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| 6/4/2011 12:00:00 AM

Dinero amargo

Contrario a lo que se cree, quienes ganan una fortuna de la noche a la mañana no se sienten felices, sino deprimidos, ansiosos y paranoicos. Expertos explican en qué consiste el síndrome de la riqueza súbita.

Todo el mundo sueña con recibir una herencia, ganarse una lotería o aumentar su sueldo para solucionar los problemas de su vida. Paradójicamente, todo incremento sorpresivo de ingresos puede generar una condición muy particular conocida como síndrome de riqueza súbita, que se manifiesta con depresión, ansiedad, paranoia y, lo más grave, puede llevar a que la persona lo pierda todo tan rápido como llegó. En 12 años de asesoría con nuevos ricos, Steven Danish, psicólogo de la Universidad de Virginia, asegura que no ha conocido a un individuo que esté totalmente feliz con su recién adquirida situación de abundancia económica. Lo normal es que después de la euforia inicial, surjan los sentimientos de culpa y una sensación de estrés que llega de tener que manejar de la noche a la mañana ese cambio drástico. "Una ganancia inesperada cambia los parámetros de cómo vive la persona" -señala Dennis Pearne, autor del libro The Challenges of Wealth­-. Cambia lo que puede hacer, lo que ya no tiene que hacer, dónde vivir, cuándo viajar, todos cambios muy rápidos que pueden ser abrumadores".

El tema hoy ha cobrado relevancia ante la sospecha de que la entrada a la bolsa de LinkedIn y eventualmente la de otras redes sociales como Facebook, Groupon y Zynga va a ser una nueva fuente de millonarios en el mundo. De hecho, Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, en cuestión de ocho horas logró amasar 1.700 millones de dólares. Pero la riqueza súbita puede atacar a cualquiera y en cualquier momento. Según los expertos, el síndrome no solo afecta a quienes se ganan una buena suma con la lotería, sino que todos aquellos que reciben un monto superior a seis meses de sus ingresos regulares "van a experimentar sentimientos asociados con dinero súbito", dice Keith Whitaker, presidente del Wise Counsel Reaserch en Boston, que ofrece asesoría a la personas sobre cómo adaptarse a su nuevo estatus de millonario. Una bonificación, un predio que se valorizó, una herencia, un seguro de vida, la venta de una propiedad e incluso la corrupción crean nuevos ricos con más frecuencia de la que se cree.

Es cierto que la fuente de riqueza súbita afecta los síntomas de los receptores del dinero. Hay evidencia científica de que los ganadores de lotería, por ejemplo, se sienten más infelices luego de dos años de haber recibido la plata de lo que estaban antes de adivinar el número ganador, y otros estudios han concluido que los parapléjicos tienen niveles de felicidad por encima de quienes han ganado loterías. Esto sucede porque son más propensos a gastar la plata impulsivamente que aquellos que la han trabajado, pues no han tenido un vínculo previo con ese dinero. Los que lo heredan, por el contrario, pueden salir mejor librados con su nueva fortuna, pero solo si han sido bien preparados para recibirla algún día. En algunos casos no lo están, porque sus padres no les informan de su riqueza ni los educaron para administrarla y sufren una experiencia negativa cuando heredan.

En efecto, la mayoría de casos de millonarios instantáneos fallidos se debe, según Whitaker, a que están poco preparados para administrar el dinero e incurren en mayores gastos y deudas de las que pueden pagar. Según un estudio del Departamento de Investigación de Patrimonio Consulting Services, una firma colombiana que asesora en temas de finanzas personales, el 97 por ciento de las personas en el país no tiene objetivos financieros definidos, por lo tanto, cuando les llega un chorro de dinero inesperado, quedan aún más perdidos. "Vienen de estar en un mar de necesidades, de pasar el mes a mes raspando, sacando de donde no hay para las vacaciones a recibir una suma considerablemente superior, y eso tiene un impacto psicológico enorme", señalan los investigadores en el informe. Este grupo llama al síndrome 'plata de pobre', porque los 'expobres' la invierten sin pensar a largo plazo. "Supongamos que alguien recibe 300 millones. Gasta 100 en una camioneta, otros 100 en un viaje por el mundo y el resto se lo regalan a sus familiares. Ahí se fue la fortuna", señalan los expertos. Los nuevos ricos, además, tienden a cambiar de barrio, con lo cual pierden el contacto con su red social de familiares y amigos. Al mismo tiempo, no logran encajar en el círculo del nuevo peldaño social que acaban de escalar, lo que los hace más infelices.

En general, la riqueza súbita viene acompañada de una sensación de incredulidad, y es por eso que algunos siguen como si el dinero no existiera, pasando penas y viviendo mal. También hay culpa y algunos creen que los herederos de grandes fortunas la sienten más porque ese dinero no es producto del sudor de sus frentes. "En general, sienten que no merecen la plata y por eso la botan en objetos o la donan a amigos y conocidos en una espiral que yo llamo filantropía consumista", dice Whitaker. Así mismo, el dinero súbito genera la sensación de no tener un rumbo o vivir sin propósito, puesto que la primera reacción de muchos es abandonar el trabajo sin darse cuenta de que este les daba sentido a sus vidas. La paranoia se da porque muchos creen que todos están detrás de su fortuna o porque piensan que la van a perder.

Quienes se convierten en millonarios por la bolsa no están mejor librados. Dave Kansas, reportero de The Wall Street Journal, dejó su trabajo en 1999 para fundar theStreet.com, un sitio web que el primer día en la bolsa ya valía 1.400 millones de dólares y que dejó a Kansas con una participación de diez millones. "Mucho dinero, sobre todo para un periodista", relató la semana pasada en el diario neoyorquino. La vida de Kansas cambió de inmediato: más cenas afuera, más viajes, más filantropía y un apartamento en Manhattan. A diferencia de sus socios, él no vendió sus acciones y, en 2001, cuando la burbuja de las punto com explotó, se encontró con que la acción valía solo un dólar, por lo que tuvo que decirle adiós a su holgado estilo de vida. Hoy, de vuelta en el diario, confiesa que no tiene quejas, aunque sí extraña su apartamento. "Uno de los grandes retos con la riqueza súbita es cómo la gente alrededor responde a eso y está más interesada en hablarte por el dinero, y eso lo deben estar sintiendo hoy los dueños de LinkedIn", dice.

El consejo para la gente que se hace rica de la noche a la mañana en la bolsa es pensar que si no es dinero efectivo aún, lo mejor es no gastarlo, pues las acciones fluctúan y solo cuando se venden se sabe cuál es su verdadero valor. Pero la recomendación más importante, y esta es para todos los nuevos ricos, es hacer un alto en el camino. Whitaker aconseja parar durante seis meses o un año no solo para educarse, sino para dejar que los sentimientos afloren y se puedan adaptar a las nuevas circunstancias sin tener presión de que hay que invertir. Expertos de la firma Patrimonio Consulting Services coinciden con él y consideran que ese tiempo sirve para pensar en un proyecto de vida que le permita luego diseñar un plan financiero acorde. Otros recomiendan no hacer nuevos amigos en un año ni prestarles plata, aunque va a haber una avalancha de gente sobre ellos para invitarlos a hacer nuevas inversiones. Whitaker, quien no comparte esta recomendación, señala que la gente debe conocer a otros que han tenido un caso similar para aprender de su experiencia.

En general, hay que ser paciente, cauteloso y resistir las acciones impulsivas hacia el gasto, para poder crear un plan a largo plazo, y asesorarse de gente competente en el tema financiero. Pues casos de famosos deportistas cuya fortuna se perdió tan rápido como llegó abundan. "El problema es que le confían a amigos sus ganancias mientras se concentran en sus carreras, y al final resulta que sus administradores no eran tan rectos o no sabían del tema". Ser rico de repente no llega con felicidad absoluta, sino con una mezcla de emociones negativas que pueden hacer la vida miserable. Aún así, muchos quisieran sufrir de esa enfermedad.
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