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| 9/17/2011 12:00:00 AM

Dos estudios para, sencillamente, saber la verdad

Recientes investigaciones hacen énfasis en las las reacciones físicas y fisiológicas de las personas cuando dicen mentiras, o buscan de manera artificial impedir que mientan.

La capacidad del ser humano para mentir acompaña su capacidad de comunicarse. Si lo anterior es cierto, hemos dicho mentiras, por lo menos, desde que aprendimos a hablar. Es allí  donde hemos tratado de identificar las mentiras y para eso hemos inventado diversidad de procedimientos, unos más sofisticados que otros.
 
De la tortura, la magia y la amenaza hemos pasado a sofisticados sistemas de detección de mentiras como el popular polígrafo, resonancias magnéticas, cronometraje cognitivo, y el uso del controversial electroencefalograma para determinar la veracidad de la información que alberga el cerebro de una persona. Aún más controversiales y menos efectivas son las 'drogas de la verdad' como el tiopentato de sodio.
 
Todos estos métodos han sido sometidos a estrictas pruebas por quienes quieren comprobar su ineficiencia e insuficiencia científica. Prácticas que en algunos casos han originado demandas por parte de las compañías fabricantes de detectores.
 
Pero los estudios se siguen abriendo paso y recientemente se conocieron dos nuevas propuestas que aumentan el escepticismo de unos y las expectativas de otros sobre este tipo de tecnologías.
 
La cámara facial
 
Es un sofisticado sistema de computador que al conectarse a una simple video cámara puede medir el flujo sanguíneo de la cara. Estudia, verifica y compara los gestos involuntarios e inconscientes que revelan nuestras emociones. Fue revelado el 13 de septiembre en el Festival Británico de Ciencia.
 
“El sistema discrimina con éxito entre verdad y mentira en dos ocasiones de cada tres”, dijo el director de la investigación, el profesor Hassan Ugail de la Universidad de Bradford en Inglaterra.
 
Tal y como lo popularizo la exitosa serie Lie to Me, los seres humanos revelamos información involuntariamente con el movimiento de los ojos, dilatación de la pupilas, movimiento de los labios y de la nariz, con la respiración , al pasar saliva, al parpadear o al mover la cabeza.
 
Estas acciones y muchas otras, menos visibles, son las que estudiaron en profundidad los investigadores de la universidades de Bradford y de Aberystwth para programar el software que procesa las imágenes de la cámara.
 
Para algunos, el estudio de los gestos y el comportamiento humano no necesitaba de una maquina tan avanzada. El aporte fundamental de esta tecnología, que aún no tiene nombre, es el sensor térmico que mide el flujo sanguíneo de las venas de la cara. Este flujo, es muy difícil de controlar y puede traicionar al mejor mentiroso.
 
El trono que ostenta el polígrafo en varias estaciones de policía y juzgados del mundo podría ser desbancado por este sistema de pasar futuras pruebas y demostrar que es confiable.
 
Primero, por la traba que le pone a los expertos en engañar a los detectores y, segundo, porque es un sistema mucho menos invasivo que no será blanco de las fuertes críticas que ha recibido el polígrafo por cuenta de los cables que tiene que ser adheridos al cuerpo de quienes se les practica la prueba.
 
“En una situación de alto estrés, es posible que tengamos una tasa mucho más alta de precisión”, dijo el profesor Ugail, quien cree que puede alcanzar la de un polígrafo que es del 90 por ciento.
 

 
Estimulación magnética cerebral
 
Este sistema no identifica cuando un sujeto dice mentiras, lo que intenta hacer es volver a las personas más honestas. Se basa en entorpecer la corteza dorsolateral prefrontal ubicada exactamente detrás de la frente. A esta parte del cerebro se le ha atribuido la responsabilidad del pensamiento complejo y la toma de decisiones.
 
Según el estudio de los estonios Inga Karton y Talis Bachmann publicado en Behavioural Brain Research, se puede reducir la facilidad con la que una persona miente al languidecerle la corteza dorsolateral prefrontal con unos imanes. El procedimiento es externo y se conoce con el nombre Estimulación Magnética Transcranial (EMT).
 
Fue necesario conseguir un grupo de 16 personas dispuestas a que les debilitaran con EMT la parte frontal del cerebro. A ocho de los voluntarios les estimularon el lado derecho y a la otra mitad el lado izquierdo. Luego les mostraron círculos rojos y azules y les pidieron que dijeran aleatoriamente verdad o mentira sobre el color que estaban viendo.
 
Al comparar los resultados de los dos grupos de voluntarios, se pudo identificar claramente que a los que se les estimuló el lado derecho mintieron muchas más veces que a los que se les estimuló el lado izquierdo.
 
El experimento es muy llamativo y abre un nuevo camino de investigación en el tema de aprehender a los mentirosos. Desde una perspectiva ética, el primero es una solución para no violar la integridad de los sometidos. Mientras que el segundo levanta varias dudas sobre la utilización de tecnología médica en fines policiales.
 
“No es antiético utilizar la tecnología médica en otros campos, siempre y cuando se garantice la salud de las personas. Considero que si hay técnicas más benignas y menos invasivas no se debe utilazar estimulación magnética transcranial con ese fin." señaló Pablo Lorenzana, neurocirujano colombiano.
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