Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

Ventana Modal

Este contenido se reemplaza via ajax por el del html externo.

×

×

| 4/4/2009 12:00:00 AM

Dilema masculino

Dos estudios mostraron que el tamizaje para cáncer de próstata no reduce la mortalidad y lleva a tratamientos innecesarios. Pero para algunos expertos sigue siendo necesario.

Desde que

fue introducida en 1987, la prueba específica de antígeno prostático (PSA, por sus siglas en inglés) ha desatado una polémica en el mundo científico, que siempre se ha preguntado sobre la conveniencia o no de practicarla en mayores de 50 años. Para resolver la duda, a finales de los 90 se iniciaron dos estudios amplios y rigurosos, uno europeo y otro estadounidense, diseñados para determinar si esta prueba de sangre ayudaba a reducir la muerte por esta enfermedad.

Y luego de una larga espera, la semana pasada quienes estaban aguardando quedaron desilusionados con los resultados preliminares de ambos trabajos en la revista New England Journal of Medicine: los investigadores concluyeron que esta prueba salva pocas vidas al tiempo que somete a muchos pacientes a tratamientos innecesarios, con efectos secundarios que afectan su calidad de vida, como la incontinencia urinaria y la disfunción eréctil.

El trabajo de Estados Unidos abarcó más de 70.000 hombres entre 35 y 74 años que fueron separados en dos grupos. El primero recibía la prueba de PSA cada año, así como una de tacto rectal, mientras que el otro grupo no. Luego de 10 años, el índice de muertes por cáncer de próstata fue muy bajo y no hubo diferencias significativas entre uno y otro grupo. El de los europeos fue hecho con 182.000 hombres entre 50 y 74 años. En este caso, al primer grupo se le practicó la prueba de antígeno prostático una vez cada cuatro años, mientras que al grupo control no. El resultado mostró que el riesgo de muerte en los hombres tamizados fue 20 por ciento menor que los que no se sometieron a la prueba. "Pero ese beneficio viene con el costo de un gran número de diagnósticos y tratamientos innecesarios", escribió el médico Michael Berry, en la revista. Esto quiere decir, que por cada hombre al que se le salvó la vida hubo otros 48 a los que se les practicó un tratamiento agresivo sin necesitarlo. "En el mejor de los casos, el tamizaje con la prueba PSA tiene un efecto modesto en la mortalidad", agregó Berry.

Esto significa que luego de 20 años, el debate sigue sin resolverse. "La espera se acabó, el día ha llegado y hoy yo no sé si tenemos más claridad acerca de si el tamizaje para cáncer de próstata funciona", escribió en su blog el doctor Len Lichtenfeld, secretario médico de la Sociedad Americana de Cáncer.

Algunos, como el urólogo Felipe Gómez, ven con preocupación que estos resultados puedan llevar a que los hombres que hoy hacen un seguimiento a este problema dejen de hacerse estas pruebas que, hay que aclarar, son efectivas. El problema es otro. "Sí descubren el cáncer de próstata, pero ese conocimiento no se traduce en vidas salvadas", explica Dana Jennings, un editor del New York Times que escribe todas las semanas acerca de lo que es vivir con un cáncer de próstata avanzado.



Una decisión difícil

Esto es lo que sucede. El examen de antígeno prostático no es una prueba para encontrar cáncer. Según Gómez, director del centro de urología de la Fundación Santa Fe, lo que este examen indica es si el nivel en la sangre de una proteína específica de la próstata está elevado. De ser así, enciende las alarmas sobre muchas enfermedades, entre ellas el cáncer. Por eso ante un antígeno elevado se requiere una biopsia para determinar si se trata de un tumor. Y en este punto médicos y pacientes se enfrentan a un nuevo dilema debido a que hay diferentes tipos de cáncer de próstata: unos son malignos pero de muy lento crecimiento y probablemente nunca le van a causar la muerte a ese paciente, mientras que otros pueden progresar y matar al paciente por metástasis, aun si se detectan en su fase temprana. El problema es que los expertos todavía no cuentan con herramientas para diferenciarlos y por ello muchos son tratados de manera agresiva, con cirugía o con radiación, sin saber si su tumor era del tipo lento que no lo mataría o del letal.

A diferencia de otros tumores que sólo dejan la opción de extirparlos, los hombres tienen varias posibilidades cuando aparece uno en la próstata: la primera es observarse, lo que significa no hacer ningún tratamiento sino seguir de cerca al tumor con este tipo de exámenes y biopsias para ver cómo evoluciona. Las otras dos opciones implican hacer algo, ya sea cirugía o radiación.

Esa elección debe hacerse de acuerdo con el médico y con toda la información posible. "Lo que sucede es que los pacientes a quienes se les dice que tienen cáncer casi siempre prefieren quitárselo, porque no quieren vivir con un tumor en su cuerpo", dice Gómez.

Algunos expertos piensan que los resultados de la semana pasada son contundentes, y que antes de realizar este tipo de pruebas se debería informar a los pacientes sobre los riesgos que implican. La discusión debería cambiar, pues "ya no dependemos de modelos, ni de análisis abstractos. Esto es el mundo real y tenemos datos concretos", sentenció en el New York Times David F. Ransohoff, un epidemiólogo oncólogo de la Universidad de Carolina del Norte. Otro colega, Gilbert Welch, experto en tamizaje de cáncer de Dartmouth, manifestó que era una pena no haber tenido estos resultados hace 20 años, pues muchos hombres se han visto afectados por estos exámenes.

Otros, sin embargo, consideran que el debate no está cerrado pues los estudios tienen limitaciones. En el de Estados Unidos, por ejemplo, cerca de la mitad de los pacientes en el grupo control que no debían recibir este test, fueron tamizados ya fuera porque buscaron la prueba o porque sus médicos particulares se las ofrecieron. "De manera que se estaba estudiando el grupo de tamizaje versus el de semitamizaje", dice Judd Moul, director del centro de próstata de la Universidad de Duke. La otra preocupación es que los estudios aún no han terminado, y dado que el cáncer de próstata puede desarrollarse lentamente "es posible que en los próximos años los índices de mortalidad cambien y ello tenga consecuencias significativas en los resultados de hoy, que aún son preliminares", explica Gómez.



Su propio juez

Ante este panorama, ¿qué debe hacer un hombre? Moul dice que no quisiera que el mundo regresara a cuando no existía este examen, cuando a la mayoría de los hombres se les diagnosticaba la enfermedad en estado avanzado y ya era muy difícil de tratar, pues había metástasis en los huesos y otros órganos, lo que hacía esta condición muy dolorosa y costosa. Lo mismo opina Gómez. "Es posible que uno de cada seis se haya tratado innecesariamente pero cinco pacientes de ellos sí necesitaban eventualmente este tratamiento". De otra forma la enfermedad los hubiera consumido hasta morirse de una manera dolorosa y rápida (dos años). Gómez considera que en este tema hay todavía mucho mito debido a la falta de información. La técnica se ha perfeccionado, señala, y en una cirugía actual el riesgo de quedar incontinente es de apenas el 5 por ciento, y ocho de cada diez conservan su potencia sexual. En contraste, la calidad de vida de un enfermo de cáncer de próstata avanzado es terrible. Otros creen que los pacientes tratados innecesariamente quedan con síntomas, dolor y sangrado al defecar, además de la incontinencia y la impotencia, lo cual hace que el sacrificio sea enorme.

Por lo tanto, los expertos han optado por dejar las recomendaciones como antes (ver recuadro). Según Lichtenfeld, los estudios no arrojaron las respuestas que los médicos esperaban y cada uno con su paciente deberá ser el propio juez de lo que se debe hacer para detectar a tiempo el cáncer de próstata. n
¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.

EDICIÓN 1855

PORTADA

Exclusivo: la verdadera historia de la colombiana capturada en Suiza por ser de Isis

La joven de 23 años es hoy acusada de ser parte de una célula que del Estado Islámico, la organización terrorista que ha perpetrado los peores y más sangrientos ataques en territorio europeo. Su novio la habría metido en ese mundo.