personajes exitosos bregan mucho antes de sacar la pelota del estadio. Lo que pasa es que nadie habla de ello. “las historias de fracaso son tabú porque la gente teme perder la financiación del proyecto siguiente”, señala David Simm, consultor en liderazgo. 

Es posible que Adams simplemente sea un optimista, lo interesante es que ve el fracaso como una herramienta y no como un resultado. Una manera de poner el fracaso a trabajar a favor “es verlo como una situación que da experiencia, conocimiento y energía”.

Adams es consciente de que un gran porcentaje del éxito está relacionado con la suerte, y como esta variable es difícil de controlar, su estrategia es poner las apuestas a favor. “En un casino si uno juega mucho, pierde; pero en la vida real las cosas funcionan al revés: mientras más apueste más oportunidades hay de ganar”, explica. 

El lado positivo del fracaso no es una tendencia exclusiva en los negocios. En las aulas de clase se ve un interés cada vez mayor entre los profesores por enseñarles a sus alumnos que fracasar es normal. En algunos colegios estadounidenses que buscan la excelencia académica, han encontrado que tener agallas, sabiduría y autocontrol, entre otros valores, es importante. “Pero todas ellas se aprenden cuando se atraviesa por el fracaso”, dice Paul Tough, autor del libro The success equation. La cuestión, entonces, se ha desplazado a cómo aprender de la adversidad.  

En las empresas, los psicólogos también están inculcando la idea de fracaso entre los empleados. “La gente está entrenada para callar cuando algo sale mal. El reto es que los gerentes envíen el mensaje opuesto”, dice Max McKeown, autor del libro The truth of Innovation. 

Algunas empresas, como el  banco holandés ABN AMRO, cuentan con estrategias como el Instituto de los Fracasos Brillantes, cuyo objetivo es cambiar la idea negativa que se tiene de errar.  La farmacéutica Eli Lily hace ‘fiestas del fracaso’ para divulgar los datos de moléculas que no funcionan en sus laboratorios. Deben ser muchas pues se calcula que el 90 por ciento de las posibles drogas nunca llegan a ser aprobadas. 

Aún en la exploración científica, el fracaso debe ser un aliado porque ayuda a dar perspectiva. El oceanógrafo Robert Ballard, quien descubrió el lugar donde reposa el Titanic, considera que el éxito no puede existir sin el fracaso. “Demasiado lleva a que la confianza se desborde. Y cuando la gente cree que se las sabe todas es cuando está en más riesgo de equivocarse”, dijo a la revista National Geographic. 

La historia tiene muchos ejemplos de personajes exitosos que perseveraron a pesar de las caídas. Thomas Alva Edison, inventor del fonógrafo y del bombillo, registró bajo su nombre más de 1.900 patentes en Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia y Alemania, muchas de las cuales nunca se desarrollaron. Henry Ford, Walt Disney y Milton Hershey tienen en común haber triunfado luego de una bancarrota. 

Tal vez por eso Scott Adams considera que el caricaturista Jack Cassady le dio el mejor consejo que ha recibido. “No  se dé por vencido”, le dijo cuando Adams le insinuó que quería incursionar en su campo. Adams envió sus dibujos a The New Yorker y Playboy, pero fue rechazado sin contemplaciones. A pesar del fracaso, se sentía bien porque al menos lo había intentado. 

Un año más tarde Cassady volvió a llamarlo para saber si no había claudicado. “Y sí lo había hecho, pero gracias a la llamada decidí ampliar el número de lugares que me rechazarían”. Esta vez la suerte estuvo de su lado pues una mujer que vio los dibujos quedó fascinada con Dilbert debido a que se parecía a su esposo, no solo en su físico sino en su personalidad. 

Desde ahí todo ha sido éxito rotundo. Aún más, Adams revela que su libro está en la lista de más vendidos en la categoría de guía profesional y motivación. “Eso debería preocuparles a ustedes”, dice.

Aprenda de los errores

1. No se frustre: los eventos externos no pueden acabar con su valía personal.

2. Responsabilícese: analice qué cosas hizo mal y acéptelas en lugar de echarle la culpa a otros.

3. El fracaso es pasajero: no crea que las derrotas son personales. Si lo pone en perspectiva será más fácil levantarse de esa caída.

4. Siga intentando: muy pocos tienen éxitos sin fracasos. La mayoría ha fallado antes de lograr que algún proyecto funcione. Es importante aprender de los errores pero una vez incorpore las enseñanzas olvídese del fracaso.
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