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| 2/6/2017 6:08:00 PM

Los mitos sobre la donación de órganos

Entró en vigor la ley que convirtió a todos los colombianos en potenciales donadores de órganos. Pero aún muchas personas tienen falsas creencias sobre el tema. Semana.com habló con expertos para desvirtuarlas.

El país presenta uno de los índices de donación más bajos del mundo y más de 2.000 pacientes están en la lista de espera. Este déficit de oferta se debe en parte al tabú que el envuelve el tema debido a desconocimiento y desinformación, que desestimulan este acto que puede salvar miles de vidas. Según datos del Instituto Nacional de Salud (INS), por lo menos 55 personas se pueden beneficiar con los tejidos de un sólo donante. “En el país el 10 % de las personas se mueren en listas de espera”, afirma Gilberto Mejía, director del área de trasplantes de la Fundación CardioInfantil.

En Colombia, el órgano más necesitado es el riñón, seguido del hígado y el corazón. Otros trasplantes que se hacen con frecuencia son el de páncreas e intestino, aunque también se donan tejidos como huesos, piel, córneas, cartílagos y membranas. El país cuenta con 8,2 donantes por cada millón de habitantes, una cifra que debería aumentar con la nueva ley. Estos son algunos de los mitos.

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1. Se va a traficar con los órganos donados: En Colombia está penalizada esta práctica, que es voluntaria y que no se puede dar a cambio de remuneración. Además, hacer un trasplante es un proceso delicado, pues la preservación del órgano es fundamental para que pueda ser utilizado. “Hay muchas variables por las que estas historias no tienen ningún tipo de soporte médico. Hay que saber el grupo sanguíneo de la persona y el peso y realizar exámenes especiales para evitar el rechazo en el receptor”, asegura Mejía. El INS es el encargado de gestionar, regularizar y registrar la donación de órganos en el país.

2. Los donantes quedan desfigurados después del procedimiento: Quienes realizan estos procedimientos son profesionales que harán la intervención con el mayor cuidado. Mejía explica que los cuerpos se devuelven vestidos y preparados de tal forma que se evita que las cicatrices sean visibles.

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3. Los enfermos no pueden donar: Los médicos determinan si la persona es apta para convertirse en donante. Por lo general, cuando alguien ha sufrido una enfermedad y se cura, puede donar. Lo mismo sucede si ha tenido enfermedades que no representan mayor problema Por otro lado, es común que se crea que las personas de avanzada edad no pueden donar, pero no es cierto, todos son potenciales donadores.

4. Estoy obligado a donar: Lo que la ley busca es aumentar el número de donantes potenciales para mitigar la crisis en esta materia. Sin embargo, si la persona expresa en vida su deseo de no donar sus órganos, podrá ser excluida de la norma. El representante a la Cámara y autor del proyecto, Rodrigo Lara Restrepo, ha asegurado que “con la entrada en vigencia de esta ley, se abre 40 % más de posibilidades de salvar vidas por cuenta de estos procesos.

5. Los ricos tienen más privilegios en las listas de espera: Las listas de espera se organizan teniendo en cuenta la compatibilidad del donante y el paciente, así como la urgencia con la que se necesita hacer el procedimiento. No es cierto que se le dé privilegio a cierto grupo de personas, pues por ley nadie puede tener consideraciones especiales. Para que los extranjeros puedan recibir un trasplante en el país tienen que vivir en Colombia, contar con cédula de extranjería y esperar su turno, como cualquier ciudadano. No es cierto que existan mafias que quitan los órganos a las personas para venderlos a extranjeros.

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6. Todos los donantes deben estar muertos: No es un imperativo. Personas vivas también pueden donar partes de su cuerpo y es una práctica que se realiza sólo en pacientes que sean familiares de quien necesita el trasplante. “Siempre se busca proteger al donante. A lo largo de los años y a diferencia de lo que se cree, se ha reducido el índice de complicaciones para el donante”, asegura Mejía. Se estima que el 80 % de los donantes vivos vuelven a ser socialmente productivos luego de superar el año de la intervención quirúrgica.

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