Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1992/12/28 00:00

DIVORCIO A LA VISTA

Más que una opcian para las nuevas parejas, la ley que reglamenta el divorcio es la solución para miles de colombianos separados.

DIVORCIO A LA VISTA

Divorcio a la vista
POCAS VECES UNA LEY HABIA GENErado tanta controversia y, sobre todo, tanta expectativa. Más que una posibilidad para el futuro, el divorcio es una solución para un problema social apremiante en Colombia, donde el 23 por ciento de los matrimonios estan separados de hecho, y la mayoría de los cónyuges ha contraído nuevamente matrimonio en el extranjero o ha optado por la unión libre sin que el nuevo vínculo tenga válidez ante el Estado. Los prohlemas que este limbo jurídico plantea son muchos y, por eso, más de seis millones de colombianos acahan de ver una luz al final del tunel con la reglamentación y la entrada en vigencia de la ley de divorcio.
A pesar de las reticencias que la Iglesia católica ha demostrado en el transcurso del debate, finalmente después de mucho tire y afloje, la ley de divorcios se ha convertido en una respuesta que el Estado estaba en mora de dar a los miles de colombianos que sufren de irregularidades en su estado civil. Más del 90 por ciento de los separados viven en "unión libre", y cerca de un seis por ciento ha recurrido al matrimonio en el exterior, pero el manido recurso de la unión en Panamá está viciado de nulidad, y a la hora de establecer los derechos y obligaciones, los cónyuges no tienen cómo reclamar. Por eso, no resulta exagerado afirmar que más que una avalancha de nuevas separaciones, lo que la ley de divorcio va a producir es una enorme cantidad de matrimonios.

LA TAN ESPERADA SOLUCION
Desde hace más de 15 años, cuando se reglamentó el divorcio para el matrimonio civil, millones de colombianos han estado a la espera de que suceda lo mismo con la unión cató1ica. Esta primera ley no afectó en nada, a la gran mayoría de los colombianos, quienes en un 90 por ciento han preferido casarse por lo católico. En ese caso, cuando los matrimonios fracasaban, no existían sino dos alternativas: la sola separación de cuerpos o la anulación del matrimonio. Sin embargo son muchos los inconvenientes que se presentan en amhos casos. La anulación sólo se aplica si puede probarse que existe un vicio de nulidad en el momento de contraer nupcias y no es válida para los contratiempos que surjan durante la convivencia. Y en el caso de la separación de cuerpos, aunque la figura suspende la vida en común y disuelve la sociedad conyugal, deja intacto el vínculo, así como los deberes de los conyuges y les impide volverse a casar.
Es justamente esta incompatihilidad de las leyes con la situación del país la que había llevado a los colomhianos a optar por las uniones de hecho. Y mientras la gran mayoría de separados que se han vuelto a casar puede ser acusada de vivir en adulterio, a otro tanto puede achacarsele una flagrante e ilegal bigamia. Aunque, a todas luces, una solución para los sepabrados era un asunto inaplazable, fue necesario esperar hasta que se convocara a la Asamblea Nacional Constituyente para poder suspender los efectos civibles del matrimonio católico y para que, finalmente, quienes se habían casado por la Iglesia y habían fracasado en su matrimonio, pudieran rehacer su vida. Sin embargo, a pesar de que la ley había sido preparada y presentada hace algo más de un año, no había sido reglamentada. Algunos tribunales ya habían emitido unos cuantos fallos de divorcio, pero la Corte Suprema de Justicia declaró la imposihilidad de dar curso a las demandas de divorcio mientras la ley no fuera reglamentada.
Sin embargo, para quienes esperan que entre en plena vigencia la ley de divorcio, ya es cuestión de días. No sólo la ley pasó ya todas las etapas para su aprohación, sino que la reforma del Concordato con la Santa Sede, que era uno de los principales lios jurídicos para que entrara en vigor, ya fue suscrita.
Hoy en día lo único que esperan muchos de los colomhianos que por fuerza se han visto obligados a recurrir al concubinato, es la firma del presidente Gaviria.
La nueva ley tendrá plenos efectos sohre todos los matrimonios celebrados conforme a las reglas de cualquier religión que haya suscrito un convenio con el Estado, antes o después de la promulgación. Y si bien para la Iglesia el contrato del matrimonio no lo disuelve sino la muerte, una cosa es la obligación moral de quienes profesan la fe católica, y otra muy distinta es su situación jurídica ante el Estado. Aunque de ninguna manera el divorcio anula el vínculo sacramental, si los cónyuges lo desean podrán volver a casarse por lo civil.

LAS CAUSALES
La ley de divorcio es similar en muchos aspectos a la Ley Primera del 76, que establecía el divorcio en el caso del matrimonio civil.
Sin embargo, se trata de una ampliación de esta norma, con no pocas innovaciones.
Para entablar un juicio de divorcio, según la nueva ley, la pareja o el cónyuge que decida presentar la demanda deberá alegar una de las nueve causales que han sido establecidas.
La duración del proceso y su nivel de complicación dependen en gran parte de cual sea el motivo que la pareja alegue para obtener el divorcio.
La más polémica de todas las causales, que suscitó agrios debates en donde participaron la Iglesia católica, el Gobierno y diferentes estamentos de la sociedad, trata del mutuo consentimiento. Esta causal, a ojos de algunos analistas, va en contravía del principio de la familia como nucleo básico de la sociedad. Lo cierto es que de una ausencia total de posibilidades de disolver el vínculo, se ha pasado al extremo contrario, que consiste en estimular que es suficiente con que las partes esten de acuerdo en disolverlo. Este es sin duda un gran paso, que no se ha producido sin reticencias por parte de los más conservadores. Sea como fuere, se trata indudablemente del modo menos traumático y menos complejo de entablar una demanda. Si se aplica el mutuo consentimiento, basta con que las dos partes esten de acuerdo sobre las obligaciones alimentarias entre cónyuges y de cada uno de ellos para con los hijos, que establezcan un régimen de visitas y el estado de la sociedad conyugal.
El paso siguiente consiste en que el o los apoderados de ambas partes entablen la demanda, los cónyuges se presenten a una audiencia para ratificar su voluntad de divorciarse y, finalmente, que el juez dicte sentencia. Aunque resulte difícil establecer el tiempo necesario para que se lleve cabo el pocedimiento, sin duda el mutuo consentimiento será uno de los más rápidos ya que no sólo parte del principio de que existe entendimiento entre las partes, sino que además durante el proceso no se debe probar cosa alguna.
Otro de los procedimientos ágiles y poco traumáticos para obtener el divorcio, es la separación de cuerpos por un período mayor a dos años. Aunque se trata de un recurso bastante usual en Colombia, en su modalidad anterior la separación de cuerpos era simplemente una autorización para vivir separados que se oficiaba ante un juez o un notario. Gracias a la nueva ley, se puede alegar una separación de hecho es decir que la situación no debe constar ante juez ni ante notario y puede ser probada gracias a testimonios. Como resultado de dos años sin cohabitar, la pareja puede entablar una demanda de divorcio. Si el juez lo concede, se pondrá fín al vínculo y a los deberes de los cónyuges, y las partes cambiarán de estado civil.
Otra de las causales que podrán alegar las parejas interesadas en divorciarse es la existencia de relaciones sexuales extramatrimoniales. La ley estipula que para poder alegar infidelidad, ninguna de las partes debe haber perdonado, facilitado o consentido la relación adultera.
Sin duda se trata de uno de los procedimientos más complejos, pues para obtener el divorcio por este medio deberán aportarse pruebas difíciles y hasta dolorosas de obtener. Por otro lado, el juicio y las audiencias pueden ser un proceso tormentoso, pues se involucran detalles poco gratos para la pareja.
Las otras causales de divorcio se relacionan con el incumplimiento grave de las obligaciones mutuas y para con los hijos, los ultrajes, el trato cruel y el maltrato, la embriaguez habitual, el uso habitual de alucinógenos sin prescripción médica, una enfermedad o anormalidad grave incurable que imposibilite la comunidad matrimonial y ponga en peligro la salud moral o física del cónyuge, y, finalmente, alguna conducta que tienda a pervertir o corromper al cónyuge, los descendientes o personas que vivan bajo el mismo techo. En estos casos, la demanda de divorcio sólo podrá ser entablada por el cónyuge que no haya dado lugar a los hechos que lo motivan, inmediatamente después de los hechos o a más tardar dos años después de que se hayan producido, segun a que causal se recurra. Sin embargo, se trata en casi todos los casos, de procesos lentos, y con toda seguridad llevarán cerca de un año hasta que se resuelvan.
Todo parece indicar que aquellos que han esperado durante largos años para poder legalizar su situación y la de sus descendientes, podrán pronto poner fin a las irregularidades de estado civil. Es de esperarse que mientras los millones de colombianos que deben resolver el limbo jurídico en el que viven acuden a los 21 juzgados de familia, el proceso puede resultar lento, dependiendo de la eficacia y rápidez de cada dependencia. Queda esperar que la nueva ley no de pie para que los matrimonios jóvenes desistan de la vida en común, sino, como lo demuestran los más recientes estudios, que aquellos que contemplan la posibilidad de separarse revaluen el costo emocional de deshacer un hogar. -

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