Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/09/02 00:00

Dios está en el cerebro

Recientes investigaciones muestran qué pasa en el cerebro durante las experiencias religiosas. ¿Puede la ciencia probar o negar la existencia de Dios?

Dios está en el cerebro

Que la ciencia no crea en Dios no quiere decir que no le interese. Llámese religión, espiritualidad o mística, la experiencia de lo divino es una dimensión fundamental que se encuentra en todas las culturas a lo largo de la historia y a lo ancho del planeta. Y desde hace muy poco la ciencia está en capacidad de rastrearla, ya no en las Escrituras o los Evangelios, sino en una fuente más cercana de lo que se cree: el cerebro.

La semana pasada la revista Neuroscience Letters publicó la más reciente investigación al respecto. La realizó Mario Beauregard, de la Universidad de Montreal, y en ella encontró que las experiencias místicas de unión con Dios no provienen de un punto específico en el cerebro -como algunos creían hasta ahora-, sino que en ellas intervienen varias regiones y sistemas neuronales. Su estudio culmina cerca de dos años de investigación en los cerebros de 15 monjas carmelitas de clausura, por medio de electrodos en su cuero cabelludo.

La idea era detectar qué sucede durante la experiencia que las carmelitas llaman Unio Mystica, o la sensación de unión con Dios. El problema es que las monjas no podían reproducirla exactamente, pues sólo les ocurre una o acaso dos veces en la vida y además, según dicen, Dios no se muestra según la voluntad de los hombres. Sin embargo, por experimentos neurológicos con actores, Beauregard sabía que cuando se recuerda una experiencia emocional intensa, se activan las mismas redes cerebrales que cuando se tiene efectivamente esa experiencia. De modo que se basó en esta evidencia para llevar a cabo su estudio y les pidió a las religiosas que recordaran lo más detalladamente posible el momento en que tuvieron esa experiencia, mientras registraba su actividad cerebral con imágenes de resonancia magnética (FMRI).

Lo que encontró fue que el recuerdo de las monjas activó más de una docena de áreas del cerebro al mismo tiempo. Entre ellas está el núcleo caudado, que está relacionado con emociones positivas como la felicidad y el amor romántico y maternal. También se activaron áreas que se asocian con las sensaciones placenteras que generan ciertos olores, sabores o la música. Y especialmente se detectó actividad en un área de la región parietal que genera cambios en la manera como se experimenta el cuerpo, y que se asocia a la impresión de que 'algo' más grande 'absorbe' a quien tiene la experiencia.

En busca de Dios

La neurociencia espiritual, a la que algunos llaman también neuroteología, es un campo de investigación que nació a comienzos de esta década y que, palabras más, palabras menos, explora las bases neuronales de las experiencias espirituales. Todo empezó con las investigaciones del profesor Michael Persinger, de la Universidad Laurentiana de Sudbury (Canadá). Persinger observó que muchos pacientes que sufrían de epilepsia del lóbulo temporal (es decir, que producen una actividad eléctrica anormal en esa parte del cerebro) también tenían a menudo experiencias e incluso alucinaciones religiosas.

En un primer estudio en este campo se les mostró a dos grupos de personas (uno de ellos con epilepsia del lóbulo temporal) una lista de palabras que incluían términos alusivos al sexo, palabras neutras y palabras relacionadas con la religión o la espiritualidad. El efecto de las distintas palabras se midió con una prueba que detecta la respuesta del sudor en la piel. Mientras el grupo de control se mostró más emocionado con las palabras referentes al sexo, los que sufrían la epilepsia generaron una fuerte respuesta a las palabras alusivas a la religión, y las palabras sexuales fueron incluso menos emocionantes para ellos que las neutras.

Si los lóbulos temporales del cerebro, que se encuentran cerca de las orejas, estaban efectivamente relacionados con el sentimiento religioso, Persinger se preguntó qué sucedería al estimularlos artificialmente en personas sin epilepsia. De modo que diseñó lo que llama 'el casco de Dios', un casco de motocicleta equipado con alambres y dispositivos que generan un campo magnético en los lóbulos temporales de quien lo usa. Tras probar el aparato en más de 900 personas, su hallazgo fue sorprendente: el 80 por ciento reportó que 'sintieron una presencia', como si alguien los acompañara en el cuarto vacío cuando el casco estaba en funcionamiento. La conclusión: las experiencias religiosas se producen por la actividad de las neuronas y los químicos cerebrales, y las distintas personas nombran esa 'presencia sentida' según les hayan enseñado en su cultura: Jesús, Alá, la Virgen María, etc.

Andrew Newberg, de la Universidad de Pennsylvania, también es conocido en este campo de investigación por haber escaneado los cerebros de monjes budistas y franciscanos en estados profundos de meditación y oración. Newberg registró un cambio en la actividad del lóbulo parietal, justo cuando sus voluntarios reportaban una fuerte sensación de interconexión de todas las cosas y un abandono del ego o del yo individual. "El lóbulo parietal es muy importante para la orientación en el espacio porque le permite al individuo un sistema de coordenadas tridimensionales en la cabeza", explicó a SEMANA Alejandro Múnera, neurofisiólogo de la Universidad Nacional. En otras palabras, esta zona procesa la información sobre el espacio y la ubicación del cuerpo, es decir, dónde termina éste y empieza el exterior. Newberg encontró que en estos estados se altera el esquema corporal y esto puede explicar la sensación que en muchas religiones se describe como el 'fundirse en un océano infinito', la insignificancia de la persona o la unión con Dios. De nuevo, estos descubrimientos apuntaban a una base neurológica para lo que las religiones tratan de generar.

¿Hechos para creer?

La pregunta es: ¿pueden estas investigaciones probar o negar la existencia de Dios? Para muchos creyentes, estas investigaciones demuestran que el hecho de que los humanos sean capaces de estas 'configuraciones mentales' es una prueba de que Dios existe. La razón es que él habría diseñado el cerebro humano como una antena capaz de percibirlo. Sería la huella de la divinidad en la mente. Sin embargo, muchos científicos dan una explicación desde el punto de vista de la evolución. El profesor británico y reconocido ateo Richard Dawkins propone que la gente religiosa tiene más probabilidades de sobrevivir que los que no lo son, pues hay evidencia que demuestra que tienen vidas más largas y saludables. "La religión facilita la adaptación del individuo, porque se ha demostrado que las personas religiosas estimulan las regiones afectivas y emocionales y generan un estado de relajación y bienestar", explicó el neurólogo Roberto Amador a SEMANA.

Los neurofisiólogos tienen claro que las investigaciones no pueden ni demostrar ni negar la existencia de Dios. "Eso es indemostrable y no es un problema para la ciencia. Ella es capaz de explicar cómo el cerebro es capaz de generar una experiencia mística, pero no puede ir más allá", afirma Múnera. Si algo demuestra el estudio de Beauregard es que las experiencias místicas son mucho más complejas de lo que se creía. Existen, sí, pero qué interpretación se les dé es un problema que escapa a la ciencia y entra en el campo de la cultura. En últimas Dios (o la experiencia de lo divino) es el mismo para todos. Lo que cambia es el nombre.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.