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| 3/24/2012 12:00:00 AM

Divorciarse a los 60

Cada vez más los mayores dan por terminado su matrimonio. <br><br> El fenómeno es mundial y ya empieza a tocar puertas en Colombia.

SEBASTIÁN TODAVÍA no se recupera de la noticia. Y eso que no se trata de un niño tímido ni de un adolescente rebelde. Es un hombre de 35 años, pero eso no le ha evitado el sufrimiento de enfrentar, junto con sus hermanos, algo que nunca se hubieran imaginado a estas alturas de la vida: la ruptura del matrimonio de sus papás, ya jubilados, que llevaban 40 años casados.

La mayoría considera que un matrimonio de tanto tiempo está vacunado contra el divorcio. En un lapso así se supone que la pareja ya ha superado todas las pruebas de fuego, desde aceptar las diferencias del otro hasta sacar adelante a los hijos. Pero todo parece indicar que los casados no están blindados contra el fracaso a ninguna edad.

Sebastián piensa que a sus papás les pasó lo de muchas parejas que se dedican a criar hijos pero, cuando estos crecen y se van 'del nido', se dan cuenta de que tienen muy poco en común. A pesar de que ya es un hombre hecho y derecho, admite que esta situación no deja de ser dolorosa y complicada porque "cada uno de mis papás quiere que tome partido en sus diferencias". Pero la real preocupación es cómo va a vivir cada uno la vejez en soledad si no llegan a encontrar una nueva pareja. "Los hijos nos tendremos que hacer cargo de ellos", dice con preocupación.

A este fenómeno se le conoce como divorcio tardío y lo viven los países occidentales, aunque con diferente intensidad. En España, las separaciones en la frontera de los 60 años se han multiplicado por cinco; en Italia, el número de parejas mayores de 55 que se divorcia aumentó 3 por ciento entre 2000 y 2004; en Inglaterra, los índices de matrimonios que fracasan han caído en todas las edades, excepto entre los sesentones, y en Estados Unidos el divorcio en los mayores alcanzó una cifra récord. En 1990 solo una de cada diez personas que se divorció tenía 50 años y en 2009 era una de cada cuatro, según un informe reciente titulado The Grey Divorce Revolution, que será publicado en la revista The Gerontologist.

Los expertos consultados opinan que, si bien en Colombia los divorcios a una edad avanzada no son tan frecuentes, sí se están presentando más que antes. Según Álvaro Pinilla, abogado de familia, el valor que se le da a la familia es una de las razones por las cuales las cifras de divorcio en la tercera edad no son tan altas como en otros países industrializados. "La vejez en soledad aún se ve escalofriante, no hay cultura del ancianato y los viejos todavía convocan en las familias colombianas. Por eso, a pesar del desgaste, muchos permanecen casados", dice Pinilla. No obstante, señala que el caso más típico de divorcio a esta edad en Colombia sigue siendo el del hombre maduro que deja a su mujer, con frecuencia, por una más joven. Y entre los que se separan, según López, un porcentaje alto vuelve porque "después de probar afuera confirman el viejo adagio de que es 'mejor malo conocido que bueno por conocer'".

Se ha dicho que el culpable es el Viagra, que les dio a los hombres posibilidades de tener una vida sexual activa incluso en la ancianidad. Pero en realidad el fenómeno es mucho más complejo. La crisis de la tercera edad es un tsunami porque coincide con la partida de los hijos, la jubilación y la llegada de la vejez, todo lo cual hace que la gente se replantee su vida. Un matrimonio desgastado tiene grandes riesgos de no resistir ese sacudón.

También ha incidido que actualmente la gente vive más tiempo y con mejor calidad, por lo que a los 50 "algunos piensan que tienen toda una vida por delante y no quieren pasar 20 o 30 años más en una relación de pareja que no les aporta", dice la psicóloga Nelly Rojas. O también puede ocurrir lo contrario: "que piensen que quedan pocos años y se vuelva importante invertir bien lo que les queda de vida", añade la psicóloga María Elena López. A esto se le suma que hoy se exalta más la juventud. "La resistencia de hombres y mujeres a aceptar la vejez incluye al matrimonio al que, como también envejece, lo cambiamos por más emoción y cosas nuevas", dice.

Para otros el fenómeno responde a un cambio cultural liderado por los baby boomers, aquellos nacidos después de la Segunda Guerra Mundial, una generación que se diferencia de las anteriores por su deseo de auto realizarse. "Si bien antes había un sentido del deber más rígido, hoy prima el individualismo y la gente siente que tiene derecho a separarse si no se siente a gusto", señala Álvaro Sierra, experto en el tema.

Susan Brown, autora del estudio citado, señala que el matrimonio ha tenido tres fases en el último siglo. En la institucional, antes de ese conflicto global, era visto como una unión económica. Luego, a mitad de siglo, comenzó a verse como compañía. Una relación matrimonial exitosa era aquella en la que había una repartición de roles y cada uno lo cumplía a cabalidad. En los años setenta, la generación de la posguerra inició la fase individualista, que se basa en las relaciones para alcanzar necesidades personales. En esa lógica, quienes hoy están entre los 55 y 65 años, que representan dignamente a la 'generación yo', no tienen conflicto con la idea del divorcio, como las generaciones anteriores, si algo no funciona. Un ejemplo es el que da Nelly Rojas de una pareja conformada por una mujer de 65, con muchos achaques físicos, y un hombre de 70 con una vitalidad impresionante. Aunque cualquiera pensaría que parte del objetivo de un matrimonio es cuidarse en la vejez, "el hombre la deja y se consigue una mujer más joven que pueda acompañarlo en esta fase".

Para muchos de estos viejos esta separación no es la primera y haber estado casado antes dobla el riesgo de divorcio entre los 50 y 64 años. Brown explica que cuando una pareja se divorcia entre los 30 y 40 años y se vuelve a casar, para cuando tenga 50 el matrimonio va a ser joven y, por consiguiente, más propenso al fracaso.



Los retos

Pepper Schwartz, socióloga de la Universidad de Washington, en Seattle, asegura que tener los hijos grandes facilita las cosas. "El proceso es más civilizado porque no hay que pelear por la custodia". Pero, aun así, no está exenta de retos. "El divorcio es costoso porque reduce el patrimonio y aumenta los gastos de las personas", dice Bradford Wilcox, director del National Marriage Project. "Además, las dificultades sobre las fiestas, las vacaciones y nuevos compañeros románticos empiezan a surgir", agrega.

La repartición del patrimonio puede ser compleja, según dice Álvaro Pinilla, debido a que se cruza con el elemento emocional, porque lo que se divide es la casa donde ambos criaron a los niños o la finca que construyeron juntos. Y en un país con la inseguridad social de Colombia, donde cada vez se requiere trabajar más tiempo y se reciben pensiones muy bajas, el divorcio a esta edad, dice Pinilla, puede ser "repartir pobreza". Incluso a esa edad hasta quién se queda con cuáles amigos es complicado.

Muchas mujeres que han sido dependientes no se separan por este motivo y prefieren vivir las apariencias, aunque por dentro la convivencia sea difícil. Es más frecuente el divorcio entre viejos que tienen solvencia económica y pueden vivir holgadamente sin el otro.

Aunque ningún psicólogo recomienda una vida en pareja miserable, la mayoría piensa que, como la vejez es un momento muy vulnerable de la vida, hay que tener en cuenta que las posibilidades de recuperarse económicamente son limitadas, como también lo es volver a comenzar una nueva relación sentimental. Pero, como lo dice María Elena López, "también puede ser un tiempo para desplegar otras facetas de la vida que el matrimonio no permitió". n
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